Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1996/12/02 00:00

LOS FILATELICOS

Cinco conocidos coleccionistas de estampillas relatan cuáles son sus reliquias y cómo las consiguieron.

LOS FILATELICOS

Cualquiera diría que la filatelia es en Colombia una afición de unos pocos fanáticos, pero la reciente Exposición Nacional realizada en Bogotá demostró que es una actividad floreciente que cada día cobra más adeptos entre los jóvenes. En el país hay más de 8.000 personas para las cuales las estampillas son una pasión a la que dedican gran parte de su tiempo y de sus ingresos. En América Latina, Colombia es el país que aglutina el mayor número de personas que estudian las estampillas en forma científica y algunas han recibido medallas de oro en eventos internacionales. Pero para ingresar a este mundo no basta con haber heredado un viejo álbum de estampillas del abuelo. Ser filatelista es una afición que exige disciplina y estudio. Cada sello es el registro de la época en que fue impreso. Y el secreto para ubicar las piezas más valiosas es conocer la historia completa sobre su emisión y sus características y estar a la caza de que sea subastada o puesta en venta. Aunque pocas personas estarían dispuestas a invertir sus ahorros en un viejo y diminuto papel impreso, para un filatelista esta es una reliquia. Y obtener el sello deseado para completar una colección puede convertirse en una compulsión. Además del placer de poseerla, una estampilla cotizada es una rentable inversión. Esos sellos que en el año de su emisión costaban unos pocos centavos, con el tiempo pueden llegar a valer varios millones de pesos. Pero no sólo el tiempo les da su valor, en la filatelia las imperfecciones son un valor agregado que hace que un error de imprenta convierta una estampilla en una pieza única en el mundo.Máximo honorLas colecciones tienen también jerarquías y un colombiano está catalogado en la máxima, o clase de honor. Se trata de Jairo Londoño Tamayo, uno de los pioneros de la filatelia en Colombia. Este industrial paisa ha ganado tres medallas de oro por su colección clásica de Colombia. Es el primer colombiano, y el segundo latinoamericano, que ha firmado el Roll Distinguished Philatelists, el libro sagrado donde cada año es nominado un filatelista distinguido del mundo. "Es lo más solemne y maravilloso que le puede suceder a un filatelista" _dice_. La última vez que exhibió su colección fue en 1994 en Corea, donde expuso al lado de la de la reina Isabel de Inglaterra.Presidente en tres oportunidades del Club Filatélico y cofundador de la Federación Filatélica Colombiana, en 1978 Jairo Londoño logró que Colombia fuera admitida en las exposiciones mundiales. Desde los ocho años empezó a recortar las estampillas de la correspondencia de su papá. "Esos papelitos de colores los pegaba en los cuadernos hasta que un profesor del colegio me enseñó cómo guardarlas. En 1939, cuando por trabajo llegué a Bogotá, aprendí sobre el valor y la historia de las piezas y cómo debía colocarlas en los álbumes", cuenta. De su extensa colección, la estampilla que más quiere es la número tres del Estado Soberano de Antioquia. "Es una serie de cuatro que se emitió en 1868 y fue muy limitada". Londoño las obtuvo luego de muchos años de viajes asistiendo a remates. Hoy su colección tiene un gran valor económico y sentimental porque cada estampilla tiene una historia y una anécdota. Toda una vida El ex ministro de Salud Juan Jacobo Muñoz es conocido en el mundo de la filatelia por su completísima colección de estampillas colombianas. En sus 10 álbumes están desde la primera estampilla emitida en el país en 1859 hasta la que salió en Colombia hace una semana. Por curiosidad también se ha dedicado a adquirir los sobres de primer día. "El día que sale una estampilla los presidentes y ministros la reciben. Yo los tengo desde el gobierno de Eduardo Santos hasta hoy, y siempre los he hecho firmar por el presidente del momento", dice orgulloso. Aunque estos sobres no tienen mayor valor "lo que realmente me interesa es su valor sentimental y la afición". Una afición que conoció desde los nueve años. "Mi mamá era coleccionista de estampillas y me enseñó todo al respecto", dice este médico especialista. De su gran colección, la que más quiere es la primera estampilla del departamento del Cauca. No sólo por su rareza sino porque es su departamento natal. Es una estampilla muy cotizada en el mercado porque se hizo con sello de lacre. "La conseguí hace 50 años en Popayán, a través del nieto de quien era el administrador de correos en 1879, cuando fue emitida, y quien me la vendió". Aunque Juan Jacobo Muñoz no ha participado en muchas exposiciones, ha dedicado mucho tiempo a esta afición y espera que el trabajo sentimental de toda una vida algún día le quede a sus nietos. "Todas las estampillas, hasta las que compré