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| 12/2/2017 10:17:00 PM

Boda del príncipe Harry: los tiempos cambian

La nueva prometida del príncipe Harry, Meghan Markle, reúne características que antes hubieran impedido el matrimonio. Ahora son objeto de celebración y todo el mundo está feliz.

Los matrimonios de la realeza inglesa siempre han fascinado. Tal vez los más famosos fueron los de Enrique VIII, que para casarse seis veces tuvo que romper con el papa, crear la Iglesia anglicana y decapitar a dos de sus esposas. Igualmente famoso, pero por exactamente lo contrario fue el de la reina Victoria, 300 años después. Ese matrimonio perfecto lleno de amor y fidelidad produjo 9 hijos en 20 años.

En el siglo XX hubo de todo. Eduardo VIII, por casarse con Wallis Simpson, una gringa dos veces divorciada, renunció al trono de Inglaterra cuando su imperio abarcaba el 20 por ciento de planeta. Su sucesor, su hermano Jorge VI, a pesar de su tartamudeo y timidez, se convirtió en un ídolo por su entereza durante la Segunda Guerra Mundial. Su hija, la actual reina Isabel II, ha sido una cónyuge perfecta con un marido imperfecto por cuenta de sus infidelidades.

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El segundo gran escándalo del siglo pasado llegó por cuenta de la hermana de la reina, la princesa Margarita. Se enamoró locamente de un hombre casado, héroe de la guerra y bastante mayor que ella. A pesar de que él se divorció, la unión resultó imposible por cuestiones religiosas. Posteriormente, se casó con Anthony Armstrong-Jones, un fotógrafo de sociedad sin sangre real de quien se divorció después de tener bastantes amantes.

En cuanto a la nueva generación, todo es demasiado conocido. De los cuatro hijos de la reina se han divorciado tres: el príncipe Carlos, la princesa Ana y el príncipe Andrés. Carlos, el futuro rey, infiel y cornudo, acabó casado con Camilla Parker-Bowles. Su catastrófico matrimonio con Diana Spencer terminó con el mito de que los hombres de sangre real solo se podían casar con vírgenes. Kate Middleton no lo era, y su marido, el príncipe Guillermo, se ve bastante más feliz que su padre.

Ahora le llegó el turno a Harry, quien ha ido aún más lejos que cualquiera de sus antecesores. Su prometida no solo es hija de una mujer afroamericana, sino divorciada, mayor que él y viene del mundo de la farándula (ver recuadro). Los tiempos han cambiado y todo el mundo está feliz. Esa evolución ha devuelto a la realeza británica su capacidad de emocionar a extranjeros y locales por igual. El efecto Markle suma el factor étnico y, sin querer queriendo, tumba una importante barrera: la racial.

Enrique, ‘organizado’

El noviazgo se hizo oficial hace un año, y parecía cuestión de tiempo y logística que confirmaran la boda. La espera terminó la semana pasada, cuando portavoces del palacio de Buckingham anunciaron el compromiso en nombre del príncipe Carlos. Luego, en una entrevista horas después, el príncipe Harry y la futura duquesa de Sussex revelaron detalles de su particular historia de amor, que ya suma 18 meses.

Radiantes, pero con una emoción contenida, primero revelaron que se conocieron en una cita a ciegas arreglada por una amiga en común. La prensa rápidamente dedujo que podía ser Violet von Westenholz o la diseñadora de modas Misha Nonoo, viejas amigas de Harry. Según contaron, en ese momento ni él había visto Suits, la serie que la hizo famosa, ni ella tenía mayor idea de realeza o protocolos. Markle solo le preguntó a su amiga si era agradable, y ante la respuesta afirmativa, accedió.

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En la cita simpatizaron, y tras otra cita más el príncipe la invitó a un viaje a África, un continente especial en el que ha confesado “sentirse más él que en ninguna otra parte en el mundo”. En esa visita de cinco días a Botsuana, que Markle aceptó luego de tres semanas de insistencia, la relación alcanzó otro nivel. En un campamento bajo las estrellas comenzaron a entender que estaban hechos el uno para el otro.

La relación floreció sin contratiempos durante los primeros seis meses, lejos del radar de la prensa. Cuando eso cambió, Markle enfrentó el esperado escrutinio de los tabloides, que hablaron de su padre luminotécnico de Hollywood, de su madre instructora de yoga y hasta de antepasados esclavos. El hecho la indignó profundamente, pero Harry se mostró firme en exigirles respetar a su novia. El hijo de Lady Di, que considera que los reporteros victimizaron a su madre, amenazó con demandar a aquellos reporteros que se sobrepasaran, y así envió el mensaje de que la relación iba en serio.

Por eso, la propuesta de matrimonio no sorprendió a nadie y, en esta, Harry demostró todo su informal romanticismo. Mientras asaban un pollo en su casa de Londres, el príncipe se arrodilló y le preguntó si se casaría con él. Sorprendida, Markle lo interrumpió repitiendo “¿puedo decir sí?”, y sonriente describió el momento, “fue dulce, natural y muy romántico”. En medio de la emoción, Enrique le preguntó si podía darle el anillo de compromiso, que diseñó él mismo y al que integró un diamante grande de Botsuana y dos más pequeños que pertenecieron a su madre.

