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| 9/14/1992 12:00:00 AM

MADE IN MEXICO

Un tecnócrata desconocido resultó ser el más exitoso de la camada de nuevos presidentes de América Latina.

EL DIA QUE SE POSESIONO HACE TRES años, reinaba el escepticismo tanto fuera como dentro de Mexico. Carlos Salinas de Gortari acababa de llegar al poder sobre el rumor de fraude electoral y era un personaje desconocido para el continente.
Salido de las huestes tecnócratas, el nuevo Presidente mexicano no correspondía a la vieja institución de los principes herederos del PRI -políticos por antonomasia- y en cambio traía un discurso cargado de intenciones de modernización. Mexico, entonces, parecía un problema insondable e insoluble.
Pasados tres años y a punto de terminar su gestión, el presidente Salinas de Gortari parece dispuesto a callarle la boca a los escepticos con una gestión contundente en materia económica y comercial. El Acuerdo sobre libre comercio con los Estados Unidos que se firma la semana pasada, constituye un cierre con broche de oro para su administración, y tambien el logro de una obsesión personal.
Su padre fué un senador de la vieja guardia del PRI, quien le hizo dos favores: le entrenó el olfato político y lo envió a estudiar a las mejores universidades. Pragmático, ambicioso, autoritario y muy hábil con la rétrica, Salinas de Gortari decidió aplicar su formación técnica en la vía infalible para ascender al poder supremo en México: la política. Su aparición en los cargos públicos la hizo durante el gobierno de Miguel de la Madrid, el que ejerció como director del Instituto de Asuntos Poltícos y Sociales y después como secretario de Programación y Presupuesto.
Una vez sentado en el sillón del trono bajo un régimen presidencial que le otorga poderes imperiales, Salinas de Gortari puso en marcha su obsesión: la integración comercial con los Estados Unidos. Catalogado como de tipo "workaholic" con jornadas de trabajo que empiezan el domingo y definido por sus conocidos como alguien que "no soporta perder", el Presidente mexicano acaba de salirse con la suya con una muy hábil estrategia que separa la política exterior del comercio exterior.
Al mismo tiempo que reafirma el sentidio latinoamericano y busca liderazgo con Colombia y Venezuela a través del G-3, consiguió, por lo menos en términos comerciales, lo que nadie hubiera creido nunca: convertir en gringos a los hijos de Emiliano Zapata.
Salinas de Gortari tiene la costumbre de tomar tres veces al día un helicptero para sobrevolar sobre Ciudad de Mexico y medirle el pulso. Y aunque en terminos de reformas politicas y sociales el termómetro no le debe dar muy buenas cifras, el hecho es que de la nueva generación de jóvenes presidentes latinoamericanos que entren escena en los últimos años, el Presidente mexicano está hoy a la cabeza.
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