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| 12/24/1990 12:00:00 AM

María bonita

Al cumplir 80 años María Félix demuestra que las diosas son eternas.

Si hay alguna palabra cuya sola mención recuerda a México más que los mariachis es, sin duda, María Félix. Y no sólo porque fue una de las pocas latinoamericanas que en los años 40 se ganó un difícil escaño en la galería de las divas de Hollywood, sino porque con casi 80 años de vida es la única de ellas que sobrevivió para contarlo. Idolo de su país, protagonista de 47 películas, amiga de famosos, amante de poderosos, musa de artistas, millonaria y bella, María Félix ha cumplido toda su vida con los requisitos que definen a una estrella.
A punto de cumplir 80 años que sólo delatan sus manos, "María Bonita" recoge sus pasos que se remontan a comienzos de siglo en el Estado mexicano de Sonora.
La número diez entre doce hermanos de familia pobre, María siente los primeros goces del estrellato cuando, a los 15 años, ciñe la corona de reina del carnaval de Guadalajara. La trampa de un corazón joven la lleva al altar a los 17, del brazo de un vendedor de cosméticos de la zona. A los 19 años da a luz a su único hijo a quien bautiza como su padre, Enrique Alvarez, "Quique", quien hace ya dos lustros apagó las velas del medio siglo de vida.
Pero el futuro no le tenía reservado a María Félix ser esposa de cosmetólogo, sino usar todos sus productos frente a una cámara de cine. Briosa e inconforme, María Félix se siente incómoda en su papel de ama de casa y deja que su mirada se pose sobre Fernando Palacios, uno de los directores pioneros del cine mexicano. Palacios al conocerla, se promete a sí mismo como en ranchera hacerla suya. Cosa que efectivamente sucede. María deja a su marido y a su hijo y se pone en manos del director quien empieza a moldearle una carrera. No tiene que esperar mucho. Su primera aparición en la película "El Peñón de las Animas" (1942), la sube a la palestra de la que ya no se bajaría nunca.
El público empieza a enamorarse de ella y también el entonces rutilante astro del cielo mexicano: Agustín Lara, el rey del bolero.
Tocado irremediablemente en el alma, Agustín Lara compone para ella "María Bonita". Una noche sube su piano a un camión, y con su compadre el cantante Pedro Vargas, se parquea bajo la ventana de la diva y dejan oír por primera vez aquel "Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches, María bonita, María del alma"...
Se casaron en 1943 ante los ojos desorbitados del público que estaba siendo testigo de un juramento eterno entre las dos más grandes figuras de la farándula: la primera actriz y el primer compositor del país.
De ahí en adelante María brilla en la pantalla como la bella Otero y como Camille, como Mesalina y como cabaretera, soldado, hija de jefe indio o esposa de jefe mongol. Las carteleras que anuncian sus películas, caen unas sobre otras con estruendoso éxito y el mito empieza a construirse.
Manuel Puig, el desaparecido escritor argentino gran conocedor de la vida de la Félix, explicó alguna vez los motivos que, en su opinión, la hicieron diferente: "María Félix nunca imitó a nadie. No le pidió prestado nada al teatro ni a Hollywood ni a las películas europeas. Al contrario. Desarrolló un estilo muy personal de moverse y hablar que nadie pudo ignorar". Para muchos la estrella mexicana representaba todo el glamour y la sofisticación de los 40 y aunque nunca filmó en Hollywood, es considerada una de las grandes de la edad de oro.
Fue precisamente durante el rodaje de "Tierra de pasiones" cuando los boleros de Agustín Lara dejaron de sonar en el corazón de María, para darle paso a una de las mejores voces que haya dado México puesta en la figura del perfecto charro mexicano: Jorge Negrete. En la cúspide de su carrera, Negrete cayó en las redes de la Félix quien relata así ese encuentro: "Nos habíamos conocido antes en un rodaje y él no ocultó el fastidio que me tenía. Cuando terminamos le pedí -porque así se acostumbraba entonces- que me autografiara el libreto. El, displicente, se negó. Años más tarde cuando nos volvimos a encontrar y me propuso matrimonio, le dije que si pero con la condición de que me diera el autógrafo que me había negado en el libreto de hace años".
