Jueves, 19 de enero de 2017

| 2004/02/08 00:00

Los 40 de Mafalda

Así nació el personaje que le dio nombre a la historieta más famosa de Latinoamérica.

Es considerada una de las argentinas más influyentes del siglo XX, y una plaza en Buenos Aires lleva su nombre: Mafalda. Este año llega a los 40 la precoz niña que odia la sopa, que le teme al comunismo, que muere por

The Beatles, que se desvela por la situación mundial y que aturde a sus padres con preguntas adultas.

En realidad, la caricatura que le inspiró al escritor Julio Cortázar las palabras "No tiene importancia lo que yo piense de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí", nació en 1962 en la mente de Joaquín Salvador Lavado, conocido en el mundo entero como Quino, como parte de una campaña publicitaria para promocionar la marca de electrodomésticos Mansfield. Le habían encomendado la tarea de hacer una historieta cuyos personajes tuvieran nombres que empezaran por la letra M y en la que aparecieran productos de la marca para crear una especie de mensaje subliminal. Por ello bautizó a la protagonista con el nombre de Mafalda, que se le ocurrió después de ver la película Dar la cara en la que uno de los personajes se llamaba así.

Sin embargo, los diarios rechazaron la propuesta al darse cuenta de la publicidad encubierta. Fueron necesarios dos años más para que la pequeña hiciera su debut oficial en el semanario argentino Primera Plana el 29 de septiembre de 1964. Este aniversario ya empezó a celebrarse con una exposición itinerante de la caricatura en Italia, que fue el primer país europeo donde se publicó la obra, y a lo largo del año en diferentes países se realizarán foros y hasta concursos de humor gráfico. Pero sin duda la mejor manera de celebrar es con la publicación, después de haber sido traducida a 32 idiomas (japonés, portugués, griego, francés y holandés, entre otros), que hará por primera vez Ediciones De la Flor de la historieta en inglés. Así se lanza a la conquista de un mercado que siempre la ha considerado demasiado latinoamericana. Pero quizá cuente con suerte y los dilemas de esta niña logren cautivar al público angloparlante como lo ha hecho en las últimas décadas con gran parte del hispano, donde según Daniel Divinsky, propietario de Ediciones De la Flor "se han vendido cerca de dos millones de ejemplares de cada uno de los 10 libros de Mafalda".

El padre de Mafalda

Así como Mafalda supo desde muy pequeña que de grande quería trabajar en Naciones Unidas, Quino tuvo una epifanía sobre su futuro a muy corta edad: "Siempre quise ser dibujante. Creo que tomé la decisión a los 3 años, cuando me quedé una noche al cuidado de mi tío Joaquín, quien se puso a dibujar para entretenerme y me di cuenta de todo lo que podía salir de un lápiz", cuenta Quino en su página web. Y así fue. No terminó sus estudios secundarios por el afán de entrar a la escuela de bellas artes, y decidió abandonar su natal Mendoza para probar suerte en Buenos Aires. Fueron 10 años haciendo humor antes de llegar a Mafalda, a quien le debe su reconocimiento.

Lo curioso es que el éxito de este personaje causó en Quino una contradicción: "Llegó a no quererla mucho porque pensaba que lo había aprisionado", aseguró a SEMANA Divinsky, editor y amigo personal de Quino. "Luego se reconciliaron". No podía ser de otra manera: después de todo, tanto Mafalda como sus amigos son un reflejo del autor. "Sumen ustedes la solidaridad de Mafalda, la ternura de Guille, la perplejidad de Felipe, y tendrán una idea aproximada de quién los inventó", escribió en su columna 'Postre de notas' el periodista colombiano Daniel Samper Pizano, conocedor del trabajo de Quino al punto que hizo el prólogo de Toda Mafalda, recopilación integral de la historieta.

Pero además de parecerse a Quino, los personajes de Mafalda hacen eco de su época. Mafalda es feminista y se entristece de que su mamá haya preferido dedicarse al hogar antes que terminar sus estudios. "Si le hiciéramos un sicoanálisis a Mafalda, de los que se habla en la historieta, mostraría desajustes en la relación con sus padres. A su madre la ve muy pasiva y a su padre le critica los signos de estatus, como desvivirse por comprar un carro nuevo", dijo a SEMANA Samper Pizano. Suele comportarse como una adulta en el cuerpo de una niña, preocupándose por la brecha entre ricos y pobres, la guerra fría, Vietnam y la pérdida de la identidad nacional. Vive soñando con un mundo ideal. "La sopa es a la niñez lo que el comunismo es a la democracia", es una de sus frases. Odia el totalitarismo, de ahí su repulsión por la sopa, pues es símbolo del autoritarismo.

