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| 7/1/1985 12:00:00 AM

LENNON, MI HERMANO

Esta vez, una hermana hace plata con la imagen del ex beatle muerto

Era un secreto bien guardado. Durante más de veinte años lograron vivir normal y anónimamente, siguiendo sus propios destinos. Julia Baird, con 38 años y Jacqueline Dykins, con 35, las hermanas menores del extinto John Lennon, supieron escapar a la ordalía de la publicidad mirando de lejos la gloria del artista, asesinado en diciembre de 1980. Residentes en el área de Liverpool, Julia se ha desempeñado como profesora de francés y es la madre divorciada de tres niños. Jacqui ha trabajado como peinadora al lado de su marido y un hijo de once años. Ahora, con la publicación de un libro y varios artículos en revistas norteamericanas y europeas, la fama ha rozado la vida anónima de estas mujeres y ha permitido descubrir una tercera hermana de Lennon, Victoria Elizabeth, nacida el 19 de junio de 1945 y quien supuestamente fue adoptada por la familia de un capitán noruego. Si sigue viva, debe rozar 105 40 años sin saber que es hermana de uno de los grandes mitos del siglo.
En sus recuerdos, Julia mira al hermano como un hombre sencillo, familiar, a quien veían (eran hermanos de madre) sólo en los fines de semana y ocasionalmente a la hora del té porque él vivía con una tía. La madre se había casado muy joven con Alfred Lennon y el chico nació dos años después, en 1940, un 9 de octubre. Cuando Lennon tenía tres años, su padre los abandonó y se fue en un barco hacia Estados Unidos. Ellas nunca conocieron al primer marido de su madre y se sabe que, un domingo, cuando John tenía cinco años, el padre reapareció sorpresivamente, tomó al chico de la mano aprovechando que la mujer no estaba en casa y se lo llevó a un parque. La madre al regresar y no encontrarlo, salió en su búsqueda, insultó al marido y regresó con el chico fuertemente agarrado.
El cantante no vería más al padre hasta 18 años más tarde cuando, ya famoso, un día tuvo que recibirlo en su mansión campestre en Inglaterra.
La situación económica obligó a la mujer a entregar el niño, con seis años, a una hermana y quedarse con las dos chicas mientras el futuro artista encontraba seguridad familiar en la tía y el marido. La madre antes de vivir con su segundo marido, John Dykins, tuvo una niña que entregó en adopción. Las dos hermanas lo ignoraban y sólo hasta el año pasado lo supieron por la biografía que sobre Lennon publicó Ray Coleman.
A medida que crecía, recuerda Julia, John permanecía más tiempo con ellas. Estableció una cordial relación con el marido de la madre y se pasaba las tardes escuchando discos. La madre era una fanática de Elvis Presley y Lennon gozaba haciendo imitaciones del cantante ante sus divertidas hermanas.
Según Julia, la inclinación de su hermano hacia la música viene de la madre y ella lo animó a que aprendiera el piano y el banjo, haciéndolo repetir hasta cuando conseguía el tono y la melodía correctos.
La pasión de todos por la música llegó al extremo de permitirle al joven que llevara sus amigos y se encerraran en el baño a tocar, cantar y gritar sin que nadie los regañara porque ella, la madre, presentía que el muchacho podría ser un artista importante.
Miraban y repetían las películas de Elvis aunque algunas veces él prefería dejarlas en el cine y regresar por las hermanas después.
Para Julia, la muerte de la madre en un accidente de automovilismo en 1958 acabó del todo con la felicidad de la familia. El padre se dedicó a la bebida y las niñas fueron enviadas con la menor de sus tías. Se veían poco con John porque éste estudiaba arte en Liverpool pero el hermano aparecía de vez en cuando y un día se presentó con la novia, Cynthia Powell. Sorpresivamente se casaron y tuvieron un niño, John Charles Julian, el mismo que ahora se halla entre los cantantes más populares en Estados Unidos y Europa y sostiene una sorda rivalidad con la viuda, Yoko Ono.
Entonces, comenzó el fenómeno de los Beatles, poco a poco.
Ellas lo oyeron una vez tararear el que sería después uno de sus mejores temas, Love Me Do y luego Please Please Me.
Cuando los Beatles se hicieron famosos, cuenta Julia, el muchacho se apartó de la familia. No volvió más a la casa. Hablaban algo por teléfono y cuando se marchó a Estados Unidos, el distanciamiento fue peor.
Para hablarle tenían que buscarlo en los hoteles ingleses cuando regresaba de gira, tenían que hacer antesala, tenían que pedirle permiso a los secretarios para que les consiguieran una cita con el hermano famoso. Cuando se encontraban entonces él las deslumbraba con sus nuevas posesiones: carros, abrigos, trajes y mansiones.
Cynthia, más sencilla que el marido, llevó a las cuñadas a los grandes almacenes y les compró ropa y tonterías para la casa. Todos en la familia la querían porque era generosa.
Con Yoko Ono las relaciones fueron diferentes. Julia confiesa que nunca la tuvo cerca, no le habló, no le escribió y en Londres, cuando una tía de Lennon invitó a la pareja a comer una pierna de cordero, Yoko y el cantante se refugiaron en la cocina a masticar zanahorias alegando que eran vegetarianos.
Una de las anécdotas más divertidas, recordada por Julia tiene que ver con una conversación telefónica que tuvieron con el hermano en 1975.
Hacía cinco años que no hablaban, que no se veían, que no se escribían Un día, una tía las llamó para decirles que John estaba buscándolas desde New York y quería que lo llamaran a determinado número. Como hablarle a Dios, piensa Julia.
Marcaron el número, hubo una serie de ruidos en la línea y una chica norteamericana diciendo como una posesa, hello, hello, hasta cuando comenzó a formular preguntas. Les dijo que quiénes eran. Ellas respondieron. Luego preguntó que dónde vivían y cuál era el nombre del padre y cuando Julia estaba fastidiada de tantas preguntas, surgió al otro lado la voz de John que le decía: "No cuelgues, soy yo, no tienes idea de cuántas hermanas me llaman todos los días...". Hablaron durante varias horas. Lloraron. Recordaron los mejores momentos de la infancia. Habló de su hijo Sean. El le pidió que buscara a Julian. Dice Julia que al conocer la muerte de Lennon sintió como si le cortaran algo y cada vez que escucha la canción que lleva su nombre en el álbum White se siente tocada a fondo .
Era un secreto bien guardado.
Pocos sabían de las dos hermanas del artista. Ahora han perdido el anonimato para siempre pero se han ganado el fervor de millones de adoradores de John. -
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