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| 2/11/2017 12:00:00 AM

Melania se aleja de Donald Trump

Melania Trump contempla la posibilidad de no mudarse a la Casa Blanca y, además, instauró una demanda que destapó su intención de usar su posición de primera dama para lanzar una marca personal.

La primera dama de Estados Unidos está en el ojo del huracán. Desde que regresó a Nueva York con su hijo, Barron, el 22 de enero, brilla por su ausencia en Washington. Y si bien se pensaba que la separación duraría por mucho seis meses, como ella y su marido dijeron a los medios antes de la posesión del cargo, allegados a la pareja presidencial indican que la posibilidad de que la eslovena se quede en la Gran Manzana es cada vez mayor. “La pareja evaluará qué hacer cuando Barron termine su año escolar. Tomarán la decisión pensando en lo mejor para él, y ahora la oportunidad de ambos escenarios es la misma”, indicaron a la revista Us Weekly.

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En lo que respecta a Melania y a Donald, han dejado en claro que la distancia no les afecta. Durante la campaña se dejaban de ver largos periodos, pero encontraban la manera de mantenerse en contacto a través del celular, pues según dijo “Donald no es adepto de textear o de hacer videochats en Facetime”. Pero ya no se trata de una pareja cualquiera, pues quien asume el puesto de primera dama suele impulsar banderas importantes en términos sociales y humanitarios desde Washington, para apoyar a su esposo y, en la medida de lo posible, inspirar a la población. En este caso, ella y su marido pueden seguirse amando a distancia, pero queda la duda sobre si podrá cumplir una tarea digna desde Nueva York, pendiente de su hijo y no de la niñez. Y mientras más tiempo pase, será peor.

Stacy A. Cordery, historiadora y profesora en la Universidad de Iowa especializada en primeras damas, expresó a SEMANA lo peculiar de la circunstancia. “Mientras más rápido llegue a la Casa Blanca, más rápido dejará atrás su pasado turbio. Entonces, ¿por qué lo demora? Todas las otras familias con niños se mudaron de inmediato, en medio del año escolar, ansiosos de ocupar esa posición y ese lugar. Además, los colegios en Washington tienen experiencia en hacer esta transición más sencilla para los niños”.

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Si Melania decide radicarse en la Casa Blanca y asumir el espacio residencial de 1.900 metros cuadrados (contra los 2.787 de su residencia en la Trump Tower), sabe que tiene que arreglarle el cuarto a su pequeño de 10 años, el primer niño en la residencia desde John Kennedy Jr. en 1963, y también ajustar el espacio a su medida. Por fortuna para ella, parte de su equipo está en ello. Nicole Bryl, su estilista, aseguró recientemente que “habrá un cuarto dedicado específicamente a maquillaje, peinado y ropero”. En ese orden de ideas no ha tomado decisiones sobre el equipo que la acompañará, exceptuando posiciones que ya tenía fijas, como la de la estilista. Pero está buscando un jefe de personal, un consejero sénior y una secretaria, entre otros.

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Resulta difícil sacar conclusiones sobre su regreso a la capital. En el discurso de la eslovena hay contradicciones. Ha asegurado que Barron sigue siendo su prioridad, y lo será durante meses, pero según los asesores de prensa de Melania “también está muy interesada en asumir las responsabilidades de la primera dama”. La situación, que parece insignificante, pero que se traduce en más gastos de seguridad financiados con dineros públicos, se suma a la zozobra de las políticas que a la brava ha querido imponer Trump. Estas, tal parece, interferirán en la dinámica familiar. Se habían hecho la promesa de que Melania y Barron irían todos los fines de semana a Washington. Pero ya faltaron a uno, el que vino justo después de que su padre anunció medidas migratorias altamente controvertidas.

Por su lado, Ivanka Trump aseguró que no asumiría funciones de primera dama. Pero in absentia de Melania, con su marido Jared Kushner compró casa en Washington y ha cubierto la base. La hija consentida de Donald tiene sus propios conflictos de interés entre mantener sus marcas comerciales vivas y manejar con altura su situación de hija del Ejecutivo, lo cual parece excluyente; ha asegurado que quiere dar una mano a su madrastra para educar bien a su hijo.

El otro tsunami

No fue la mejor semana para la pareja ‘a distancia’. La demanda por difamación que Melania Trump y su abogado, Charles Harder, interpusieron contra el bloguero Webster Tarpley y contra Mail Media Inc., la corporación que maneja la versión digital del popular portal británico Mail Online, asciende a 150 millones de dólares. Es imposible refutar que, en un principio, la causa es justa. Melania busca compensación de un medio que difundió reportajes sobre su supuesta actividad como escort de lujo a mediados de los años noventa, sus primeros en Estados Unidos.

Pero el fraseo de la misma ha escandalizado a los medios por las intenciones que revela. Varios puntos expuestos por los abogados evidencian que Melania, tal como Donald y su hija Ivanka lo hicieron en el pasado, quiere establecer su propia marca, y considera que la posición de primera dama le daría la posibilidad natural de hacerla monetariamente exitosa. Todos los medios, exceptuando Fox News, han puesto el grito en el cielo por frases como “La oportunidad única, que pasa una vez en la vida, que se le presenta a una persona muy conocida y famosa de lanzar una marca comercial de gama amplia de categorías de productos, cada una de las cuales podía haber representado relaciones de negocios multimillonarios en el largo plazo, en un periodo en el que la demandante es una de las mujeres más fotografiadas en el mundo”.

Se expone cómo el daño económico que sufrieron Melania y su potencial marca por las “falsedades al 100 por ciento” de Mail Online asciende a millones de dólares. Y esto tiene sentido si se considera que se planteó la posibilidad de producir ropa, accesorios, joyería, cosméticos, productos para el cabello y fragancias, entre otros.

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Frente a la reacción masiva de medios y la indignación popular, el abogado ha salido al paso a los comentarios, pero la misión que tiene es complicada. Harder enfatizó en que “la primera dama no tiene intención alguna de lucrarse aprovechándose de su posición, y no lo hará. No es una posibilidad, y cualquier comentario en sentido contrario ha sido malinterpretado”.

Así parezca demasiado tarde, Cordery cree que Melania está en capacidad de cambiar la percepción de la gente. “Si sigue en Nueva York, y evita acompañar a su marido (elevando dudas sobre la naturaleza de su relación), si se rehúsa a asumir el rol de esposa y usarlo en buenas causas (sugiriendo que poco le interesa hacer el bien), y se mantiene fuera del tesoro nacional que es la Casa Blanca (sembrando la idea de que poco le enorgullece su país adoptivo), su legado será muy pobre. Pero si toma control y sirve de apoyo y crítica a Donald Trump, puede cambiar la historia”.

Lastimosamente, para esto ya está Ivanka. Y su Donald ya no le toma la mano en público.

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