Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/05/01 00:00

Los caprichos de las estrellas

No contentos con recibir sueldos astronómicos, ahora los famosos quieren ser tratados mejor que la realeza europea.

Sharon Stone es la reina de los caprichos. Entre sus exigencias está llegar en 'jet' privado a las locaciones.

Cuando en octubre de 1959 los productores de la película Cleopatra se quedaron sin protagonista femenina decidieron ofrecerle el rol a la actriz Elizabeth Taylor. Ella, que se encontraba ocupada filmando otra cinta, respondió con un chiste: "Claro, lo haré por un millón de dólares". Sin dudarlo los productores aceptaron y Liz se convirtió en la primera en cobrar semejante cifra en Hollywood. Hoy el chiste sería ofrecerle un millón de dólares a un actor por trabajar en una película, aunque se trate del más desconocido de todos. Los sueldos de los famosos han alcanzado cifras escandalosas y cada año más artistas ocupan puestos en las listas de los ricos y poderosos, antes reservadas a empresarios y ejecutivos. Pero no contentas con sus enormes cheques, algunas estrellas están decididas a competir con las casas reinantes de más abolengo de Europa en lujos y atenciones. Sharon Stone es la mejor exponente de esta nueva clase de princesas sin sangre azul. La intérprete de Bajos instintos tiene una lista de requerimientos y exigencias para cada una de sus películas que ocupa cinco páginas de su contrato. Quien quiera contratar a Sharon debe estar dispuesto, además de pagarle un salario que oscila entre los 10 y los 15 millones de dólares, a darle 3.500 dólares semanales para que contrate guardaespaldas y mantener cinco autos a su disposición las 24 horas: uno con chofer que no fume, otro para su uso personal y los otros tres para su peluquero, su maquillador y el encargado de su vestuario. En cuanto al hospedaje, la estrella no es menos exigente. Además de una casa cerca de las locaciones -o en su defecto, una suite de lujo en un hotel de cinco estrellas-, Sharon exige tener tres tráileres o casas rodantes para su uso en el plató: una para ella, otra para cuando la vayan a maquilar y a peinar y otra para su hijo Roan, de 4 años, y sus niñeras, porque los productores deben contratar a tres personas para que cuiden del pequeño mientras su madre está ocupada grabando sus escenas. Para terminar, la actriz se niega a trabajar si no la dejan quedarse con toda la ropa y joyas que luzca durante el rodaje y si no cuenta con dos asistentes y un chef para su servicio privado. La interminable lista se dio a conocer con motivo de la batalla judicial que en pocos meses comenzará entre Stone y los productores de la segunda parte de Bajos instintos, quienes alegan que las exigencias de la actriz ocasionaron el colapso del proyecto. Y es que al parecer los caprichos de ciertas celebridades tienen acorralados a los grandes estudios. Según la revista Entertainment Weekly, estos pequeños gustos se están llevando un 5 por ciento del presupuesto de una película. "Dado que producir y mercadear una cinta está costando en promedio 98 millones de dólares, esto equivale a unos cinco millones de dólares en extras", dice la revista. El mundo de la música no se queda atrás. En este campo la delantera la toma Jennifer López, cuya lista de exigencias para sus presentaciones fue publicada por la página de Internet www.thesmokinggun.com. En el documento la artista estipula las condiciones que deben rodear los momentos previos y posteriores a sus presentaciones. Su camerino debe estar pintado de blanco y decorado con mesas, sofás, cortinas, velas y flores blancas. A la estrella nunca se le deben ofrecer jugos de tomate, manzana o uva y siempre debe tener a la mano bandejas de frutas y postres. Además, J.Lo exige tener a su disposición discos compactos de una lista de 45 músicos y agrupaciones de todo el mundo, entre los que se destacan Enrique Iglesias, el grupo puertorriqueño MDO y obviamente su esposo, Marc Anthony. El problema es que estas fueron sólo algunas de las exigencias que la actriz y cantante hizo para participar en un video cuyas ganancias fueron destinadas a ayudar a las víctimas del sida en África y a las familias de las víctimas del 11 de septiembre. López sólo estuvo una hora y media en el estudio de grabación. Un poco menos exigente aunque igual de complicada es Christina Aguilera, quien pide en su contrato que los organizadores de sus conciertos le tengan una escolta policial que le abra paso en las calles pues no le gusta sufrir los rigores del tráfico. Con tantos caprichos es imposible no pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Basta con ver la lista de exigencias que los Beatles hacían antes de los conciertos. La banda más famosa del mundo se contentaba con "cuatro catres, espejos, una nevera, un televisor y toallas limpias", además de protección policial adecuada. Pero la triste realidad es que la mayoría de las estrellas tienden a parecerse cada vez más a la malcriada Sharon Stone que a los sencillos Beatles. Britney Spears, por ejemplo, está liderando una nueva tendencia entre las celebridades que consiste en no pagar por nada de lo que consumen. A pesar de haber ganado millones de dólares durante su carrera, ella no paga ni por el café que se toma en la calle, pues considera que le está haciendo un favor a la marca al consumirla en público. Incluso hace poco su esposo tuvo que pedir 10 dólares prestados a los paparazzi que los esperaban a la salida de una tienda de helados en Los Ángeles porque a la futura mamá se le había antojado un postre, ninguno de los dos tenía plata en el bolsillo y el establecimiento se negaba a dejarlos ir. Otros famosos son aún más descarados y no tienen inconveniente en ir a las mejores tiendas de ropa y joyas y salir cargados de paquetes sin gastar un centavo. Lo paradójico es que los salarios son cada vez más altos. El cheque promedio por película para un actor como Tom Cruise o Brad Pitt supera los 20 millones de dólares. Entre las mujeres las cifras se están acercando cada vez más y la lista de las actrices más caras es liderada por Julia Roberts, Cameron Díaz y Nicole Kidman. Pero a los famosos eso no les basta, lo importante es que los traten como lo que son, la realeza de Norteamérica, y además, como reza el dicho popular, "gratis hasta un balazo".

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