Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/07/05 00:00

Los crímenes del siglo

Con motivo de sus 100 años, el FBI ha preparado un listado con los casos más famosos que ha investigado. Estos son algunos de ellos.

BONNIE y CLYDE La pareja recorrió varios estados en los cuales robó y asesinó. Finalmente murieron en su ley, abatidos por las autoridades

FBI es quizás una de las siglas más reconocidas del mundo. La repiten en un sinnúmero de series de televisión los 'buenos' de la trama cuando sacan su identificación, o al entrar pateando puertas a las casas de los 'malos'. Su reconocimiento no es gratuito, pues es el organismo policial más importante de Estados Unidos, encargado de esclarecer los delitos federales, es decir, los que involucran la legislación nacional.

Por ejemplo, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus iniciales en inglés) destinó más de la mitad de su personal a identificar a los terroristas. Sus agentes siguieron más de medio millón de pistas en un trabajo que figura como la pesquisa más grande de su historia. Sus averiguaciones también fueron clave para descubrir que Timothy McVeigh había sido el responsable de la bomba en Oklahoma que acabó con las vidas de 168 personas en 1995. Y hace pocos años, en 2002, ayudó a acabar con la ola de terror creada en Washington por John Allen Muhammad y Lee Boyd Malvo, los francotiradores que en menos de un mes mataron a 10 personas.

Pero los anteriores son sólo algunos de los casos más recientes, pues el 26 de julio la agencia celebra 100 años de existencia. Casi la mitad de ese siglo su director fue el controvertido J. Edgar Hoover (1924-1972), un hombre cuyo poder llegó a ser tan grande, que hasta los Presidentes le temían por la cantidad de información que manejaba acerca de sus vidas privadas. Además, no tuvo reparos a la hora de grabar a escondidas las actividades sexuales de Martin Luther King para chantajearlo. Curiosamente, esta fue la época dorada del FBI, pues mientras los excesos se escondían bajo el tapete, la propaganda que se pasaba permanentemente en cine y televisión les daba glamour a los agentes y un halo de prestigio. Estos son algunos de los episodios más famosos.

Tras el rey de la mafia

Las décadas de los 20 y 30 fueron de las más movidas para el FBI. En esa época, en su famosa lista de los más buscados, Al Capone ocupaba un sitio de honor. El mafioso más famoso de todos los tiempos edificó su reinado en Chicago a punta de asesinar a sus principales rivales y gracias a sus negocios ilícitos con el alcohol en la era de la prohibición; el tráfico de drogas, además de las apuestas y la prostitución. La institución empezó a seguirle los pasos desde 1929, cuando Capone no asistió a una citación ante una corte federal. Pero, aunque consiguió ponerlo tras las rejas en varias ocasiones, si bien brevemente, y aunque su historial delictivo era grande, nunca pudo echarle realmente el guante. El gobierno federal sólo encontró evidencia de evasión de impuestos, lo único que pudo presentar para condenarlo a 11 años tras las rejas. Para evitar que continuara dirigiendo su red criminal, fue enviado a Alcatraz. En 1939 fue liberado, pero para entonces su imperio se había desmoronado y sufría de demencia debido a la sífilis.

El secuestro del hijo de Lindbergh

En marzo de1932 el FBI se vio envuelto en uno de los casos que más han estremecido a Estados Unidos: el rapto del hijo de Charles Lindbergh, el aviador que alcanzó fama mundial por su vuelo en solitario y sin escalas a través del Atlántico. El responsable puso una escalera hasta la ventana del cuarto del bebé de 20 meses, lo sacó y dejó una nota en la que exigía 50.000 dólares como rescate. La familia pagó el dinero con certificados de oro, pero el 12 de mayo el cuerpo sin vida fue hallado a menos de ocho kilómetros de su casa. Las investigaciones encontraron que aparentemente el pequeño murió poco después del secuestro, de un golpe en la cabeza. A partir de la letra de la nota, el FBI determinó que el criminal era alemán. Luego los agentes, siguiendo el destino de los certificados, descubrieron que alguien había usado uno de ellos para pagar en una bomba de gasolina, y así obtuvieron la placa de su carro. Las pistas condujeron hasta Bruno Richard Hauptmann, un carpintero alemán que vivía en el Bronx. Fue ejecutado, aunque nunca confesó su crimen.

Bonnie & Clyde

Por la misma época, una pareja ocupaba los titulares de las noticias. Se trataba de Bonnie Parker y Clyde Barrow, cuya sangrienta historia se convirtió en una leyenda romántica gracias a la cinta de 1967 protagonizada por Warren Beatty y Faye Dunaway. Entre 1932 y 1934 los esposos recorrieron el país robando carros, estaciones de gasolina, bancos, tiendas, y tomando rehenes, en un camino en el que Clyde asesinó al menos a una docena de personas. Los detectives del FBI dieron con su paradero al seguir la pista de los vehículos que robaban, que los condujo a la casa de Henry Methvin, uno de los integrantes de su pandilla. Éste, para salvar su pellejo, aceptó delatar a la pareja. La Policía les tendió una trampa con el padre de Methvin como señuelo. El hombre fingió que su carro estaba dañado en una carretera de Louisiana y cuando Bonnie y Clyde pasaron por ahí, se detuvieron para ayudarlo, pero fueron sorprendidos por una lluvia de balas.

Un ladrón carismático

Otro criminal de la época de la Depresión fue John Dillinger, el más famoso ladrón de bancos y quien también fue idealizado por su audacia y por la manera como burlaba la justicia. El escape que lo convirtió en leyenda ocurrió en 1934, cuando engañó a los guardias de una cárcel en Indiana al apuntarles con una pistola de madera, un juguete que él mismo había hecho. Dillinger huyó en el carro del sheriff rumbo a Illinois y al pasar de un estado a otro con un auto robado, se convirtió en un objetivo del FBI. Tras meses pisándole los talones, una rumana que manejaba un burdel y se hacía llamar Ana Sage informó a los agentes que era amiga de una novia de Dillinger y que los ayudaría a capturarlo, si como recompensa evitaban que fuera deportada. Ella les contó que acompañaría a la pareja a ver una película en el teatro Biograph y que se pondría un vestido rojo para que la identificaran. A la salida de la función, uno de los oficiales encendió un cigarrillo como señal. Dillinger se dio cuenta de que había algo sospechoso y trató de escapar. Pero no alcanzó a sacar su arma. Tres tiros mortales lo alcanzaron. Espía en Bogotá

En la lista de los casos más famosos hay uno más reciente que se relaciona con Colombia. A mediados de los años 80, Aldrich Hazen Ames, quien era oficial de la CIA, empezó a venderle información clasificada de la agencia de inteligencia y del FBI a personal de la KGB rusa. Según los reportes de la oficina federal, muchos de los encuentros se realizaron en Bogotá y el espía habría recibido alrededor de 1,88 millones de dólares por sus servicios. Las alarmas se encendieron porque varios oficiales rusos contratados por la CIA y el FBI empezaron a ser ejecutados. Las sospechas apuntaron a Aldrich debido a que mostraba una prosperidad económica desproporcionada. En 1994 fue arrestado por agentes federales en Virginia y condenado a cadena perpetua. Su esposa, la colombiana Rosario Casas Ames, acusada de complicidad, fue sentenciada a 63 meses en prisión y hoy, luego de cumplir su condena, vive en el país.

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