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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Los dueños del mundo

Teorías de conspiraciones nunca han faltado. Se dice, por ejemplo, que el hombre no pisó la luna en 1969, sino que se trató de un montaje en plena Guerra Fría, y que el príncipe Carlos habría planeado el accidente en el que murió Lady Di, por el temor de la realeza de que la princesa tuviera un hijo árabe con Dodi Al Fayed que fuera medio hermano de los herederos al trono. Abundan quienes las creen, así como también los escépticos. Y eso es lo que sucede con el Club Bilderberg: para muchos no pasa de ser un grupo de políticos, banqueros, magnates influyentes en Occidente que se reúnen amistosamente para hablar sobre el futuro del mundo, es decir, un foro de discusión de alto nivel. Pero para otros se trata de una sociedad secreta y perversa formada por los más poderosos, cuyo fin es dominar el planeta. Quienes se inclinan por la segunda versión consideran que es demasiado sospechoso que desde hace más de cinco décadas y anualmente, estos personajes se den cita a puerta cerrada sin que los medios más reconocidos informen sobre el evento. "Es como si los 'paparazzi' supieran que las más destacadas celebridades van a coincidir bajo un mismo techo y no aprovecharan la oportunidad de mostrar las fotos", explicó a SEMANA el periodista ruso Daniel Estulin, quien acaba de publicar su libro La verdadera historia del Club Bilderberg. Sus 13 años de investigaciones siguiendo los pasos de "la élite de los todopoderosos" le han servido tanto para que su obra sea de las más vendidas de no ficción en España y Argentina y una de las más esperadas en el mundo, como para hacer una disección del grupo, gracias a sus contactos con agentes de cuerpos de inteligencia como la KGB y fuentes que pertenecen a la organización "que se han infiltrado a propósito para destruirla", cuenta. De esta manera elaboró su conclusión: "Se trata de un gobierno en la sombra que controla los más importantes organismos internacionales y que busca establecer el 'Nuevo Orden Mundial', es decir, una soberanía supranacional de la elite, en un mundo sin países, sólo regiones, con un solo ejército, una sola moneda y una sola religión, donde los ciudadanos serán esclavos". Agrega que para lograr este sometimiento el propósito es desindustrializar los países. Asegura que sus miembros principales son las dinastías Rockefeller y Rothschild, dueñas de emporios bancarios, que todos los presidentes norteamericanos desde Eisenhower han pertenecido al clan, así como los secretarios generales de la Otan, comisarios de la Unión Europea, representantes del Banco Mundial y del FMI, y figuras como Henry Kissinger, Bill y Melinda Gates, Hillary y Bill Clinton, Tony Blair, quienes se sientan junto a miembros de la realeza europea y los dueños de los más grandes medios de comunicación. El grupo es presidido por Etienne Davignon, el empresario y político más influyente de Bélgica. Aunque la existencia del club ya es de conocimiento público, sus reuniones se manejan con la mayor confidencialidad, una característica que sin duda ha contribuido al halo de misterio que lo rodea. Según el autor, aunque asisten representantes de periódicos como The New York Times y The Washington Post, no revelan detalles, pues están comprometidos a ello. Martin Wolf, consejero editorial del Financial Times y quien supuestamente habría sido invitado a estas reuniones, se negó a hablar con SEMANA sobre el tema. Se sabe que el grupo Bilderberg fue fundado por Denis Healey, líder del partido laborista británico; Joseph Retinger, uno de los creadores de la Liga Europea de cooperación Económica, además de David Rockefeller y el príncipe Bernardo de Holanda, padre de la reina Beatriz, quien habría organizado el primer encuentro en mayo de1954 en el Hotel Bilderberg, en la localidad holandesa de Oosterbeckl. Estulin explica que actualmente los invitados sólo conocen el lugar de la cita tres o cuatro días antes de que se lleve a cabo. Los cerca de 130 participantes, (de los cuales máximo 80 son asistentes habituales, y el resto, "especialistas en un tema de interés para los planes del grupo, quienes no conocen sus verdaderas intenciones") se hospedan por un fin de semana en un hotel sólo para ellos, custodiado por agentes de la CIA, del MI6 británico y del Mossad israelí, que con antelación han evaluado las habitaciones y el personal de servicio: "El empleado que despierte la mínima sospecha se va a casa". El valor de estos "festivales globalizadores" es de unos 10 millones de euros. "Tanto dinero para sólo discutir, ya de por sí es sospechoso", concluye el periodista. De acuerdo con su investigación, el afán de los "bilderbergers" es crear un gobierno único