Domingo, 19 de febrero de 2017

| 2006/12/16 00:00

Los discípulos amados

María Magdalena y Judas Iscariote fueron los personajes bíblicos del año. Una película y la aparición del evangelio del apóstol renegado consiguieron que se revaluara su historia y su relevancia en el cristianismo

Muchas personas creen que en ‘La última cena’ de Leonardo da Vinci aparecen todos los apóstoles, incluso María Magdalena

Para el pensamiento popular de los últimos dos milenios, María Magdalena era una prostituta, y Judas Iscariote, un traidor. Así estaba estipulado por la tradición de la Iglesia católica. Ella era una pecadora arrepentida, y él, un ser despreciable que vendió a Jesús por 30 monedas de plata. Nunca faltaron las imágenes, en el arte y el cine, de una Magdalena penitente, semidesnuda, esperando ser apedreada o limpiando con lágrimas los pies del Mesías. A Judas siempre lo representaron con mirada vil, o colgando de la rama de un árbol después de ahorcarse desesperado por su arrepentimiento. Dante Alighieri lo mostró en el círculo más bajo del infierno, cumpliendo la condena de ser masticado per secula seculorum por una de las bocas de un Lucifer de tres cabezas.

Cuestionar la interpretación que la Iglesia y la tradición han dado a estos personajes era considerado hasta hace poco un acto impensable y hasta herético. Pero la curiosidad de millones de personas acerca de los supuestos secretos que esconde la Iglesia sobre su nacimiento y los pilares de su fe llevaron a la explosión mediática de estos personajes durante 2006.

María Magdalena, figura protagónica dentro del best seller de 2003 El código da Vinci, llevado con gran bombo a la pantalla grande en abril de este año, se convirtió para muchos en el símbolo de la mujer discriminada por una tradición misógina que se negó a darle su lugar. La testigo principal de la pasión y resurrección de Cristo tiene apenas un papel secundario en los cuatro evangelios canónicos que hacen parte del Nuevo Testamento, en donde desaparece después anunciar que Jesús ha vuelto de entre los muertos y que ella habló con él. Además, casi 600 años después de ese hecho, el papa Gregorio I declaró durante una homilía que ella no había sido más que una meretriz que se había arrepentido de sus terribles pecados para seguir las enseñanzas de Jesucristo. Pasaron casi 1.500 años hasta cuando Pablo VI aclaró en 1969 que María Magdalena y la mujer pecadora que lava los pies de Jesús con sus lágrimas eran dos personas distintas. Luego, en 1988, Juan Pablo II la llamó "la apóstol de apóstoles", tal y como aparece en los evangelios gnósticos y apócrifos de Tomás, Felipe, Pistis Sophia y María Magdalena, que durante siglos estuvieron enterrados en la arena a orillas del Nilo.

Estos evangelios, que no son considerados textos reales e iluminados por la Iglesia, muestran a una María de Magdala considerada una igual entre los hombres, respetada por su valor intelectual y, ante todo, la discípula más querida por Jesús, quien la escoge para que siga predicando sus enseñanzas y la palabra de Dios. No obstante, muchos, como Dan Brown -el autor de El código da Vinci-, han interpretado ese afecto desde una óptica sexual y aseguran que ella fue la esposa de Cristo y la madre de su hija, y que su vientre es el tan buscado Santo Grial.

Sin embargo, para quienes han estudiado estos evangelios a fondo, esa aseveración le quita importancia a la figura de la Magdalena al negar su protagonismo como apóstol y cabeza del recién nacido cristianismo, y darle toda la importancia a su rol como esposa y madre.

En lo que todos los estudiosos coinciden es en que a esta mujer le negaron su papel principal en la historia del cristianismo cuando se buscó unificar la doctrina de la Iglesia bajo el régimen del emperador Constantino en el siglo IV. Quienes ganaron esa lucha fueron los ortodoxos que seguían las enseñanzas de Pedro, que era, según los evangelios gnósticos, el gran enemigo de María Magdalena y quien nunca aceptó que Jesús confiara más en una mujer que en sus discípulos hombres. Y como la historia la escriben los vencedores, ella fue perdiendo su relevancia, al punto de pasar a la historia como una pecadora.

Según demostró la investigación de la Nacional Geographic Society y la Maecenas Foundation for Ancient Art, ella no fue la única desprestigiada en las Sagradas Escrituras. El Evangelio de Judas, que fue restaurado y traducido después de haber sido encontrado en Egipto en 1974 y luego de permanecer guardado en el casillero de un banco durante más de dos décadas, demostraría que "Judas no fue el traidor que vendió a Jesús por unas monedas, sino el discípulo privilegiado al que encarga la misión más difícil, sacrificarlo". Todo esto, para darle cumplimiento a la profecía divina de que Cristo muriera limpiando los pecados del mundo y así naciera el cristianismo.

Además, el manuscrito fue revelado en la provocadora fecha del 6 de abril, siete días antes de Semana Santa, lo que hizo que Judas Iscariote, que según la Biblia traicionó a Jesús con un beso, se haya convertido este año en el protagonista de la sagrada celebración. Él, a quien según el Evangelio de Mateo, Jesús juzgó diciendo que "hubiera sido mejor para ese hombre no haber nacido", renace tras el descubrimiento del antiguo texto como el nuevo héroe y como el discípulo más querido del hijo de Dios. Es más, según el evangelio gnóstico, no cometió el gravísimo pecado del suicidio al no poder afrontar la culpa, sino que habría muerto apedreado por los demás discípulos que en su ignorancia no habrían entendido el proceder y la misión de Judas.

El Vaticano tampoco permaneció impávido ante la noticia que dio la vuelta al mundo. Benedicto XVI aclaró en un sermón durante la semana mayor que Judas seguía siendo un "hombre inmundo" dentro de la creencia católica, había rechazado el amor de Dios, había sido soberbio y sin duda había vendido a Jesús. Aun así, millones de personas alrededor del mundo sintonizaron el canal National Geographic en la noche del 9 de abril para ver el documental de El Evangelio de Judas.

"Los textos gnósticos muestran una visión espiritual, presentan una religión más mística, un Dios benévolo con quien se puede entablar una relación. Se trata la idea de que Dios está dentro del espíritu de todos, no afuera, ni en una institución. Y eso, por supuesto, llama la atención a muchos que quizá no estén de acuerdo con las nociones tradicionales de la Iglesia", dijo a SEMANA la doctora Karen King, profesora de historia eclesiástica del Divinity School en Harvard. Además, si se tiene en cuenta que la Iglesia perpetuó una imagen falsa de María Magdalena, son bastantes las personas que creen que lo mismo pudo haber pasado con Judas y con algunas de las bases de la doctrina cristiana.

La pregunta que despiertan estas revelaciones es si en efecto lo que se ha enseñado durante 2000 años, las creencias y los dogmas que fundaron una de las instituciones más poderosas de la historia, son las verdaderas enseñanzas de Jesús. Pero los historiadores coinciden en que al parecer no ha sido encontrado un texto escrito por él mismo, lo que se ha descubierto son diferentes interpretaciones de estas enseñanzas. Por lo tanto, creer en la que sería la verdadera historia del Mesías y sus discípulos, la oficial o la que se estaría revelando al mundo, sigue siendo un acto de fe.

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