09 junio 2003

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Lengua viperina

polemicaDewi Sukarno, viuda del ex presidente indonesio Achmed Sukarno, es la estrella de los 'talk show' japoneses gracias a sus explosivas declaraciones sobre política, sexo y religión.

Lengua viperina. Dewi Sukarno ha protagonizado escándalos en lugares públicos en su afán por llamar la atención. Dicen que cuando fue jurado del concurso Miss Internacional en 1999 descalificó a la candidata de Filipinas  -?una de las favoritas? porque  no le gustaban las personas de ese país

Dewi Sukarno ha protagonizado escándalos en lugares públicos en su afán por llamar la atención. Dicen que cuando fue jurado del concurso Miss Internacional en 1999 descalificó a la candidata de Filipinas -?una de las favoritas? porque no le gustaban las personas de ese país

Las esposas de los líderes políticos suelen ser mujeres reservadas que prefieren mantener a toda costa un bajo perfil ante los medios de comunicación. Este, sin embargo, no es el caso de Dewi Sukarno, viuda del ex presidente de Indonesia Achmed Sukarno, quien desde hace varios meses es la reina de l
os talk show de Japón.

Dewi, quien ha sido comparada con Jacqueline Kennedy e Imelda Marcos por su exuberante y derrochador estilo de vida, no tiene pelos en la lengua y cada vez que puede se va lanza en ristre contra cuanto político, actor o celebridad se le cruza en el camino. La diplomacia, como ella misma reconoce, no es su fuerte y por ello prefiere decir lo que piensa sin medir las consecuencias. Sus contradictores tienen otra percepción: la viuda de Sukarno habla sin pensar.

A Dewi se le odia o se le ama pues con ella no hay cabida para los términos medios. En un debate que se realizó para discutir las implicaciones de la intervención norteamericana en Irak, Dewi declaró que la prensa se había quedado corta a la hora de informar sobre la maldad de Saddam Hussein. En ese momento uno de sus interlocutores salió al paso y le preguntó si el difunto Sukarno no había sido también un tirano con su pueblo. Dewi se indignó y respondió que su marido había sido un caudillo y no un dictador.

Sus apariciones televisivas también incluyen informes sobre balnearios de aguas termales en los que aparece en toalla, programas estilo Laura en América en los que actúa de juez mientras una pareja discute y se insulta en un ring de boxeo, comerciales de repelente para cucarachas y ha llegado al punto de disfrazarse de perro para promocionar alimento para mascotas.

Sus comentarios ligeros le han costado más de un dolor de cabeza, como sucedió hace un par de meses cuando tuvo que indemnizar a una actriz que la demandó por difamación. En 2000 publicó el libro Allow me to say a few things (Permítanme decir varias cosas), en el que criticó el comportamiento de varias personalidades japonesas y denunció la hipocresía y la doble moral de su país de origen.

Esta no es la primera vez que un libro suyo da de qué hablar. En 1993 lanzó al mercado un álbum, en el que posó desnuda para el fotógrafo Hideki Fujii. Las tomas se hicieron en Tokio, París y Kioto y con este atrevido trabajo -que fue prohibido en Indonesia- la ex primera dama quiso demostrar que con 53 años a cuestas su cuerpo seguía despertando el deseo de los hombres.

El mismo deseo que en 1959 enloqueció a Achmed Sukarno, quien luego de verla en un night club de Tokio decidió convertirla en su cuarta esposa y en la favorita. La noticia trajo un destino trágico para los amigos y familiares de ambos. Una de las amantes de Sukarno se suicidó de pena al saberse reemplazada y dos días después de la boda Yasú, el hermano de Dewi, se quitó la vida. Para consolarla Sukarno le regaló un palacio, al que ella bautizó con el nombre de su hermano para honrar su memoria.

Con la muerte de Sukarno el cuento de hadas de Dewi terminó pero no así su vida de excesos y excentricidades. Hace dos años el gobierno japonés la acusó de evasión de impuestos y la condenó a pagar 50 millones de yenes. Dewi, al igual que la pobre viejecita de Rafael Pombo, defendió su proceder argumentando que es muy costoso hacer obras de caridad y, sobre todo, cuando se tiene que mantener a siete criados.
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