El 19 de enero de 1965 apareció Felipe. Muchos amigos de Quino aseguran que es el más parecido a él por su excesiva timidez y su imaginación desbordada. "Al igual que Felipe, soy de arruinarme el presente pensando en lo que me espera en el futuro", confesó Quino en una entrevista. En cuanto a su físico fue inspirado por un amigo del autor, Jorge Timossi, fundador de la agencia de noticias Prensa Latina, en Cuba, que tenía "dos graciosos dientes de conejo".

Manolito nació en la historieta el 29 de marzo de 1965. "Manolito, como hijo de inmigrantes españoles, es el estereotipo del gallego (el equivalente de los pastusos en Colombia). Con él Quino se ríe de su propio origen, pues él también es hijo de inmigrantes", explicó a SEMANA Miguel Repiso, Rep, reconocido caricaturista argentino que ha sido considerado el sucesor de Quino. Manolito también representa la obsesión por los valores del capitalismo, al punto que su dios es Rockefeller.

El 6 de junio de ese año con sus envidias, su mezquindad y su arribismo clasista debutó Susanita. Ella es todo lo que Mafalda no quiere ser. Sueña con casarse y tener muchos hijos, a eso se reduce su mundo ideal: "Hijitos. eso es lo único que yo le pido a la vida. Porque el departamento, el auto, la heladera, el lavarropas, el televisor y todo eso pienso pedírselo a mi marido, no creas que soy estúpida", le dice Susanita a Mafalda en una viñeta.

Tres años más tarde, Guille, el hermano menor de la protagonista, se encargó de imprimirle un tono más inocente a la historieta. Así como Miguelito, que con su egocentrismo y su mundo de fantasías siempre tuvo un aire infantil: "Es un personaje delirante, el más niño de todos. Los otros son adultos enanos, explica Repiso. Así como Miguelito, de chico y de grande siempre me preguntó estupideces que no sirven para nada. Miguelito era un personaje para seguir haciéndolo, dice Quino. Ese y Libertad". Esta última completó el grupo de amigos cuando apareció en la tira en febrero de 1970. "Libertad es chiquita porque en tiempos de autoritarismo, la libertad es chiquita como maní", advierte el autor. Su frase de batalla es "Me gusta la gente simple", pero ella misma es más compleja que cualquiera de los otros.

Aunque cada personaje tiene sus características, no son estereotipos. Son tan pluridimensionales como cualquier persona, lo que los hace más reales porque encierran las contradicciones humanas. Eso es lo genial de Quino: "Antes de Mafalda, todas las caricaturas eran maniqueístas y estereotipadas. Había un personaje gordo cuya única función era ser gordo. Mafalda trae personajes que lloran, que luego ríen, son solidarios y luego envidiosos. El gran aporte de Quino fue traerles inteligencia a las caricaturas", concluye Repiso.

Un día Quino tomó la decisión de ponerle fin a Mafalda. La continuidad con la que tenía que producirla le hacía difícil no repetirse. Fue entonces cuando decidió aplicar la norma más importante de los dibujantes de historietas: "Cuando uno tapa el último cuadrito de una viñeta y ya sabe cuál va a ser el final es porque la cosa no va". Y el 25 de junio de 1973, Mafalda no fue más. Sin embargo, más de 30 años después se sigue leyendo como si estuviera recién publicada, se deja leer y releer infinidad de veces, lo que la convierte en un clásico que no envejece. "Si bien me halaga que se siga leyendo, también es triste pensar que los temas de los que hablaba Mafalda siguen existiendo. A veces algunos tienen otro nombre pero son los mismos", es la conclusión de Quino.

Los fanáticos se quedaron con las ganas de ver a la Mafalda del siglo XXI. Sin embargo, algunos 'mafaldólogos' como Daniel Samper se aventuran a dar hipótesis: "Ahora tendría cerca de 45 años y a esas alturas de la vida, seguro le gustaría la sopa. La imagino como una columnista amargada. Sin duda, Felipe sería escritor; Manolito, un empresario; Susanita, una insoportable ama de casa; Miguelito de golpe trabajaría en una ONG y Libertad sería actriz o directora de televisión porque el teatro no le dio para vivir".

Página oficial de Quino

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