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| 11/28/1994 12:00:00 AM

LOS THREE-AMANTES

Estas fueron -según la biografía de Jonathan Dimbledy- las tres ocasiones en las que el príncipe Carlos se lanzó en los brazos de Camila.

EN SU BIOGRAfía el principe de Gales confiesa a Jonathan Dimbledy que él tuvo tres romances con Camila. El primero en 1972, cuando él tenía 23 años. La relación fue interrumpida porque él tuvo que embarcarse en la Armada Real. Cuando regresó, Camila se había comprometido con Andrew Parker-Bowles. La segunda ocasión, estando ella casada, a finales de los 70, antes de anunciar su compromiso con Diana Spencer. Y la tercera, a finales de 1986, cuando se dió cuenta que su matrimonio se iba a pique. Estos son apartes del libro:

EL DIA QUE CONOCIO A CAMILA

"Entre las jóvenes que el príncipe cortejaba, apenas cumplidos los 20 años, hubo una que dejó en el una huella indeleble. Le fue presentada por Lucía Santa Cruz, una compañera de estudios de Cambridge, quien un día, en 1970, declaró con inocente entusiasmo que había encontrado 'la chica ideal para el príncipe'. Camila Shand era una joven agraciada, que a diferencia de otras que el príncipe había conocido no era coqueta ni pretensiosa y hacía que él derramara lágrimas de risa. No le importaban las modas y permanecía en su casa de campo rodeada de caballos. Era afectuosa, irreverente, y él perdió su corazón por ella casi al instante y con toda la intensidad de un primer amor.
En ese entonces, la especulación acerca de cuándo y a quién debía desposar el príncipe no era ni siquiera un susurro. Después de todo, él tenía apenas 23 años y acababa de iniciar su exigente carrera en la Armada Real. Según la prensa, era el más codiciado soltero sobre la Tierra y la suerte le sonreía. Sin embargo, sabía que quien se casara con él se casaba más con una institución que con un hombre. Su consorte sería la futura reina de Inglaterra, objeto de curiosidad insaciable y del capricho popular. Con esas dudas y esa sensibilidad, que lo hacía encantador para las mujeres, Carlos había confiado a sus amigos íntimos que no podía concebir que alguien con quien él quisiera casarse, quisiera a su vez hacerlo con él.


EL PRIMER AMOR

"Con Camila Shand, no obstante, se atrevió a pensar que había podido superar ese estigma. Terminando el otoño de 1972, se veían frecuentemente y, entre más estaban juntos más confidentes eran. En su compañía encontraba la paz y sentía que ella podía ser más que una amiga. Para su deleite, le parecía que estos sentimientos eran recíprocos. Los dos sabían también que muy pronto el príncipe debía salir hacia el Caribe, en la fragata HMS Minerva, lo cual los separaría durante ocho meses.

Si bien después hubo especulaciones acerca de que antes de su partida el príncipe le habría pedido a Camila que se casara con él, de hecho, aunque se sentía muy atraído por ella, aun estaba muy joven e inseguro de sus sentimientos para contemplar dicho paso. Y ambos eran muy reservados como para tocar el tema. En el umbral de lo que iría a ser la más íntima amistad de su vida, el príncipe tuvo que afrontar la partida sin la seguridad de que su relación iba a soportar la separación. Pocos días antes de partir, invitó a Camila y su tío, Lord Mountbatten, a almorzar en el Minerva y a un tour por el barco. Ella volvió al siguiente fin de semana. 'La última vez que la vería durante ocho meses', le escribió Carlos tristemente a Mountbatten.


AMOR DE LEJOS...

"Entre más permanecía en el mar, más afligido se mostraba Carlos por la separación de su familia. Su consuelo era verse con su tío en abril, en una pequeña isla caribeña donde la hija de Mountbatten y su esposo tenían una casa.

Los siete días que pasó allí sobrepasaron su imaginación. Cada día salía temprano a caminar por la playa o a nadar. Hacía también recorridos en bote y picnics. 'Nunca he experimentado nada más cerca a lo que debe ser el paraiso', dijo a un amigo. Después de partir, le escribió a sus anfitriones: 'Cada momento fue saboreado hasta el límite. Fue muy parecido a regresar a casa. En el instante de despegar un sentimiento de vacío y desesperanza invadió mi estomago'.

Carlos acababa de saber que el amor de su vida, Camila Shand, había decidido aceptar una propuesta de matrimonio de Andrew Parker-Bowles, quien había sido su novio antes de conocer al príncipe. Cualquiera que fuera la razón, parecía particularmente cruel que después de 'una placentera, pacífica y feliz relación para ambos', el destino hubiera decretado que sólo durara seis meses. Con 'nadie' a quien visitar en Inglaterra, escribió: 'Supongo que el sentimiento de vacío desaparecerá eventualmente'.


