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| 6/26/2012 12:00:00 AM

"Me arrepiento de mi pecaminoso pasado"

La sensual Amada Rosa Pérez, hoy una fiel seguidora de Dios, llega a la Procuraduría General de la Nación

Hubo un tiempo en el que Amada Rosa Pérez fue una de las modelos y actrices más deseadas del país. "Fue un tiempo que quedó atrás", explica ella. "Me arrepiento de mi pecaminoso pasado", sentencia.
 
Hoy es mujer entregada al cristianismo, a la fe. Por este vínculo conoció al procurador General de la Nación quien la nombró funcionaria pública. En efecto, la exmodelo y actriz tuvo una agitada vida rodeada de fama, placeres y excesos, que ella ahora no vacila en calificar como mundanos.
 
Atrás quedaron los tiempos en los que con su escultural cuerpo le produjo más de un suspiro a uno (vea su galería en la Revista Soho). Esta costeña les robó el corazón a los cachacos pero en la cúspide de su carrera decidió marginarse y desapareció de la pantalla chica.
 
Después trascendió que fue por culpa de unas complicaciones que sufrió a raíz de una malformación congénita en el oído. Esta situación la obligó a viajar constantemente fuera del país y la angustia aumentó ante la posibilidad de sufrir una parálisis facial permanente. Luego de varias intervenciones, Amada pudo superar el problema, aunque los procedimientos le dejaron una disminución auditiva. Ella reconoce que fueron años muy duros y luego abrazó la fe cristiana.
 
Sus seguidores la recuerdan desde niña. Su carrera se inició a los 14 años en pequeños concursos de modelaje en Cartagena. Después trabajó en comerciales de televisión, desfiles y campañas publicitarias. Mientras estudiaba Administración de Empresas turísticas fue Chica Águila, Modelo del Año, y Chica Med en 1999.
 
Luego se trasladó a Bogotá, donde hizo cursos de actuación y empezó a involucrase con diseñadores y canales de televisión. Trabajó en varias novelas y series como Betty la fea, La Costeña y el Cachaco, Vuelo 1503 y Buscando el cielo, entre otras.
 
Fue nominada dos veces como actriz revelación en los premios India Catalina. Apareció por última vez en la novela Lorena, y después vinieron las complicaciones. Aun así, siguió trabajando en modelaje en varios países del mundo para la agencia Elite.
 
"Ser modelo significa ser un punto de referencia, alguien cuyas actitudes son dignas de reproducir y yo me cansé de ser una modelo de superficialidad. Me cansé de un mundo de mentiras, apariencias, falsedad, hipocresía y engaños, una sociedad llena de antivalores, en la que se resalta la violencia, el adulterio, la droga, el alcohol, las peleas, un mundo que exalta las riquezas, los placeres, la inmoralidad sexual y el fraude. Quiero ser modelo de promoción de la verdadera dignidad de la mujer y no de su utilización comercial”, le dijo en un reportaje a El Tiempo. "Ahora quiero ser santa".
 
Era una de las modelos más deseadas por las empresas de confecciones de ropa interior. Sin embargo, para ella todo quedó atrás. Hoy agradece haberse encontrado a Dios en el camino y más recientemente al procurador General, Alejandro Ordoñez, quien ha decidido nombrarla funcionaria pública.
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