Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/05 00:00

Lo que ellos quieren

Una mujer se disfrazó de hombre por más de un año para conocer los secretos de la mente masculina. Los resultados de la investigación aparecen en su exitoso libro Self-Made Man.

Norah Vincent se hizo un corte varonil, aumentó 15 libras de masa muscular con pesas, con maquillaje se hizo una barba y utilizó un pene de plástico para rellenar sus pantalones. Así se convirtió en Ned

El mujeriego Nick Marshall sólo pudo entender a las mujeres después de recibir una descarga eléctrica. Esa es la temática de la película Lo que ellas quieren, en la que el protagonista, interpretado por Mel Gibson, logra leer la mente del género femenino y tener acceso a sus más íntimos deseos. Norah Vincent, una periodista norteamericana, consiguió lo mismo con el sexo opuesto, pero en la vida real, y sin necesidad de un corrientazo. Lo hizo gracias a sus 1,80 metros de estatura, a la talla 43 de sus zapatos, a su pelo corto, gafas cuadradas, un sostén deportivo para esconder sus pechos, a una barba incipiente hecha a punta de maquillaje y pequeños vellos de lana, y a un pene de plástico para rellenar los pantalones. Durante un año y medio, esta mujer se transformó físicamente en un hombre para sumergirse en el mundo masculino y entender cómo piensa 'la otra mitad', experiencia que relata en su exitoso libro Self-Made Man.

Su experimento es similar al que en 1959 realizó el escritor John Howard Griffin, quien se disfrazó de afroamericano y demostró la discriminación a la que era sometida esta población en su libro Black Like Me. Por su parte, en 2003 Norah dejó de escribir su columna en Los Ángeles Times para convertirse en Ned. Con esta personalidad entró a clubes de strip-tease, fue parte de una liga de bolos, salió con mujeres que conoció en bares y en chats de Internet, y hasta se recluyó en un monasterio durante tres semanas. Para camuflarse y no ser descubierta, se sometió a una rutina de levantamiento de pesas y tomó clases con un instructor vocal para engrosar su voz.

La idea surgió una noche cuando, en broma, decidió vestirse como hombre y caminar por Nueva York. "Como mujer no se puede pasear sin que te vean. Eres un objeto del deseo (...) Pero esta vez ellos no me miraron. Por el contrario, cuando sus ojos y los míos se cruzaban, desviaban la mirada. Es un código de comportamiento para mantener la paz entre los machos humanos. Mirar a los ojos de otro es invitar al conflicto o a un encuentro homosexual". Esa fue la primera conclusión de su trabajo como agente infiltrada en el reino de la testosterona.

Aunque su esfuerzo no alcanzó para que 'Ned' dejara de ser el peor jugador de bolos, sí fue suficiente para convertirlo en uno más del grupo. El simple apretón de manos de sus compañeros como bienvenida le pareció revelador: "Son extraordinariamente cálidos e incluyentes", y asegura que en ese gesto hay más sinceridad que en los "fríos besos al aire y en los flojos saludos de mano de las mujeres". El género femenino tampoco sale bien librado cuando Vincent concluye que durante la competencia de bolos comprobó que los hombres son más generosos. "Nunca una mujer trató de ayudarme, ni me dio sus trucos para jugar mejor. No les es suficiente con tener éxito. Ellas quieren ver a su 'hermana' fallar". Por el contrario, ellos "me daban una mano porque ganarle a alguien que no juega bien no les parece satisfactorio".

Vincent asegura haber comprobado que la sexualidad en las mujeres es mental y en los hombres una urgencia. Lo que más le llamó la atención de sus compañeros fue "la reverencia que mostraban hacia sus esposas, pese a sus visitas secretas a los sitios de 'strip-tease'. Parecía que en ellos el impulso sexual y el matrimonio fueran incompatibles". La autora reconoce que la experiencia en esos clubes le pareció infernal, aunque es abiertamente lesbiana. Según ella, allí muchos hombres ven a las mujeres "casi como un plástico", sin olor y sin sabor.

También explica que en el tema romántico, el género femenino tiene la sartén por el mango: "Nosotras no tenemos que cruzar un salón para hablarle a una perfecta desconocida y decir las primeras palabras que difícilmente se pueden pronunciar sin parecer imbécil". Como Ned, le sorprendió la cantidad de rechazos a los que un hombre se expone, además de haber tenido que soportar a las mujeres "hablar durante horas de los más ínfimos detalles de sus vidas personales en una cita".

Norah concluye que ser hombre no es fácil: "Se ven obligados a ocultar sus sentimientos. La armadura de cada uno de ellos es prestada y 10 veces más grande que su talla. Y debajo de ella están desnudos, inseguros y esperando que nadie lo note". Su orientación sexual ha despertado dudas sobre la objetividad de su proyecto, pero ella aclara que se liberó de sus prejuicios al hacer la investigación. Y que tras saber cómo es ser hombre, hoy se siente "afortunada, orgullosa y, lo más importante, libre por ser mujer". n

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