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| 7/16/2001 12:00:00 AM

Los Walt Disney criollos

En el Quindío tres paisas construyeron el Parque Panaca para que los citadinos se sientan como en su propia finca.

Es mediodia en la estación de ganadería, una de las más visitadas del Parque Panaca, y mientras los niños de un colegio y un par de familias observan con atención las diferentes clases de ganado colombiano, la puerta de un corral se abre y deja salir a más de 40 pequeñas cabras que no superan los 50 centímetros.

El lugar se inunda de gritos de emoción. Algunos niños acarician a las cabritas mientras otros les dan tetero. Al fondo, un papá sentado en un butaco de madera le enseña a su hijo cómo ordeñar una vaca. Y un poco más lejos, dos pequeños posan para una foto montados sobre un inmenso búfalo.

Escenas como estas son posibles vivirlas en Panaca, el Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria, en el municipio de Quimbaya, a media hora por carretera de Armenia.

En medio de los cafetales del Quindío se encuentra esta inmensa finca, que cuenta actualmente con la mayor muestra en el mundo de animales domésticos y en donde sus visitantes pueden participar de manera activa en las actividades propias de una granja.

Los creadores de esta innovadora idea son Jorge y Juan Ballén y Gustavo Córdoba, tres paisas que, como ellos mismos lo dicen, “somos hombres de finca que amamos el campo”.

Hace varios años, cuando Jorge Ballén estudiaba agronomía en la Universidad de Zamorano, en Honduras, le propuso a su mejor amigo, Gustavo Córdoba, la idea de crear un inmenso parque agropecuario donde la gente pudiera ordeñar, ensillar caballos, motilar ovejas, sentirse como en su propia finca y aprender todo sobre el campo. Sin embargo el proyecto parecía un poco descabellado en pleno siglo XXI, en el que las montañas rusas, los viajes por el futuro de Epcot Center, las películas en tercera dimensión y los videojuegos son las distracciones más llamativas para grandes y pequeños.

Después de varios años de madurar la idea, en diciembre de 1999, los Ballén y Córdoba decidieron abandonar sus fincas y negocios en Antioquía y se trasladaron a Quimbaya para iniciar la construcción del sueño de su vida. Un año de arduo trabajo y deudas, de visitas para buscar apoyo de la empresa privada y de los gremios agropecuarios, de construcción, de recolección de animales y de aterrizar ideas para plasmarlas en el proyecto, dio como resultado un hermoso parque a la altura de los mejores del mundo. Lo primero que hicieron fue construir sus fincas dentro del terreno del parque. Reconstruyeron una vieja hacienda cafetera que hoy utilizan como hotel para alojar visitantes. El diseño del parque estuvo a cargo de la arquitecta María Mercedes Mejía, esposa de Juan, quien construyó casi todas las estaciones del parque en guadua.

En Panaca no sólo se muestran los oficios agropecuarios sino que también es posible vivir bien si se utilizan de manera adecuada los recursos de una finca. Por ese motivo ellos no venden gaseosas sinos jugos preparados con las frutas que produce el parque.

Mucho mas que un parque

Con unos cómodos zapatos, sombrero y mapa en mano comienza la visita por Panaca. La primera estación es la de ganadería, en donde además de conocer las diferentes clases de ganado en el mundo, se puede tomar un vaso de leche ordeñado por el visitante o alimentar con tetero de fresa a pequeños terneros. Por un camino rodeado de árboles cítricos se llega al mundo de la avicultura, en donde hay decenas de especies diferentes de aves, conejos y hamsters.

La tercera estación es una de las preferidas por los niños, no sólo porque sus residentes son los divertidos cerditos sino por el show que se exhibe. Allí se encuentra ‘Juan Chancho Montó-ya’, el único cerdodrómo de Colombia, en donde todos los días se disputan emocionantes carreras entre cerdos.

Camino a la siguiente estación, una visita obligatoria es al Mirador. Desde allí no solamente es posible observar la inmensa finca en donde está construido el parque, sino también los surcos verdes que forman los cafetales de la zona.

La cuarta estación es la más reciente de todas. Se trata del mundo del perro, en el cual se pueden encontrar alrededor de 150 ejemplares. Al final de la visita se presenta un show de adiestramiento de perros.

En medio de pesebreras, picaderos, un carrusel de caballos de verdad y un trapiche está la última estación de Panaca y una de las más consentidas del parque: la del caballo.

Desde percherones europeos hasta cebras habitan el lugar. La mayoría de ellos se pueden montar, tocar y alimentar.

La visita se cierra con la exhibición de caballos. Allí se da una gran muestra de ejemplares de adiestramiento, hípica y paso fino, entre otros. El día termina pero la diversión no. Aún quedan algunas exhibiciones de las diferentes estaciones, caminatas ecológicas por hacer, cabalgatas y hasta gusanos de seda por visitar.

Además de ser un parque para vacaciones, este grupo de paisas quiere que Panaca se convierta en un lugar de investigación y aplicación de conocimientos agropecuarios en el que estudiantes y profesionales en campos afines al agro puedan aplicar sus conocimientos y convertir este lugar en una universidad.

Pero más allá de construir un gran parque agropecuario, Jorge y Juan Ballén y Gustavo Córdoba quieren desarrollar una cultura de amor al campo en todos los citadinos a nivel mundial. Actualmente han recibido propuestas de Costa Rica, Panamá y España para construir parques similares en estos países.

Los colombianos tienen en pleno Eje Cafetero un lugar para sentirse en medio del campo, y si las cosas siguen tan bien para los hermanos Ballén y para Córdoba el país tendrá en distintos rincones del mundo un parque donde se exalte el ingenio y la sabiduría de los campesinos colombianos.
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