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| 6/26/2013 12:00:00 AM

Los niños paisas que fueron a la NASA gracias a su poesía

Para lograr su sueño de conocer la NASA, 24 niños de Medellín escribieron poemas. La agencia espacial los invitó a Cabo Cañaveral.

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BBC
Un grupo de niños de Medellín tenía un gran sueño: conocer las instalaciones de la NASA, la agencia espacial estadounidense, en Florida. Y aunque no tenían dinero, sí contaban con un recurso que resultó ser más poderoso: la poesía.

Fascinados con el espacio y, sobre todo, dispuestos a cumplir su meta a pesar del entorno conflictivo en el que viven, los 24 pequeños de apenas 10 u 11 años de edad tomaron una decisión valiente: convirtieron su sueño en verso.

Así nació el proyecto "Huele a Sueños". Es un libro, aún inconcluso, de tres capítulos y unos 50 poemas, cuentos cortos y dibujos, que crearon los niños para darse a conocer y recaudar fondos para el viaje.

Son palabras que atravesaron fronteras, pues la NASA se enteró del proyecto y decidió invitar a los niños al Centro Espacial Kennedy, cerca de Orlando, en Florida.

BBC Mundo acompañó a los 24 estudiantes -quienes nunca habían salido del país y nunca habían viajado sin sus familiares- mientras hacían su sueño realidad en Estados Unidos.

Jardín de cohetes

El Centro Educativo Paraísos de Color, donde estudian los niños, es una casa en un barrio de Medellín afectado por la delincuencia.

Su directora, Diana Lucía Restrepo, dice que los niños están "tan apretados como los granos de la mazorca" y explica que no tienen un jardín propio para jugar.

Pero en el Centro Espacial Kennedy, por lo menos por un día, los estudiantes corrieron libremente por una explanada que alberga algunos de los vehículos que llevaron a los estadounidenses al espacio.

Los niños caminaron hasta las bases de estas inmensas estructuras, se subieron a las cápsulas para experimentar la incomodidad de los astronautas, aprendieron sobre los satélites y luego, en un simulador, recrearon lo que se siente al viajar al espacio.

Sobre todo, a juzgar por las sonrisas, fueron felices.

"Pasan y pasan los minutos y los niños todavía me siguen preguntando 'profe, ¿ya estamos aquí?'", me cuenta Restrepo al final del día, mientras los niños se divierten en una atracción del juego Angry Birds.

Y luego, ya de vuelta en su hotel, uno de los niños, Damián, escribe: "A veces sentía que brillaba todo mi cuerpo. Tal vez nunca vuelva a sentir eso, pero puedo ayudar a que otros niños sientan esa energía. Nunca olvidaré esa sensación, tal vez algún día entienda del todo la suerte que tuve al estar allá".

El sueño continúa


Damián, de 11 años, fue precisamente el creador del sueño. Un día, en su casa, vio la película Contacto, basada en el libro homónimo de Carl Sagan, y quedó fascinado con la astronomía.

Llegó al colegio emocionado a contarles a sus amigos lo que había visto. Fueron entonces a la oficina de Diana Lucía Restrepo, que ellos bautizaron "la oficina de los sueños", y le contaron su idea. La meta de ir a la NASA acababa de nacer.

Empezaron a componer sus versos e hicieron una promesa: "Así seamos astrónomos, poetas, hasta las personas más ocupadas del mundo, siempre prestaremos atención a los sueños rodantes por el cosmos. Sacaremos muchas sonrisas a los niños del universo, así como nosotros también tenemos la suerte de sonreír hoy".

Y comenzaron también a enviar cartas y a buscar ayuda para financiar el viaje: le escribieron a la viuda de Carl Sagan; a Peter Higgs -el hombre detrás del nombre de la "partícula de Dios"- y a la científica colombiana de la NASA Adriana Ocampo.

Ocampo, precisamente, había tenido un sueño parecido en su infancia: cuando era una niña salía en las noches a la terraza de su casa, siempre acompañada de su perro Tauro, y se preguntaba por esos "puntitos de luz que veía en el cielo".

Intrigada por lo que podía estar más allá, decidió mandarle una carta a la NASA en español y ante su sorpresa, recibió una respuesta.

Por eso, años después y ya como una astrónoma importante, Ocampo les escribió a estos niños y los invitó al Centro Espacial Kennedy.

Ellos, con la invitación en mano, comenzaron a recaudar el dinero: pidieron un préstamo bancario, hicieron rifas, vendieron postales y organizaron bingos.

Y ahora, tras recorrer el centro, le respondieron a Ocampo con una nueva promesa: "Hoy comienza el Capítulo 4 de "Huele a Sueños", escribió Damián.

"Lo único que les puedo decir, lo que les puedo dar, es la enseñanza de que todo es posible, y si sueñas todo puede pasar", continuó.

De eso pueden dar fe, con propiedad, estos 24 niños poetas de Medellín.
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