Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/08/04 00:00

Matar a Hitler

Una película narrará la tragedia de Claus von Stauffenberg, el coronel que estuvo a punto de asesinar al Führer y cambiar el curso de la historia

Según la Deutsche Welle, en Alemania la Cienciología es considerada una secta de tendencias totalitaristas y es vigilada por la Oficina Federal de Protección a la Constitución. Por eso la elección de Cruise como protagonista desató polémica

"Larga vida para la sagrada Alemania", fue la última frase que se le oyó gritar al coronel alemán Claus von Stauffenberg antes de que las ráfagas del escuadrón de fusilamiento lo acallaran. Ese fue el final del hombre que estuvo a punto de asesinar a Adolf Hitler, mediante un plan que reunió a destacados oficiales de la Wehrmacht, las Fuerzas Armadas de la Alemania nazi. Aunque sabía que moriría como un traidor, la historia se encargó de limpiar su nombre y es considerado un mártir con un sitial en el Monumento a la Resistencia Alemana, en Berlín. Hoy ha vuelto a ser noticia por cuenta de Valquiria, una película protagonizada por Tom Cruise.

La cinta, cuyo rodaje comenzó hace algunas semanas, suscitó controversia muy pronto, pues el hijo del héroe, Berthold von Stauffenberg, rechazó que su pariente fuera representado por ese actor que practica la Cienciología, que es ilegal en Alemania. En consecuencia, las autoridades de Berlín prohibieron realizar escenas en el Bendlerblock, el edificio del Ejército donde Stauffenberg fue ejecutado.

Aun así, Cruise ya es su personaje con su traje militar, su parche en el ojo izquierdo, y la ausencia, por la magia del cine, de su mano derecha y dos dedos de la izquierda. Así quedó Stauffenberg tras un ataque aéreo de los Aliados en abril de 1943, cuando casi murió en la campaña del norte de África. Tres meses más tarde, al recuperarse en un hospital de Munich, sintió que había sobrevivido para cumplir una misión. Era matar a Hitler,quien estaba conduciendo al país hacia su destrucción. Desde la derrota en Stalingrado, causada por la desastrosa estrategia ofensiva del Führer, la guerra estaba perdida y las bajas alemanas crecían día a día.

Años atrás, Stauffenberg era un joven apuesto y de gran carisma, perteneciente a una familia aristócrata y católica de larga tradición militar. Entonces se sentía atraído, como muchos compañeros, por el mensaje nacionalista del partido Nazi de devolverle la grandeza a Alemania, pero nunca perteneció a la organización. En 1937 entró a la Wehrmacht, donde fue ascendido rápidamente a capitán, luego a coronel, y condecorado con la Cruz de Hierro de primera clase, por su actuación en las campañas contra Polonia y Francia. Sin embargo, en 1941 participó en la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética, presenció los horrores cometidos contra la población, especialmente la judía, y se convenció de que había que detener al tirano.

"El destino nos ofrece esta oportunidad y no pienso perderla. Me he examinado ante Dios y mi conciencia y debemos hacerlo porque este hombre es la personificación del mal", diría Stauffenberg. Ya era miembro de la resistencia el primero de julio de 1944, cuando, a sus 36 años, fue nombrado jefe del Estado Mayor del general Friedrich Fromm, comandante del Ejército de reserva, quien aparentemente conocía la conspiración pero no quería comprometerse. Desde entonces tuvo una posición privilegiada para participar en reuniones a las que asistía Hitler. Por eso, pese a sus limitaciones físicas, se ofreció a realizar el plan Valquiria, que consistía en asesinar a Hitler, eliminar a la cúpula nazi y tomar el poder. "Si triunfo, seré un traidor para Alemania, pero si no lo hago, seré un traidor para mi conciencia", le dijo a su esposa.

Escogieron el 20 de julio, día en que Stauffenberg tenía que asistir a un encuentro en la Guarida del Lobo, la base militar alemana del este, en Rastenburg. El coronel presentaría la estrategia del Ejército de reserva para contener la penetración soviética. La reunión estaba prevista para la 1:30 de la tarde y el coronel llegó con mucha anticipación. Pero Hitler adelantó la cita para prepararse a recibir a su socio, el Duce Benito Mussolini, quien lo visitaría horas después. Por eso Stauffenberg se apresuró a pedir una habitación, con el pretexto de cambiarse de camisa. En el pasillo se encontró con su asistente y cómplice, el teniente Werner von Haeften, quien le entregó la maleta con dos artefactos explosivos. Cuando había terminado de armar la primera bomba, lista para explotar en 15 minutos, lo llamaron con urgencia. Como no tuvo tiempo de activar la segunda carga, Haeften cometió un error: la guardó en otro maletín.

Stauffenberg pidió al comandante Ernst von Freyend que por favor lo ubicara lo más cerca posible del Führer, con la excusa de que había perdido capacidad auditiva. Y este le hizo el favor, y ubicó la maleta bajo la mesa, junto a una enorme pata de roble. A los pocos minutos su asistente le informó que tenía una llamada y el coronel salió, aunque se cuidó de dejar su gorra para indicar que volvería. A las 12:42 la bomba hizo explosión, y Stauffenberg, creyendo que nadie podía haber sobrevivido, viajó feliz a Berlín para organizar el golpe de Estado. Pero estaba equivocado. Solamente murieron cuatro de los 25 asistentes, y Hitler, aunque aturdido, sólo sufrió la rotura de sus tímpanos, tenía el brazo derecho hinchado y las piernas llenas de astillas.

Al parecer, el explosivo fue insuficiente para un recinto con ventanas abiertas, y la pata de la mesa aisló a Hitler del impacto. "La resistencia pudo haber cambiado el curso de la historia. Millones de vidas se habrían salvado. En los últimos nueve meses de guerra, las pérdidas alemanas fueron mucho mayores que en los cinco años previos", dijo a SEMANA el profesor Peter Hoffmann, autor de Stauffenberg. A Family History. Los oficiales pronto descartaron un ataque aliado, y el coronel lisiado, que había desaparecido, se convirtió en el principal sospechoso.

Ya en Berlín, Stauffenberg supo que el plan había fracasado y la suerte que le esperaba. El general Fromm, para salvarse de ser considerado cómplice, capturó a los golpistas que estaban en Bendlerblock y los fusiló. Esa decisión intempestiva despertaría sospechas en Hitler, cuya paranoia aumentó con el atentado, y Fromm terminó ejecutado tiempo después. Entre los supuestos implicados a quienes se les permitió suicidarse, el más famoso fue el mariscal de campo Erwin Rommel, conocido como el 'Zorro del desierto' por su habilidad en las campañas del norte de África. Por ser un héroe nacional se le dio la opción de tomar veneno y ser enterrado con honores, o ser condenado como traidor. Escogió la primera.

Otros, en cambio, sufrieron una muerte lenta colgados por el cuello con cuerdas de piano como reses de matadero. Hitler ordenó que las ejecuciones fueran filmadas y emitidas en cine a los miembros de las SS. Las cifras oficiales estiman que en los meses siguientes la purga cobró las vidas de 400 personas, pero el número podría ser muy superior, debido a que fueron arrestadas más de 5.000, entre ellas los familiares de Stauffenberg, por una "venganza de sangre". Su esposa embarazada fue llevada a un campo de concentración, y sus cuatro hijos a orfanatos, y sólo se reencontraron después de la guerra.

Y es que así como Stauffenberg sintió que tenía una misión, haber fallado en cumplirla hizo que Hitler también se creyera un predestinado: "La providencia me ha dado una señal. Soy indestructible".

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