LA ESPOSA DEL AMIGO

"A los 33 años, la idea de matrimonio rondaba a Carlos con mayor intensidad. Era un asunto tanto del corazón como del deber. Había llegado a la conclusión de que la prensa no lo tomaría seriamente hasta que no se casara. Pero su actitud hacia el matrimonio era complicada por sus sentimientos hacia Camila Parker-Bowles, quien había empezado a aparecer nuevamente en su vida. Su esposo, Andrew, amigo de Carlos y del resto de la familia real, era un invitado regular en Balmoral, Sandringham y Windsor. Y ahora las invitaciones se hacían extensivas a su esposa.

El príncipe seguía considerando a Camila su mejor amiga. No se encontraban mucho a solas, pero hablaban extensa y frecuentemente por teléfono. Y en ese proceso sus sentimientos crecieron en intensidad y en fuerza, hasta el punto que su profunda amistad podría ser llamada amor. Quienes estaban cerca de Carlos, llegaron a suponer que se trataba de un amor clandestino, el cual, temían, se conociera y se convirtiera en un escándalo. Incluso el príncipe fue advertido de que una unión ilicita podría perjudicar la estabilidad de la corona. Pero su amistad con Camila había llegado a convertirse en algo vital para él y no estaba dispuesto a perder una relación tan preciada sólo por la ansiedad de otros.


MATRIMONIO POR DEBER

"Si bien el príncipe nunca tuvo la ilusión de construír un feliz matrimonio, su disposición natural era la de crear la vida ejemplar de familia que los medios de comunicación le exigían como deber constitucional. A comienzos de los 80, la necesidad de perpetuar la Casa de Windsor llegó a convertirse para Carlos en un imperativo. Fue en este momento cuando conoció a Diana y decidió casarse con ella. El príncipe le mencionó a su novia el tema de Camila y le explicó que había sido una de sus amigas más íntimas pero ahora que estaba comprometido y se iba a casar, no habría otra mujer en su vida.

Pero aunque Carlos y Camila habían aceptado que su relación no podía mantenerse más, los sentimientos del príncipe por ella no habían cambiado. Ansioso de no parecer que estaba apartándola de su vida, quiso agradecerle su comprensión y apoyo. Días más tarde, le pidió a su asistente que comprara un brazalete y le grabara las letras GF, que querían decir 'Girl Friday', el apodo que el príncipe le daba a Camila.

En julio de 1981, el brazalete fue encontrado por Diana entre los múltiples regalos que se empezaban a recibir en el Palacio de Buckingham. Ella se imaginó lo peor y se enfrentó a Carlos. Hubo una acalorada discusión en la cual el príncipe insistió que, como un acto de cortesía, se sentía obligado a darle el brazalete personalmente a Camila. Unos días más tarde, se lo entregó y le dijo adiós.

Doce años después, se dijo que el príncipe había estado con Camila la noche anterior a su boda. De hecho, esa noche, permaneció con uno de sus más cercanos amigos, quien comentó que Carlos estaba confuso y ansioso y había dicho: 'A veces me aterra el hecho de hacer una promesa y tener quizás que lamentarlo con posterioridad'.


ADULTERIO REAL

"No fue sino hasta finales del 1986 que la amistad del príncipe con Camila se restableció. En ese momento él empezó a frecuentar a sus viejos amigos, de los cuales se había alejado por su esposa. Como él explicaría después: 'cuando el matrimonio se acaba, tan miserable y horrible como puede ser eso, los amigos son de gran ayuda. De otra manera, uno se volvería loco'.

Durante más de cinco años, desde el compromiso con Diana -en febrero de 1981- el príncipe no había tenido ningún contacto con Camila. Excluyendo esa ocasión antes de la boda, cuando le dio el brazalete, sólo la había visto en reuniones sociales. Aparte de unas cuantas conversaciones durante sus cuatro meses de compromiso, sólo una vez después de su matrimonio se habían hablado: cuando la llamó para contarle que la princesa estaba embarazada.

Pero cuando su matrimonio había 'irremediablemente fracasado', Carlos empezó a hablar nuevamente con Camila, en busca de apoyo. Ella usualmente iba a Highgrove con su esposo o alguno de los amigos del príncipe, y las oportunidades de estar a solas eran poco frecuentes. Pero no había duda de que se amaban. En Camila, el príncipe encontró el calor, la comprensión y la seguridad que siempre ha deseado y que nunca encontró en otra persona".
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