07 diciembre 2012

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Lucía Caram, la novicia rebelde que confronta a Benedicto XVI

Por Víctor Diusabá, corresponsal de SEMANA en España

GENTELa monja argentina, que ya se hizo famosa por estar a favor del uso del preservativo, confiesa su ciega pasión por el independentismo catalán y el Fútbol Club Barcelona.

Lucía Caram, la novicia rebelde que confronta a Benedicto XVI. Novicia Lucía Caram

Novicia Lucía Caram

- ¿Recibiría usted una donación de cualquier persona para su fundación que ayuda a los pobres?, le pregunta el periodista.

- “No del dueño de Zara (Amancio Ortega): un voluntario hondureño me cuenta cómo lo explotaban de niño trabajando en sus talleres allí”.

La respuesta es un direc
to a la mandíbula y quien pega es una monja que cada día gana más adeptos y, claro está, no pocos enemigos. Se llama Lucía Caram, aunque lo más aconsejable es anteponerle el sor de su condición de monja dominica contemplativa.

Es argentina, tucumana para más señas, pero hoy por hoy se siente tan catalana que se puede afirmar sin lugar a dudas que el 25 de noviembre pasado, cuando los independentistas ganaron las elecciones pero al mismo tiempo vieron enterrada su opción soberanista, ella lo sufrió tanto como el propio Artur Mas, líder de la opción separatista.

Palabras no le faltan. Acaba de sacar un libro (Mi Claustro es el mundo) en el que cuenta, más que vida, la decisión de trabajar con y para los demás. Sin distingos. ¿Una prueba? Se acercó tanto a los musulmanes que sus superiores jerárquicos consideraron que estaba claudicando. No hizo caso y ahora se siente orgullosa de que en Manresa, Cataluña, donde vive, haya una de las pocas mezquitas de puertas abiertas que hay en Europa.

Se hizo monja muy joven (hoy tiene 44 años), luego de que a los 18 decidió seguir el ejemplo de hermanas de la caridad que ayudaban a los pobres. Entró a estudiar teología y ahí la tenemos, hecha una figura mediática, pero no menos una trabajadora incansable por ayudar a los más necesitados. De eso dan fe 950 familias a las que sostiene a diario, con la ayuda de otras cuatro monjas, acudiendo a la vieja fórmula del buen samaritano.

Se considera célibe por decisión y rechaza que eso sea una imposición. Y es una decidida defensora del uso del preservativo. “Ayuda a la paternidad responsable”, afirma. Sobre ese tema no se anduvo con cuentos a la hora de discrepar del propio papa Benedicto XVI, quien había condenado el empleo del condón.

“Nos ha hecho mucho daño (lo dicho por el Pontífice). Hay que ser realistas, el preservativo salva vidas”.

Y también casó pelea con el obispo de Alcalá de Henares, quien en una Semana Santa se fue lanza en ristre con la población gay. “Me parece una aberración lo que dijo, más en un Viernes Santo, cuando Jesús vino a quitar cruces, y él (el obispo) se dedicó a ponérselas a los que sufren”.

Es hincha del Barcelona. Perdón, madre, es fanática. Dice que es “casi divino” y carga consigo un chiste que ya hizo popular en entrevista concedida al diario La Vanguardia: “Dice Cristiano Ronaldo: 'Dios me ha enviado para que el mundo vea jugar bien al fútbol'. Y Messi responde: '¡No recuerdo haber enviado a nadie!'”.

En Argentina, de donde se marchó hace 19 años, igual caen esquirlas disparadas por la artillería de Sor Lucía. Así, llama sin titubeos “mujer desequilibrada” a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y a la clase política la tilda de “corrupta” y de vivir en la impunidad absoluta. Señala con el índice el mesianismo de la mandataria y a “su espejo, Hugo Chávez”.

Sus admiradores le dicen “monja cojonera”, sobre todo porque pone sus principios por encima de las permanentes reconvenciones de autoridades como la conferencia episcopal, que la llama a no participar en política.

“Antes me dolía (que se lo pidieran), ahora prefiero la higiene mental de no escucharlos. La derecha está muy bien organizada y tiene grandes recursos, pero es minoría. Me dicen que no podemos hacer política desde la Iglesia, pero está claro que sólo permiten hacerlo en un sentido”.

Mientras sus detractores la llaman, desde el anonimato, “ramera con hábito”, Sor Lucía Caram alista un nuevo día, el de una novicia rebelde que tiene con los pelos de punta a la jerarquía de su iglesia mientras ella resume lo que hace en algo tan sencillos como ser feliz y hacer que los demás también lo sean.
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