Firmaron el libreto y el acta de matrimonio para empezar la vida común de las estrellas cuyos trabajos los obligan a vivir separados. Famosa en Suramérica, Maria Felix buscó horizontes en Europa, en donde fue bendecida por el buen ojo del director español Luis Buñuel y del francés Jean Renoir. Junto a figuras como Jack Palance, Vittorio Gassman e Yves Montand, la Félix pisaba firme en Europa hasta que en 1953, una hepatitis mal tratada llevó a Negrete a la tumba. Regresó entonces a México en un nuevo rol que pondría al público a sus pies: el de la viuda del más querido. Los pantalones que usó en el funeral son todavía comidilla de escándalo para la generación que en ese entonces no conocía sino la falda.
A pesar de eso, o quizas por ello María Félix fue la viuda más deseada por anónimos y famosos. El pintor Diego Rivera -uno de los grandes del muralismo mexicano- terminó amontonando una colección de retratos de ella, que la diva siempre rechazaba con el argumento de que "me gustas tú, pero no tus cuadros". Tras la muerte del pintor, sus descendientes encontraron en su estudio un texto escrito de su puño y letra, en el que describía las diferentes etapas de su amor por la Félix y el momento mismo en que ella lo encaró para explicarle, de una vez por todas, que no lo amaba. Fueron buenos amigos hasta la muerte del muralista en 1957.
Otro de los que confiesa pertenecer al séquito de sus admiradores es Carlos Fuentes, una de las más grandes figuras de las letras mexicanas. Fuentes escribió un libro -Orquídeas al desayuno- en el que la compara con la otra gran estrella femenina del cine mexicano, Dolores del Río. Aunque María no se sintó indentificada con el libro y montó en cólera con su autor, él asegura que "mis sentimientos cálidos hacia ella siguen siendo los mismos. La encuentro bella, graciosa y muy divertida. De lo único que me arrepiento es de que nunca se acosto conmigo".
Después de la muerte de Negrete, María Félix regresó a Europa y se estableció en París en donde siguió trabajando y dejó la viudez. El financista francés Alex Berger -constructor del metro de Ciudad de México- sería su marido número cuatro. Con él dio rienda suelta a un hobby millonario: construyeron en París los más grandes establos privados que hasta ese momento había visto la ciudad, en los que vivían 87 caballos de carreras.
Su retiro definitivo de los estudios lo hizo muy a su manera. A comienzos de los 70 se despidió de una brillante carrera, apareciendo por primera vez totalmente desnuda en una cinta titulada "Amor y sexo". Tenía 49 años.
Poco después viste luto de nuevo con la muerte de Berger en 1974.
Hoy en día María Félix vive repartida entre una casa en Cuernavaca y un apartamento en Ciudad de México que comparte con el quinto hombre que ha permitido a su lado: Antoine Tzapoff, un artista de 42 años que hace diez vive con ella. A la pregunta de dónde esta la clave de su éxito, responde: "Siempre gané cada cosa que tuve en la vida. Pero, claro, para ganar algo hay que trabajar hasta el último detalle."
Lo cierto es que México no ha vuelto a dar una figura que se le parezca y las nuevas generaciones de actrices televisadas, no tienen asomos de la inteligente ambición y la extraordinaria belleza de María Bonita. Según ella, se ajustó siempre a dos reglas: "nunca tomarme demasiado en serio y aceptar la disciplina". Pero el público si la tomó en serio y durante cinco décadas rindió pleitesía a "La doña" a quien exhiben con el mismo orgullo que la pirámide de Teotihuacán.
Hoy, mantenida por la cirugía estética y por un espíritu que conoce la terquedad, la Félix a sus 80 años muestra unas dotes filosóficas de raro atractivo: "La vida es muy dura cuando la edad llega y se pierde la frescura, especialmente en alguien que, como yo, tuvo una gran belleza. Pero, todavía no estoy mal verdad?"
Aunque ya se preparan varias biografías sobre su vida, quizás ninguna consiga describirla mejor de lo que lo hizo ella misma: "La gente siempre admiró mi belleza e inteligencia pero no se dio cuenta de que soy una mujer con corazón de hombre".
Verdad o no, el caso es que los hombres de su vida -sus cuatro maridos- la abandonaron temprano, convirtiéndola en una viuda reincidente: Negrete murió en el 53; Agustín Lara en el 70 y Alex Berger en el 74. El último en dejarla fue el anónimo vendedor de cosméticos de Guadalajara. Enrique Alvarez murió en diciembre de 1980".-
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