la semana pasada por sólo 400 pesos, valdrán dentro de 50 años una fortuna". Valiosa aficiónEl presidente del Club Filatélico de Bogotá, Augusto Peinado, tiene una de las mejores colecciones del país. Este pintor, poeta y escultor ha ganado tantas medallas de oro en filatelia que ahora solamente compite en la clase de honor. Su afición se inició a los 16 años, cuando heredó de su madre la colección de su abuelo el filatelista y periodista José Navarro. "Mis padres comenzaron a regalarme estampillas y empecé a tomarlo en serio", dicePara Peinado, las estampillas son una inversión que da grandes satisfacciones. "Cuando la gente alcanza cierta edad puede vender sus colecciones en remates internacionales y obtener grandes ganancias", señala. Y cuenta que gracias a la filatelia pudo tener su primera casa. "Con el dinero que recibí por mi primera colección pude construirla". Pero aclara que además de inversión esta es una afición cultural que requiere mucha disciplina. "Coleccionar estampillas es tener una pequeña enciclopedia con la cual se aprende de manera placentera". Su especialidad son los sellos del correo aéreo, desde 1919 hasta 1925, y el Estado Soberano de Antioquia entre 1869 y 1886. "Tengo estampillas tan raras como el único sobre en el mundo que fue enviado en 1886 desde Marinilla hasta Bogotá", dice con satisfacción. Pero la colección más valiosa y que más quiere son las nueve viñetas del nacimiento del correo aéreo en Colombia. "La compré en 1962 por 2.000 pesos cada una y ahora esas piezas valen aproximadamente 35 millones de pesos", dice. La nueva generaciónA los 15 años María Paula Giraldo prefiere gastar sus ahorros en comprar una estampilla que una blusa o un disco. A pesar de su corta edad ha participado en tres exposiciones y ha ganado medalla en bronce y bronce plateada. Aunque su abuelo fue un coleccionista, ella no alcanzó a conocerlo. "Creo que es algo innato", dice esta colegiala que es la más puntual en las reuniones del Club Filatélico. Un regalo que recibió a los 7 años la inició en esta afición. "Empecé a recolectarlas por bonitas y las guardaba en una cajita". Fue cuando llegó de Bucaramanga a Bogotá, hace cuatro años, y se vinculó al Club que aprendió los secretos del arte de la filatelia de los coleccionistas veteranos, que le enseñan y hasta la regañan cuando no hace las cosas bien. "Cuando hago mis colecciones investigo sobre cada estampilla y así he aprendido muchísimo a nivel cultural", dice. La pasión de María Paula por la filatelia es tal que el dinero que gana vendiendo brownies en el colegio lo utiliza para comprar estampillas. "Prefiero gastarme 50.000 pesos en ampliar mi colección que comprar otra cosa", dice esta quinceañera especialista en el tema de los juegos olímpicos. Sin embargo la colección que más quiere es una carpeta china que le regaló un amigo de su papá. "Se trata de una carpeta con todas las estampillas que salieron en la República de China Popular durante el año de 1992". Aunque le han hecho buenas ofertas, ella no la vende porque, como buena filatelista, lo que menos le importa es su valor comercial.Fina estampaEl mayor orgullo del médico oftalmólogo Mario Ortiz es poseer la estampilla más pequeña y la más grande del mundo. Todo comenzó gracias a un tío que le escribía a su madre. "Cada vez que llegaba una carta me llamaban la atención las pequeñas estampillas, los colores, las diferentes lenguas y alfabetos que estaban impresos en ellas", dice. Hoy Ortiz anda tras las primeras nueve viñetas aéreas de Colombia. En su colección ya tiene seis y sigue buscando las otras tres.La única razón para que deje a sus pacientes es viajar a exponer sus colecciones. Hasta el momento ha ganado premios en Argentina, Polonia, Turquía y España. Su colección ha sido adquirida en 50 años de búsqueda en casas filatélicas, con comerciantes y en remates nacionales o internacionales. "Tengo la mejor colección del mundo de cubiertas de valor declarado, y la de los primeros vuelos en Colombia está entre las mejores", cuenta orgulloso.Dedicarse a la paciente afición de analizar con lupa los sellos de correo y manejarlos con pinzas para clasificarlas en decenas de álbumes no es una actividad tan tranquila y solitaria como parece. A la par con la parafernalia de instrumentos existe una industria de catálogos, revistas y libros y una gran actividad de exposiciones y subastas en las que se mueven sumas millonarias. Pero en el mercado de las estampillas no todo el mundo compra todo. Cada coleccionista tiene su especialidad. Hay quienes se dedican a coleccionarlas por eventos o temas tales como música, literatura, personajes, animales, plantas o monumentos históricos. Algunos reúnen las de un país o un período histórico determinado; otros eligen un motivo, el matasellos o el tipo de correo.

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