Jueves, 18 de diciembre de 2014

| 1988/09/19 00:00

LET IT BE

Biografía de John Lennon causa escándalo al describir su destructiva dependencia de las drogas y de Yoko Ono.

LET IT BE

Una mañana mientras estaba en la cama con su marido, Yoko Ono descubrió el vuelo de una mosca en la habitación. Obsesionada con los insectos y preocupada porque hacia varios meses que no hacía algo por llamar la atención de sus amigos en Nueva York, concibió con la complicidad del fotógrafo lain McMillan (autor de una de las mejores carátulas de discos, la de Abbey Road), un espectáculo que sirvió para detectar los primeros síntomas de la fisura emocional entre ella y John Lennon: ordenó que centenares de moscas fueran embotelladas y luego lanzadas en los jardines del Museo de Arte Moderno. Mientras escapaban, McMillan las perseguía con su cámara, fotografiándolas por toda la ciudad. Cuando tuvo la imprudencia de preguntarle a Yoko cómo sabría que esas eran sus moscas, ella le respondió que estarían perfumadas con su esencia favorita, Ma Griffe.

Como homenaje a ese happening, un género en el que Yoko era una experta mucho antes de vivir y casarse con Lennon, su próximo disco se llamaría así, Fly, y utilizó los mismos músicos y técnicos empleados por el otro para Imagine pero con la presencia de tambores, violines y otros instrumentos que tocaban salvajemente.
Cuando le pidieron un concepto sobre el disco, Lennon dijo que su mujer era tan excelente artista como Little Richard. Para él, pensar que la mujer no estaba a su altura como artista era intolerable porque lo que sostenía esa relación era la mutua convicción de que eran dos cuerpos con sólo un alma, era indispensable pensarlo para que la supuesta simbiosis funcionara. Yoko era inferior a Lennon pero si éste lo admitió alguna vez, al menos en público, nunca se supo y siempre quiso imaginársela como otro genio, igual a él. Era la única manera de soportarla pero durante los últimos años, o sea antes de ese diciembre de 1980, las cosas andaban tan mal que ya Yoko no surgía ante los ojos del marido, cansado y aburrido con la vida extravagante que llevaban en Nueva York, como ese genio que lo estuvo manipulando durante tantos años.

Esa imágen, la de una Yoko Ono posesiva y destructora, una mujer que logró aislarlo de sus mejores amigos, que lo usó para su propia carrera y fama? una mujer que era capaz de propiciar una relación con otra para que Lennon estuviera satisfecho y tranquilo sexualmente y siguiera viviendo a su lado, esa imagen es la que aparece en el libro que acaba de aparecer en Estados Unidos y ha levantado una auténtica polvareda, especialmente entre los fanáticos de la pareja: The Lives of John Lennon, escrito por Albert Goldman. Es un libro de 719 páginas que sigue los métodos y los alcances de los dos éxitos anteriores del autor, Ladies and Gentlemen, Lenny Bruce!, una biografía sobre este ídolo aparecida en 1974, y siete años después, "Elvis", un libro que por primera vez detalló extensamente la desintegración sufrida por Presley durante sus últimos años, victima de las drogas.

Para este libro sobre Lennon y Yoko, Goldman gasto más de seis años investigando, realizando más de 1.200 entrevistas con amigos, familiares y asociados de esos personajes que por primera vez aparecen aquí como andaban la mayor parte del tiempo, desnudos, como eran, muy diferentes a la visión que sus fanáticos han conservado durante tantos años.

Los detalles morbosos y terribles van sucediéndose uno tras otro y el lector tiene la impresión que muchos ya se habían formado sobre esta relación: que Lennon dependía demasiado de su mujer, que sexualmente ella lo dominaba, que fue destruyendo su capacidad creadora, que lo convirtió en un auténtico prisionero, en un ente que permanecía varios días sin comer ni dormir, apelando a toda clase de drogas, sin pasarle al teléfono a nadie, incumpliendo las citas, callado, descubriendo, como lo confesaría en febrero de 1970 (se habían casado en secreto en marzo de 1969, en Gibraltar), cómo podía sentir cada una de las partes de su cuerpo, como si fuera un templo habitado por incontables espíritus, cada uno habitándolo por separado, peleando por él, una sensación deliciosa que cada vez buscaria más, mientras su adicción a la droga se hacía más peligrosa.

Llorando, gritando para que alguien lo liberara de la angustia y el dolor, rompiendo los muebles, esclavos ambos del uso de la metadona, empeorando hasta cuando deciden ingresar a una clínica de Londres para desintoxicarse ante la curiosidad de la prensa. Esta descubriría que Yoko estaba embarazada y como consecuencia de las drogas perdería el bebé varios meses después. Y para que la situación de angustia fuera peor, Paul McCartney anunciaria que se retiraba de Los Beatles. Lo que muchos temían estaba en marcha: el proceso de la caída era irreyersible, Lennon lo sabía y la ruptura con el amigo era un símbolo que lo afectaría aún más.

Impulsados a convertirse en el centro de las miradas en Nueva York, alquilaron una suite descomunal en el elegante y costoso hotel St. Regis y pusieron en marcha una serle de proyectos y planes artisticos que intentaban hacer girar la intelectualidad neoyorquina alrededor de dos personas muy enfermas y gastadas. Para Yoko, ella misma era la gran renovadora del arte con sus trabajos en Arte Conceptual, el Happening, el cine minimalista, el poder de las flores, y el movimiento Fiuxus, considerado el más original desde el Dadaismo.

Contrataron una especie de secretaria, May Pang, una chino-norteamericana que los adoraba tanto que era capaz de trabajar 24 horas seguidas en sus proyectos. Dormía en la habitación del lado, era la encargada de despertarlos con una dosis de metadona que les alertara los sentidos.
Las habitaciones contiguas estaban ocupadas por artistas, empleados y técnicos que trabajaban en los distintos proyectos de Yoko. Un día, después de ser humillada en público cuando Lennon se marchó con otra mujer para hacerle el amor, Yoko tomó una decisión que los alteraría para siempre. Decidió que la secretaria debía convertirse en la amante del marido, para complacerlo y mantenerlo tranquilo, para que sus relaciones ya imposibles, mejoraran al menos físicamente. Lennon haría el amor con la joven todos los días y aprovechando un viaje de Yoko a Chicago para un congreso de feministas, Lennon se marchó con la chica a Los Angeles mientras la otra los llamaba muchas veces al día para saber qué hacían.
Varios meses después esa relación se rompería de manera salvaje cuando Yoko retomó su papel de esposa y amante.

La sensación amarga que deja el libro, con el paréntesis tierno que representa el embarazo de Yoko con ese niño que ahora es el heredero de todo un imperio, Sean, es que Lennon fue incapaz de frenar su propia destrucción mientras bebía, se fumaba dos cajetilias de cigarrillos diarias, acudía a toda clase de drogas y rompía las consolas de los estudios cuando las cosas no salían bien en las sesiones de grabación. Era un espectáculo deprimente que los amigos y empleados de la pareja, por simple lealtad, siempre mantuvieron en secreto. Era un infierno y algunos piensan duramente que el disparo de un muchacho anónimo una noche de invierno, llegó oportunamente antes de la caida definitiva. --

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