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| 4/1/1985 12:00:00 AM

LOBO CON PIEL DE PRINCESA

A pesar de la evidencia de que Lady Di se parece más--a la bruja mala que reparte manzanas envenenadas, el pueblo inglés la sigue adorando

Así, como quien no quiere la cosa, como quien oye a todo el mundo, pero desoyendo a todos, y haciendo exactamente lo que se le da la gana, la princesa Diana ha dejado su huella en la Corte inglesa. Pero su huella no es delicada y sutil como la de "La Princesa y el guisante" del cuento de Andersen, sino fuerte y pesada como la del gigante de "Pulgarcito". Porque detrás de sus hermosos ojos azules, de su cierta sonrisa y de los tules y sedas que adornan su real cuerpo, se esconde una dama de hierro. O al menos eso es lo que han empezado a rumorar todos aquellos que de alguna manera han tenido acceso a ella.
En el Palacio de Buckingham se ha convertido en algo más que una rubia dictadora, a quien la servidumbre, los modistos y los guardaespaldas le tienen miedo. Porque si alguno de sus múltiples y exóticos caprichos reales no son satisfechos, el asunto puede derivar en casi un problema de Estado. Sin embargo, a pesar de que pudiera pensarse lo contrario, su principal víctima no es la gente que está por debajo de su status, sino su propio esposo, el príncipe Carlos, futuro rey de Inglaterra, quien frente a ella no pasa de ser un marido bastante común y muy débil por cierto.
Carlos era un cazador consumado hasta que Di apareció en el escenario.
Ella ha dicho públicamente que la caza es un crimen, un asesinato a la naturaleza y como consecuencia de ello, Carlos bajó la guardia y colgó sus armas. Y no sólo sus hobbys se han visto afectados, sino sus aficiones gastronómicas. Amante del salmón ahumado, ha tenido que resignarse a no verlo más en las cenas reales, lo mismo que otras carnes y pescados, porque la "dulce princesita pálida" sigue la onda vegetariana. Esa parece ser la explicación de que ahora el Príncipe, como dice el periodista James Whitaker "se vea más delgado, más huesudo, más perezoso, más viejo y, sobre todo, más triste".
Pero las imposiciones de la Princesa han ido más lejos. Y hoy cuenta a su haber con once despidos de servidores que habían trabajado durante años cerca del Príncipe. Uno de ellos, Sir Edward Adeane, Consejero privado de Carlos, renunció, después de 5 años de servicio, al cargo que su familia ostentaba generación tras generación, y en la lacónica comunicación oficial se informaba que había sido por razones particulares. La renuncia del Consejero puso fin a una amistad de años. Todo Inglaterra daba por descontado que el fiel colaborador, amigo de Carlos, sería uno de los hombres más cercanos a la Corona cuando el Príncipe se convirtiera en Rey. Y eso era precisamente lo que le molestaba a la Princesa que se dedicó, como se dice comúnmente, a hacerle la vida imposible a Sir Edward.
"Lord Adeane, se ha dicho en Londres, era el último de los miembros de un pequeño grupo de amigos que aconsejaban al Príncipe. Al fin, Diana ha actuado como una esposa celosa, alejando de su marido a todos aquellos que puedan opacarla".
En Londres, donde el periodismo amarillo tiene sus mejores exponentes, y donde los escándalos son las delicias de los supuestamente flemáticos ingleses, los tabloides hacen correr tinta en torno a Lady Di y sus caprichos, hasta el punto de que ya es común oir decir que trabajar para ella es una desgracia real. Whitaker, probablemente el más sagaz de los reporteros reales, les reveló a los cinco millones de lectores del Daily Mirror, la larga lista de nombres que han dejado de trabajar para la realeza desde que la princesa Diana entró en escena. La lista incluye, además de Sir Edward Adeane, la secretaria privada del Príncipe, la ayudante de su secretaria privada, su valet, el mayordomo de la pareja, dos detectives de Scotland Yard al servicio de Diana y su propio peluquero.
LOS PELOS DE PUNTA
Diana y su peluquero tuvieron una excelente relación durante siete años, hasta que ella pronunció aquellas fatídicas palabras: "Creo que es hora de peinarme hacia arriba". Sí, ocho palabras simples, aparentemente inofensivas, pero pronunciadas por la princesa Diana hace unos meses, dejaron a Kevin Shanley, el estilista real, con los pelos de punta. "Sabía que sería un error" dijo Shanley, 29 años, "Lo que estaba en juego era la imagen de Diana". Pero Diana insistió: "A mi marido le encatará verme peinada hacia arriba". Shanley le suplicó que no, alegando que el peinado la envellecería, pero finalmente triunfó la obstinación de la Princesa. Fríamente, Shanley le pidió a su colega Richard Dalton hacer el trabajo que él no haría. Diana lució su chignon durante la instalación del Parlamento en noviembre y fue literalmente chiflada por la prensa que calificó su nuevo look de "Di-abolico" .
Aunque Diana hizo tres citas más, el rompimiento definitivo era inminente. El 16 de enero pasado, ella llegó como de costumbre al salón de belleza y "me dejó cortarle el pelo como tocaba", cuenta Shanley. "Se véía despampanante". Sin embargo, aquella noche la vio por TV y descubrió que ella le había metido mano al peinado y había arruinado todo el efecto. Shanley reaccionó como todo peluquero de sangre caliente habría reaccionado: le vendió la historia al Sunday Mirror. Y no sólo reveló los detalles de su rompimiento, sino que además contó algo que debe tener furiosa a la Princesa: que no es una rubia natural, porque se aclara el pelo con tintura. Sin embargo, Shanley confiesa que aún siente por Diana un gran cariño y que fue una experiencia maravillosa la de haberla peinado.
"Hubo muchas veces en las que tenía que pellizcarme, para comprobar que no estaba soñando".
La columnista Jean Rook, una veterana de la lengua ácida del Daily Express, escribió recientemente a sus 2 millones 500 mil lectores, que "si a Diana le dan un bebé para que lo tome en sus brazos, es la Princesa encantadora. Pero traten de persuadirla para que dé brillo a una función que le aburre, o que disfrute con una sonrisa de los deportes que a Charles le encantaba practicar, y desaparece su mirada dulce y esa reja de cabello ondeante que escasamente oculta sus arranques de mal humor. Diana es testaruda, decidida y frecuentemente mañosa".
A pesar de todas estas historias y de las ya legendarias malas relaciones con la princesa Ana, que se han filtrado a la prensa a través de chismes de sus principales colaboradores, para la mayor parte del pueblo inglés, Diana sigue siendo la adorable Lady Di y el miembro de la familia real que ha gozado de más popularidad.
Hace 7 años, la lujosa revista británica Woman adelantó una encuesta que reveló que el 75% de los ingleses estaban en contra de la abdicación.
Pero desde que Diana figura como posible Reina, una nueva encuesta de la revista arroja resultados en el sentido de que el 52% de los encuestados desearía que la reina Isabel abdicara antes de 4 años para cederle su puesto a Carlos y a Diana.
Aunque existe demasiada evidencia para pensar que la personalidad de Diana se parece más a la de la bruja mala de Palacio que reparte manzanas envenenadas, el pueblo inglés quiere seguirla viendo como una Princesa de cuento de hadas. -
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