Harry estaba listo, pues ya había quemado varias etapas personales y sentimentales. En el curso de sus 33 años fue hermano menor, hijo doliente y posadolescente descarriado (difícil olvidar esa ocasión en la que se vistió de nazi en Halloween), mientras trató de mantener relaciones sentimentales con Chelsy Davy y Cressida Bonas, exnovias oficiales que no resistieron la presión de la prensa. Desde hace un tiempo, el pelirrojo empezó a sentirse cómodo en su posición, a usar su notoriedad para causas humanitarias, y así se fue ganando el cariño de la gente. Si bien no han desaparecido los rumores de que el pelirrojo es hijo de James Hewitt, uno de los amantes de Lady Di, hoy se habla más de su porte descomplicado y de sus buenas acciones que de ese potencial escándalo.

La pareja también ha ido lanzando detalles sobre la boda, que tendrá lugar en mayo y planearán ellos de acuerdo con sus personalidades. La reina Isabel II costeará en su totalidad la ceremonia, tendrá lugar en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor, la misma en la que Carlos al fin se casó con Camilla Parker-Bowles. Adicionalmente, aseguraron por medio de un portavoz, “tendrán a la gente muy presente, pues quieren hacerla parte de los festejos”, y barajan la posibilidad de escoger por medio de una rifa a los ciudadanos afortunados que quieran asistir además de los amigos y familia. Después del festejo, vivirán en Nottingham Cottage, una de las residencias más pequeñas de los terrenos del palacio de Kensington.

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‘The Meghan’

Ser la prometida de un príncipe no es nada fácil, pero el entrenamiento previo en el mundo del espectáculo seguro le servirá a Markle. Antes de renunciar a Suits, hace un mes, Markle no era propiamente una figura ‘clase A’ de la pantalla chica, pero labró un recorrido profesional sin sacrificar la característica sensibilidad que aplica en varias causas humanitarias que apoya y visibiliza, como su futuro marido. Desde niña ha demostrado ser feminista comprometida: a los 11 años le escribió una carta a Hillary Clinton cuando era primera dama, para pedirle interceder y cambiar una publicidad que consideraba denigrante para las mujeres, y lo logró. Su postura no ha cambiado con los años. Se graduó de Northwestern University en Estudios Internacionales y Drama, ha defendido los intereses de las mujeres en las Naciones Unidas y es portavoz y rostro de la ONG en pro de los niños sin recursos World Vision.

Cuando era pequeña Meghan, su papá, Thomas Markle (luminotécnico que trabajó en series como Casados con hijos), y su mamá, Doria Ragland (instructora de yoga y joyería), vivían en un barrio peligroso de Los Ángeles, California. Sus padres se divorciaron cuando Meghan tenía 6 años, y si bien ella es más cercana a su madre, aún cita a su padre como una gran influencia en su carrera. Curiosamente, entre Thomas y Doria (de 73 años y 61 años) todavía parece haber una amistad verdadera, y ambos emitieron un comunicado para expresar lo felices que están por el compromiso. Se comenta, eso sí, que en los casi dos años que llevan juntos, el príncipe Harry no ha conocido aún a Thomas, quien a pesar de no hablar con su hija hace tiempo, espera poder acompañarla el gran día y entregarla a su marido. Algo parecido sucede con su media hermana, Samantha Markle, de 53 años, quien sufre de esclerosis múltiple y no habla con Meghan hace diez años, pero quiere asistir. No sabe si la invitarán.

Pese a las críticas de los puristas que rechazan la presencia de una mujer mestiza en la familia real, Meghan reivindica su trabajo, sus causas y sus raíces a mucho honor. Así, da pie a una nueva era en la realeza que se suma al poderoso envión de popularidad que representó el matrimonio del príncipe Guillermo con la plebeya Kate Middleton en 2011, y al nacimiento de sus pequeños Jorge y Carlota.

Bien lo escribió y cantó Bob Dylan, actual nobel de literatura, “si tu vida vale la pena salvar, más vale que empieces a nadar o te hundirás como una piedra, pues los tiempos cambian”. La realeza, a través de su nueva sangre, parece nadar con los tiempos… y todos están felices.

De las pantallas a la realeza

En 1949, Rita Hayworth, una de las reinas de Hollywood, se convirtió en princesa al casarse con el príncipe Ali Khan. El amorío duró poco más de dos años.

En 1956, Grace Kelly, ganadora de un premio Óscar, se casó con el príncipe Rainiero. En ese momento se convirtió en la princesa Grace de Mónaco.

Letizia Ortiz era una periodista conocida por su trabajo en televisión. En 2004 se casó con el entonces príncipe de Asturias y en 2014, cuando abdicó Juan Carlos de Borbón, se convirtió en reina de España.

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