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| 1/28/2012 12:00:00 AM

Más vivo que nunca

Stephen Hawking, el físico más famoso del mundo, acaba de cumplir 70 años. Una biografía escrita por una de sus mejores amigas da luces sobre cómo ha sobrevivido a una enfermedad incurable.

EN EL COLEGIO St. Alban, cerca de Londres, estudiaba un niño flaco y de gafas que siempre pasaba inadvertido. A los 11 años, era uno de los tres peores de su clase y a nadie se le ocurría que se convertiría en uno de los más célebres genios de la Física al lado de Albert Einstein e Isaac Newton. Sesenta años después, Stephen Hawking sigue rompiendo todas las expectativas. Solo puede mover los ojos, pero tiene tres hijos y dos exesposas. A pesar de haber sido un estudiante regular, se ha ganado incontables premios y becas. Y si bien a sus 21 años los médicos le habían dicho que moriría pronto, acaba de cumplir 70.

Hawking es científico y estrella pop a la vez. Lo critican o lo adoran. Ha escrito ensayos de Astrofísica que han resultado best sellers, apareció en Los Simpson, Star Trek y en la canción Keep Talking del grupo Pink Floyd. Y a pesar de su edad y su avanzada enfermedad, sigue lúcido y dando de qué hablar.

A comienzos de enero, la periodista estadounidense Kitty Ferguson publicó una nueva biografía: Stephen Hawking. An unfettered mind, cuya edición en español saldrá en marzo bajo el título Stephen Hawking. Su vida y obra. El tomo es una versión reeditada y extendida de un libro que Ferguson ya había publicado en 1991. La autora conoció al físico hace 22 años y desde entonces lo ha acompañado como una amiga. En el texto no solo cuenta la vida de Hawking, sino también explica detalladamente sus teorías científicas.

Hawking nació el 8 de enero de 1942, "exactamente 300 años después de la muerte de Galileo", como a él mismo le gusta añadir. Para huir del bombardeo de los alemanes, su familia se trasladó de Londres a Oxford. Su padre era médico especializado en enfermedades tropicales y su madre, economista. Según Ferguson, durante la cena todos permanecían sentados en la mesa sin hablar y "con las narices hundidas en los libros". A los 17 años, entró a la facultad de Física de la Universidad de Oxford.

Saltan a la vista los paralelos entre las vidas de Ferguson y Hawking, pues ella también tiene rasgos de genio. La escritora creció en una familia de intelectuales y, tras obtener un grado de música en la famosa Juilliard School de Nueva York y desempeñarse como cantante durante 20 años, decidió dedicarse a su segunda pasión: la Astrofísica. Fue fellow de la Universidad de Cambridge, donde Hawking dictó por 30 años la Cátedra Lucasiana de Matemáticas, título que antes poseía Newton. Como Hawking, Ferguson acaba de cumplir 70 años y ha escrito libros de Física popular como La medida del universo.

Pero entre la autora y el protagonista del libro hay una gran diferencia: mientras Ferguson cree en Dios, Hawking es ateo. No siempre lo ha sido, pues en su primer libro, el mundialmente famoso Breve historia del tiempo, asegura: "Si suponemos que el universo tuvo un principio, podríamos suponer que tuvo un creador". Sin embargo, en su más reciente obra, El gran diseño, publicada en 2010, concluye que el universo no fue creado por Dios sino por las leyes de la Física. Y no es la única afirmación provocadora. Según Hawking, la idea de una vida después de la muerte es "un cuento de hadas para la gente que le tiene miedo a la oscuridad".

Él mismo dice no sentir temor, ni siquiera a la muerte. Ya era estudiante de doctorado en la Universidad de Cambridge cuando en 1962 se manifestaron los primeros síntomas de su enfermedad. Se le trababa la lengua al hablar, se le caían las cosas y se tropezaba sin razón aparente. Pasó unas semanas en un hospital, donde le hicieron todo tipo de diagnósticos, hasta que los médicos le dijeron que su condición era incurable. Sufría de esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neurodegenerativa en la que mueren las células responsables de los movimientos voluntarios y que provoca una parálisis muscular progresiva. Según los expertos, le quedaban entre dos y tres años de vida.

Su primera reacción fue deprimirse, pero no duró mucho. "Aunque había una nube sobre mi futuro, descubrí para mi sorpresa que estaba disfrutando la vida en el presente más de lo que lo había hecho antes -escribe Hawking en su página web-. Entonces empecé a avanzar en mi investigación".

Uno de sus aportes científicos más reconocidos es que descubrió que los agujeros negros no son tan negros, sino que emiten cierta energía. Esta premisa se conoce hoy como Radiación Hawking. La encontró combinando la teoría de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica, dos escuelas de pensamiento que antes se creían incompatibles. Así, Hawking entró al grupo de astrofísicos que buscan explicar y conectar todos los fenómenos en la gran teoría del todo.

Sus críticos le reprochan que se entrometa en terrenos fuera de su especialidad, como por ejemplo, cuando habló de los "nuevos humanos mejorados", que la ingeniería genética podría crear. Algunos incluso lo ven más como un físico vago que se ganó su fama por andar en una silla de ruedas.

El mismo Hawking ha admitido ciertos beneficios. Después de publicar su primer libro en 1988, del cual se vendieron 10 millones de copias, dijo melancólico: "Es probable que mi discapacidad haya contribuido a ese éxito comercial. Si este es el caso, me parece lamentable". Entonces ya dependía totalmente de la ayuda de otros. Perdió el habla durante una traqueotomía en 1985 y desde ese momento empezó a comunicarse mediante un computador y un sintetizador de voz. Una vez dijo sobre aquella máquina: "Lo único malo es que me da un acento gringo".

El talento de Hawking es innegable, pues ha logrado explicar algunas de las preguntas centrales sobre el universo. Sin embargo, no ha podido entender uno de sus más grandes secretos: las mujeres. En una entrevista con la revista New Scientist hace pocas semanas, admitió que ellas son el tema sobre el que más piensa: "Son un completo misterio".

Con su exesposa Jane Wilde tuvo tres hijos, pero la relación fracasó. Según ella, él era egoísta y muchas veces se comportaba como si fuera Dios. Cinco años después del divorcio, en 1990, Hawking volvió a casarse. Esa vez lo hizo con una de sus enfermeras, Elaine Mason, cuyo exmarido había diseñado el primer computador parlante que el físico usó cuando perdió la capacidad del habla. Sin embargo, 11 años después Hawking y Mason se separaron.

El 8 de enero, el británico no pudo asistir a la fiesta de cumpleaños que la Universidad de Cambridge le tenía organizada con docenas de invitados, pues acababa de sufrir una recaída. A pesar de su estado, su mente se mantiene vital desde hace más de medio siglo. La receta ha sido, según sus propias palabras, recordar una experiencia que vivió en los años sesenta, cuando en una de sus tantas visitas al hospital presenció la muerte de un pequeño con leucemia que se encontraba al lado de su cama. "Cuando estoy al borde de caer en la autocompasión, -escribió una vez- recuerdo a ese niño".n
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