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| 3/24/1986 12:00:00 AM

LOS TEMORES DE ANIBAL

George Peppard está cansado de jugarse la vida en las filmaciones de"Los magnificos"

A los 57 años, el actor George Peppard que interpreta el personaje de Aníbal en la serie "Los magnificos", se agarra a puños y patadas con los malos, salta desde un vehículo a toda marcha, rueda por una colina, fuma constantemente un enorme puro, corre para protegerse de una explosión que él mismo provoca y se mantiene demasiado activo durante la hora editada que dura cada capítulo.
Para su edad, se ha sobrepasado y por eso puede morirse cualquier día de estos en pleno rodaje. Tantos golpes, tantas jornadas extendidas desde las seis de la mañana hasta la medianoche, porque muchas veces hay que repetir ciertas tomas importantes, y sus constantes rencillas con otro de los protagonistas, Mr. T., el negro corpulento que difícilmente sabe hablar, han convertido a Peppard en un saco de calamidades y quejas mientras espera que cualquier día lo sorprenda la muerte.
Para prolongar su amenazada vida ya no trabaja cinco días a la semana sino cuatro, no acepta seguir rodando después del mediodía y ha reducido las escenas más peligrosas, empleando un doble que hace ahora su trabajo sucio. Esta nueva modalidad ha encarecido la serie por supuesto y los productores, si persiste esta situación alarmante, pronto decidirán el cambio de actor. Los amigos más cercanos de Peppard aseguran que en el fondo, eso es lo que quiere. Es más, lo citan con esta frase: "¿De qué me servirán mis millones si tengo que irme pronto a la tumba?".
El actor, quien comenzó su carrera llena de altibajos con una película llamada "La casa de la colina", en la que debutó otro famoso y mimado de la fortuna, George Hamilton, al lado de Robert Mitchum y Eleanor Parker, está asustado y todas las semanas se somete a intensos exámenes médicos que retrasan más la grabación de los nuevos capítulos.
Todo comenzó en octubre pasado. Estaban filmando una escena de acción, Peppard tenía que abrir la puerta de un camión y lanzarse a un barranco cuando prácticamente quedó paralizado. Un relámpago de dolor, ardiente, le recorrió el pecho y los brazos, lo inmovilizó, lo dobló y lo lanzó al suelo. Los compañeros de rodaje que estaban atentos a la acción sólo vieron cuando Peppard, como otras centenares de ocasiones, saltaba y caía pero luego se preguntaron por qué no se levantaba enseguida. Había perdido el conocimiento. En la clínica los médicos se sorprendieron por la forma como se comportaba su corazón. Más tarde, el paciente comentaría que le daba verguenza que todos en la sala oyeran los latidos tan fuertes y por un momento pensó que el corazón sufriría alguna contusión seria.
Cuando pasó el susto, el médico personal le soltó el diagnóstico simple: "Exceso de trabajo, sufres de estrés. Es hora de que te detengas". Peppard no lo creía. Hasta ese momento se sentía bien, la serie caminaba como una de las favoritas dentro y fuera de Estados Unidos y aunque Hollywood lo buscaba cada vez menos, se sentía cómodo con su personaje de Aníbal, el oficial que comanda ese grupo de ex combatientes de Vietnam que defiende a los débiles. Quizás el único lunar de su trabajo estaba en las pésimas relaciones que sostenía con Mr. T., a quien públicamente acusó de bocón cuando dio unas declaraciones destempladas contra la serie, contra los personajes contra Peppard, contra los productores y hasta contra sus padres a quienes había ridiculizado en una supuesta autobiografía.
Peppard sintió miedo. Miedo a la muerte, miedo a dejar sola su hermosa mujer, miedo a tener que abandonar la serie en peores circunstancias. A la mañana siguiente del diagnóstico fue hasta la oficina de los productores y les dijo, mordiendo su tabaco: "A partir de este momento, me declaro en vacaciones. Necesito descansar antes que el corazón me estalle como un melón". Los productores hicieron cuentas bajo la mesa, sumaron, restaron y multiplicaron en sus calculadoras de bolsillo y le dijeron que sí, que más valía suspender la serie que tener que lamentar algo peor.
Peppard y su mujer se fueron a Hawaii y todos los días llamaba a sus amigos para ver qué estaba pasando. Lo esperaban ansiosamente, pero cuando regresó todos supieron que la máquina de trabajo que antes se pasaba los siete días de la semana de sol a sol en el sitio de rodaje, atento a los menores detalles, ahora sería utilizada a media marcha. El motor estaba averiado. Peppard tiene una explicación: "Esta ansiedad que me ha enfermado tan seriamente nació cuando vi que la serie comenzaba a bajar en los ratings, entonces hacíamos más locuras, nos preocupábamos para que las escenas de acción tuvieran más violencia, peleábamos más, corríamos más y así veíamos varias semanas después cómo la sintonía subía de nuevo, pero en ese tren ni el más sano podía aguantar tanto".
Regresó, redujo a la mitad su intensidad de trabajo y hasta hizo las paces con Mr. T., con quien públicamente se abrazó y hasta intercambió regalos. Cuando este nuevo horario de rodaje comenzó a retrasar los capítulos, los productores intentaron protestar, pero Peppard les salió adelante: "Si quieren, vayan buscando otro actor, porque he decidido que prefiero disfrutar de mi fortuna, con vida...".
La dieta es intensa, el descansco es lo primordial y cuando el televidente colombiano contemple los domingos a las cuatro de la tarde este grupo de intrépidos que no le tienen miedo a nadie, busque alguna señal de agotamiento en ese hombre rubio, bien plantado, con un tabaco entre los dientes, que se la pasa dando órdenes y pensando por los demás. Ese hombre tiene miedo aunque no lo sepa demostrar.--
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