a cargo de la ONU. Y es que la idea de llevar a cabo estos planes se habría gestado mucho antes de la primera reunión. "El presidente Roosevelt sabía que el ataque de Pearl Harbor ocurriría, pero no lo evitó porque Estados Unidos necesitaba una razón para entrar a la Segunda Guerra Mundial porque sólo una guerra podría ser el pretexto para crear las Naciones Unidas", comenta. Otra de las creaciones de esta sociedad habría sido la Unión Europea: "Para llevar a cabo sus planes, pretenden acabar con la identidad de los países y proponer la creación de bloques económicos para luego unirlos". De hecho, asegura que otra de las jugadas maestras de los poderosos fue quitar a Margaret Thatcher de su cargo como primera ministra británica porque se oponía a entregar la soberanía de Inglaterra al supraestado europeo diseñado por el club. Su propio Partido Conservador fue el encargado de 'destronarla' a favor de John Major. El autor argumenta que el Watergate fue un montaje de los Bilderberg para quitarle la presidencia a Nixon y dársela a Gerald Ford quien, después de posesionarse, firmó la política exterior del "bilderberger" Kissinger. Estulin afirma que la revelación, en junio de este año, de que Mark Felt, ex funcionario del FBI, era la legendaria fuente 'Garganta Profunda', también habría sido un montaje. El libro dice que los "bilderbergers" deciden qué guerras hay que llevar a cabo, así como la de Las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido. El motivo habría sido que el país suramericano estaba vendiendo energía nuclear a México, lo que le reportaría muchas ganancias. Según Estulin, el desarrollo de una fuente de energía como la fusión nuclear no les interesa, ya que echaría por la borda el argumento de los "recursos naturales limitados" y sería clave para sacar a los países del Tercer Mundo de la pobreza. Estos se independizarían gradualmente de Estados Unidos, ya que no necesitarían ayuda externa y tendrían mayor independencia. También habrían acordado la guerra de Kosovo: el plan fue destruir la antigua Yugoslavia para utilizar esta provincia autónoma de Serbia como punto de entrada de heroína y opio a Europa. "De esta manera, el grupo puede tener el control de un negocio que al año, se estima, mueve 700.000 millones de dólares". Algo parecido habría ocurrido en el caso del Sha de Irán. Lo habrían quitado del camino porque él restringía el comercio británico de opio iraní, "pero desde que subió al poder el ayatolá Jomeini, aumentó el consumo". Por si fuera poco, Estulin afirma que el cerebro del plan del 11 de septiembre habría sido Dick Cheney, vicepresidente de Estados Unidos. "Todo se debe al control del petróleo. Necesitaban una razón para llevar a cabo la invasión a Afganistán y la guerra de Irak. Descubrí que para la reunión del club de 2002 los líderes europeos exigieron la presencia de Donald Rumsfeld, secretario de defensa norteamericano, para que aplazara la guerra hasta febrero o marzo de 2003. Si yo, por mucho que disponga de contactos, supe la fecha, ¿cómo es posible que los peces gordos de los medios de comunicación que acudieron a la reunión no la supieran?", escribe Estulin. Revela además que fue en la conferencia de 1991 donde Bill Clinton, entonces un virtual desconocido gobernador de Arkansas, fue ungido como futuro presidente. Pero lo más aterrador es que el autor cuenta que el club habría estado involucrado en el asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro porque planeaba estabilizar el país a través del pleno empleo, y en la ejecución del presidente de Pakistán Ali Bhutto, por su propósito de desarrollar armas nucleares. Ambas propuestas iban en contravía de la política Bilderberg de desindustrializar el mundo para bajar el nivel de vida de sus habitantes. También habrían jugado un papel en el magnicidio de John F. Kennedy: "Él quería devolver la moneda norteamericana al poder ejecutivo y evitar que la reserva federal, es decir, un banco privado controlado por los bilderbergers, siguiera imprimiendo el dinero". Ante este tipo de acusaciones, Denis Healey respondió en una ocasión: "No somos una sociedad secreta, sino privada. Decir que luchamos por un mundo con un único gobierno es exagerado. Sin embargo, los bilderbergers creemos que una única comunidad es mejor a seguir peleándonos por siempre, matándonos los unos a los otros y dejando a personas sin hogar". Estulin cuenta que, por su parte, David Rockefeller ha desvirtuado sus teorías tildándolo de conspirador. Pero precisamente para él la táctica más eficaz del club es hacer parecer inverosímiles las actividades que llevan a cabo. Es como dice una conocida frase: "La mejor estrategia del diablo consiste en hacer creer que no existe".
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