Viernes, 20 de enero de 2017

| 1993/08/16 00:00

Los Clinton somos así

Mucha cárcel y mucha droga en la familia del Presidente de los Estados Unidos.

Los Clinton somos así

MIENTRAS EL presidente Clinton se entera por la prensa que su familia es más numerosa de lo que él pensaba, los norteamericanos ven cada vez con más nostalgia la época en que una familia modelo habitaba la Casa Blanca. Pero esos tiempos no volverán. La familia del presidente Clinton se ha convertido en una caja de sorpresas: sus tres hermanastros -un cantante ex traficante de drogas, una ex presidiaria y un viejo conserje del que nunca había oído hablar- se han convertido en otro dolor de cabeza para el mandatario norteamericano.
Pero Clinton no es el único gobernante que ha tenido que sosportar las andanzas de sus pariens. Jimmy Carter tuvo que afrontar los desafueros de su hermano Bill, quien no sólo se hizo famoso por su ramplonería sino por el famoso Billygate, al comprobarse que su hermano mantenía relaciones y recibía dinero de agentes libios. Del mismo corte fue la pesadilla familiar de Reagan, el primer mandatario divorciado de los Estados Unidos, tuvo que enfrentar los ataques públicos de sus hijos -un bailarín homosexual, una hija cuyas aventuras amorosas le valieron atrevidos apelativos y otra que resolvió sacar a la luz pública todos sus resentimientos en un libro- quienes se encargaron de demostrar que como padre era un fracaso.
Pero todo esto es un cuento de hadas comparado con el turbulento pasado de los parientes del presidente Clinton. Durante la campaña, los hombres de Bush intentaron desprestigiar al entonces candidato demócrata indagando acerca de lunares familiares. En la vida de la madre de Clinton, Virginia Kelley, una ex enfermera de 70 años que se ha casado en cuatro oportunidades, aparte de algunas acusaciones de negligencia profesional, de su extraño gusto por las apuestas hípicas de dos dólares y su pintoresco maquillaje, nada más pudieron decir.
En cambio, su medio hermano Roger Clinton ha proporcionado sustancioso tema a la prensa. Cantante y animador, Roger pagó en los años 80 una condena de 18 meses por tráfico de cocaína. Fue el mismo Clinton, entonces gobernador de Arkansas, quien tuvo que tomar la decisión de darle luz verde a una redada en la que sabía que Roger sería arrestado. Al momento de la posesión de Clinton, este era un oscuro cantante en los centros nocturnos de Nueva York, donde compartía su actuación con un número de travestis. Pero la posición de su hermano mayor lo ha puesto en una mejor situación: recientemente, Atlantic Records le ofreció un contrato de 200 mil dólares para grabar su primer disco, y en la actualidad prepara un video para la famosa cadena de televisión norteamericana MTV. Sin embargo ahora, enfurecido porque el Presidente no accedió a aparecer tocando saxofón en un video para promover su disco, Roger ha decidido escribir un libro -que ha titulado "Creciendo con el hermano mayor" y por el cual ya ha recibido una oferta de 500 mil dólares-, acerca de su sufrida infancia con un padre alcohólico y violento, Roger Clinton Sr., quien le dio su apellido al actual Presidente cuando se casó con su madre en 1950 (el padre de Bill Clinton murió en un accidente de carro antes de que él naciera). Como Roger Clinton no desperdicia oportunidad de sacar a relucir su condición de hermano del Presidente, en la Casa Blanca lo llaman "Headache" (dolor de cabeza), y se dice que la misma Hillary le tiene prohibida la entrada, pues a pesar de su proclamada redención sigue siendo amigo de las drogas y el alcohol.
Pero ahí no paran los líos de los hermanastros Clinton. Diana Welch, otra medio hermana de la misma edad del Presidente, 46 años -hija de Jeff Welch, con quien su madre contrajo matrimonio en 1970- fue condenada a seis años de prisión por asalto a mano armada y tráfico de droga. Luego de purgar su pena en una penitenciaría de alta seguridad en Texas, Diana se ha dedicado a vender su historia a la prensa sensacionalista y a quejarse de haber sido tratada como la oveja negra de la familia y de no haber sido invitada jamás a la Casa Blanca.
Como si eso fuera poco, recientemente el presidente Clinton se enteró por el Washington Post que tenía otro hermano, Henry Leon Ritzenthaler, del cual ignoraba su existencia. Se trata de un conserje jubilado, de 55 años, que con pruebas en la mano demostró a la prensa que comparte el mismo padre que el actual huésped de la Casa Blanca. Un certificado de nacimiento demuestra que Henry nació en 1938 y que es hijo de Bill Blythe, quien se divorció de su esposa para casarse con Virginia Kelley, con quien tuvo al actual presidente de los Estados Unidos. Pero ni la misma Virginia Kelley sabía que su difunto marido tenía un hijo de cuatro años cuando se casó con ella. Ahora el apacible jubilado, como los otros dos, sobrevive dando declaraciones a las revistas en espera de que su "First Brother" los invite a la Casa Blanca.
Lo cierto es que entre su hermanastro traficante de cocaína, su hermanastra ex presidiaria y su hermano mayor aparecido a última hora, Bill Clinton se pregunta cuántos más parientes errantes le aparecerán antes de finalizar su mandato.

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