Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/11/17 00:00

LOS PRINCIPES CONSORTE

Estos dos hombres podrían ser los primeros colombianos en estar casados con una Presidenta de la República.

LOS PRINCIPES CONSORTE

Los casos históricos de hombres que han vivido a la sombra de mujeres gobernantes son ampliamente conocidos. En la realeza está el príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, quien en todos los actos oficiales camina unos centímetros detrás de su esposa, según las normas del protocolo de la monarquía británica. El modelo contemporáneo más representativo es el de Dennis Thatcher, esposo de la ex primera ministra de Gran Bretaña Margaret Thatcher, una persona muy reservada y discreta que no tuvo mayor figuración durante el gobierno de la 'Dama de hierro'. En Colombia ningún hombre ha tenido que vivir en carne propia esa experiencia. Sin embargo, en esta contienda electoral hay dos profesionales que podrían convertirse en el modelo criollo del príncipe consorte. Se trata del constructor Mario Rubio, esposo de Noemí Sanín, y del economista Manuel Martínez, esposo de María Mercedes Cuéllar. No ha sido una situación fácil para ninguno de los dos. Aunque respetan la decisión que tomaron sus esposas y saben que la misma significa una vida social agitada y una figuración pública permanente, los dos prefieren seguir manteniendo un bajo perfil y una vida tranquila. Son reacios a las entrevistas, a las fotografías y, salvo en contadas excepciones, nunca acompañan a sus esposas en los compromisos sociales o políticos. "Yo nunca le insisto a Manuel porque sé que no le gustan esas cosas", afirma María Mercedes. Esferas propiasAunque los dos quieren mantener la privacidad y el anonimato, no cabe duda de que el menos interesado en involucrarse en el tema de la política es Mario Rubio. Esta no es una decisión nueva. Según la propia candidata, a él nunca le gustó mucho la idea de que ella siguiera una carrera de servicio público. "No era rivalidad. El problema es que mi trabajo significaba muchas separaciones y ausencias". No obstante, con el tiempo ambos se ajustaron a los gajes de este oficio y hoy cada uno respeta las ambiciones profesionales de cada cual. Esta decisión, aunque ha sido un demostración de madurez de parte y parte, les ha costado muchas separaciones. En las dos oportunidades en que Noemí ha desempeñado cargos en el exterior _primero como embajadora en Venezuela y luego como embajadora de Colombia en el Reino Unido_, él prefirió permanecer en su residencia en Bogotá. Sin embargo viajaba con cierta frecuencia a verla. Pero la decisión de Rubio de estar al margen de la vida pública de su esposa es tan drástica que nunca se monta en un carro oficial. De acuerdo con allegados, él aún no conoce la sede de la campaña presidencial de la candidata. El caso de Manuel Martínez es un poco diferente. Si bien prefiere no tener ninguna figuración pública y sus compromisos sociales se limitan a reuniones con sus más cercanos amigos, Manuel y María Mercedes comentan en el plano familiar muchos temas relacionados con sus actividades profesionales. Según amigos de la pareja, ambos hablan de sus proyectos, debaten sus enfoques acerca de las soluciones a los problemas del país y discuten temas académicos en el campo económico. De hecho, Manuel participa tangencialmente en la campaña, organizando los viajes de la candidata, pero sin intervenir en cuestiones más oficiales.
Ni celos ni rivalidades Pero esta decisión de permanecer al margen no tiene que ver con rivalidades ni celos profesionales, ni mucho menos con rezagos de machismo. Por el contrario, es una muestra de que han pasado la prueba de fuego de las parejas modernas, que consiste en comprender y aceptar que cada uno de ellos necesita su espacio propio y su desarrollo individual. En el caso de Noemí, así como casi nunca interfiere en las actividades de su esposo ella tampoco lo obliga a participar en la actividad política. "Sabemos que cada uno tiene su esfera propia y que nos encontramos en la esfera familiar". Aunque no le importa colaborar en una que otra actividad política, Manuel, quien se desempeña como secretario general del Fondo Latinoamericano de Reservas, nunca ha pensado en dejar su trabajo para dedicarse de lleno a ese campo. Una cosa en común entre estas dos parejas colombianas es que las actividades profesionales de ambos las ha llevado a ser muy democráticas a la hora de repartir las cargas del hogar. "Mario maneja el presupuesto familiar y yo el de la casa. Pero ambos supervisamos las finanzas del hogar", dice Noemí. En casa de los Martínez las tareas domésticas están muy bien distribuidas. Mientras María Mercedes se encarga de que todo en la casa funcione, Manuel colabora en el cuidado de las hijas y se encarga de llevarlas al médico, de asistir a las reuniones de padres de familia y de recogerlas cuando sea necesario. Aunque es muy temprano para hacer pronósticos los dos han pensado ya en la posibilidad de que sus esposas sean las futuras dueñas de casa del Palacio de Nariño. Martínez no duda en que colaboraría en el gobierno de su esposa de una manera informal, aunque lo que más le preocupa de todo el asunto es el título que le pondrían. La situación está más definida en el caso de Rubio. Su participación en la política sería nula e incluso no estaría dispuesto a trasladarse a la sede del gobierno colombiano. "El no estaría de acuerdo con la mudanza. Tendríamos que ver cómo establecemos las visitas conyugales", dice su esposa, Noemí Sanín. En cualquier caso, ya que todo presidente necesita una primera dama, Noemí ya sabe cuál va a ser su estrategia: "De ser elegida Presidenta, pienso que mi hija María Ximena Durán podría liderar ciertas actividades sociales". Lo único cierto es que, aunque el caso de Rubio y Martínez en la actualidad es excepcional, al menos ya son dos. Y para no sentirse tan exóticos ya están pensando, como se lo dijo Manuel Martínez recientemente al diario El Espectador, "en formar el club de primeros damos".

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