Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/11/09 00:00

LOS VERDADEROS MAGNATES

Bill Gates, el hombre más rico del planeta, no está ni siquiera entre los primeros cuatro millonarios estadounidenses más grandes de la historia.

LOS VERDADEROS MAGNATES

Con un patrimonio estimado en 61.700 millones de dólares Bill Gates es conocido como el hombre más rico del mundo. Sin embargo estos jugosos millones no han sido suficientes para posicionarlo como el norteamericano más adinerado de la historia. Por encima suyo hay por lo menos cuatro magnates que han amasado fortunas más exorbitantes que la suya, entre ellos uno que la triplica. Al menos eso es lo que asegura la revista estadounidense American Heritage en su edición de octubre. El reconocido magazín realizó una investigación histórica y, tras comparar la corrección monetaria, clasificó a los 40 millonarios más poderosos de Estados Unidos a lo largo del tiempo.
La lista la encabeza John D. Rockefeller (1839-1937), el magnate petrolero que durante décadas movió los hilos de la economía mundial a través de la famosa compañía Standard Oil. Su fortuna, calculada en 189.600 millones de dólares actuales, es seguida de cerca por la de Andrew Carnegie (1835-1919), avaluada en 100.500 millones de dólares. A la lista se suman Cornelius Vanderbilt (1794-1877) con 95.900 millones de dólares y John Jacob Astor (1763-1848) con 78.000 millones de dólares.
Para determinar las fortunas la revista tomó el patrimonio de cada uno de los empresarios y calculó qué porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos representaba en esa época. Luego multiplicó esa cifra por el PIB actual y llegaron al valor equivalente en el presente. Por ejemplo: John D. Rockefeller tenía un patrimonio estimado de 900 millones de dólares en 1913. Ese monto representaba el 2,3 por ciento del PIB norteamericano de ese año. Si ese porcentaje se aplica al tamaño actual de la economía estadounidense _8,35 billones de dólares_ se obtiene un valor estimado de 189.600 millones de dólares.

El siglo de oro
El siglo XIX fue el caldo de cultivo de las grandes fortunas de Norteamérica. Los años locos de la revolución industrial fomentaron el espíritu capitalista y los jóvenes visionarios hicieron su agosto en un mundo que estaba por descubrirse. Negocios como la minería, los medios de transporte y las finanzas se convirtieron en gallinas de huevos de oro. A la rentabilidad de estos productos se sumó la inexperiencia de los propios estados de la Unión, que no sabían cómo controlar los nuevos recursos y no tenían leyes eficaces que regularan la competencia. Esto permitió que, bajo el concepto de progreso y desarrollo, se fueran sentando las bases de las prácticas monopolísticas. Mientras los pequeños negociantes se dejaron embelesar por los adelantos industriales, los hábiles empresarios fueron ganando terreno y en poco tiempo se apoderaron de la economía mundial sin que nadie se atreviera a chistar.
Pero no todos los millonarios de esa época fueron capitalistas sin corazón. Este fue el caso de Andrew Carnegie, quien prácticamente donó toda su fortuna antes de morir. Atormentado por una infancia pobre y desdichada, el magnate del acero se volvió un abanderado de los derechos de los niños y la educación. Por esta razón construyó más de 2.000 bibliotecas públicas en Estados Unidos, Inglaterra, Canadá y Francia.
Aunque nadie niega que estos hombres de sacoleva y sombrero de copa superan a Bill Gates en unos cuantos millones, lo cierto es que el joven presidente de Microsoft no se va a quedar para siempre en el quinto lugar. De seguir las cosas como hasta ahora no tendría nada de raro que Gates se convirtiera en el Rockefeller del siglo XXI.

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