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| 8/14/1995 12:00:00 AM

MEMORIAS DE UN DON JUAN

A los 80 años el actor Anthony Quinn escribe un libro para confesar sus escandalosos amoríos.

EL DIA QUE ANthony Quinn cumplió 80 años -en abril pasado- quiso reunir en una fiesta a sus seres queridos: sus dos esposas, sus tres amantes reconocidas y sus 12 hijos con ellas -cuyas edades oscilan entre los 2 y los 55 años-, además de sus amigos. En parte lo consiguió. Allí estuvieron presentes sus dos hijos -gemelos- alemanes, su hijo francés, con sus respectivas madres -la actriz francesa Agnes Delarive y la alemana Friedel Dunbar, así como su nueva compañera, su ex secretaria Kathy Benvin, casi 50 años menor que el actor, con su hija menor Antonia, de año y medio. Faltaron sus esposas Katherine DeMille, con quien tuvo cinco hijos y hoy padece el mal de Alzheimer, y Yolanda Adolori, su mujer por 34 años, con quien tuvo tres hijos, a quienes abandonó la noche de Navidad pasada, y libra una dura batalla en una millonaria demanda de divorcio. Esta insólita fiesta, concebida por el legendario actor chicano, es apenas el abrebocas de las memorias que Anthony Quinn acaba de publicar en un libro titulado Un hombre de tango, en el cual revela sin secretos cómo ha sido su relación con todas las mujeres que han pasado por su vida.
Además de sus dos matrimonios y de sus tres amantes reconocidas, Quinn ha tenido amoríos con cada una de las mujeres que han trabajado con él en casi un centenar de películas. Y a los 80 años el actor parece sentirse muy complacido con su imagen de macho latino y mujeriego, con vástagos regados por todo el mundo y que él califica de "accidentes biológicos". Una personalidad que parece fiel copia de su famoso personaje Zorba el griego, pero que da fe de su fuerte ancestro mexicano mezclado con sangre indígena e irlandesa (su padre, medio irlandés y medio mexicano peleó en las filas de Pancho Villa). Aunque en el proceso de divorcio su esposa Yolanda se ha encargado de contar a las revistas del corazón las constantes infidelidades del actor, en su biografía Quinn aporta sorprendentes detalles de sus exitosas conquistas con mujeres como Barbara Stanwyck, Ingrid Bergman y Rita Hayworth.
Fue precisamente a raíz de su affaire con Rita Hayworth, durante la filmación de Sangre y arena, que Orson Welles lo llamó "un hombre de tango", título que el editor escogió para el libro. Sobre la Hayworth dice: "No fue un romance sino un 'affaire'. Los únicos sentimientos entre nosotros fueron sensoriales. Había tanto calor en las escenas de la película que nos alcanzaba para vivir una continuación de nuestros papeles fuera del set. Lo que me asombró fue que el entonces esposo de Rita, un petrolero, no se sorprendió al encontranos juntos. En cambio sí le reclamó: ¿J... con un actor de reparto? Si va a tener un affair podría al menos ser con Tyrone Power.... Ese es Hollywood".
Pero quizás el episodio que mejor retrata a Quinn sea el de su primer matrimonio, celebrado en 1937. Tenía 33 años y había sido boxeador y bailarín de tango antes de encontrar un papel en una película. El productor era Cecil B. DeMille, el dios de la meca del cine. Durante la filmación Quinn conoció a su hija, Katherine, una de las solteras más cotizadas de Hollywood quien, escribe Quinn, "iba a casarse con un colombiano y de la noche a la mañana dejó todo, se fue a Bogotá a romper con él y vino y se lanzó a mis brazos". Se casaron en un castillo con una fiesta fastuosa y sin que nadie de la familia Quinn fuera invitado.
La noche de bodas, Quinn descubrió que su novia no era virgen y eso le produjo un fuerte shock. Inmediatamente la despachó de regreso a la casa paterna, decidido a pedir el divorcio. " Yo era la imagen perfecta del mexicano, educado para casarse con una mujer virgen -confiesa en su libro- "A mi me enseñaron que uno llevaba al altar a una mujer y esperaba que en la noche de bodas ella mostrara orgullosa las sábanas manchadas de sangre". Dos horas después de haber lanzado a su mujer a la calle, Quinn se arrepintió y logró encontrarla en el tren antes de llegar a Reno y convencerla de que volviera. Entonces hizo que ella le confesara con qué hombres se había acostado. Eso aumentó su tortura: Clark Gable y Victor Fleming. Saber que su esposa había estado en la cama con dos gigantes del cine le creó un gran complejo, no sólo como actor sino como hombre. "Yo estaba apenas comenzando. ¿Cómo podía yo competir con alguien como Gable? En mi lunática paranoia yo imaginaba a Fleming y a Gable en el set de 'Lo que el viento se llevó,' comparando sus devaneos con Katherine y burlándose de mí". Durante los 30 años que duró la unión, Quinn vivió atormentado por los celos y reprochándole a su esposa lo que él consideraba un "engaño imperdonable".
Los celos producidos por esta frustración machista, sumados al éxito obtenido con las mujeres, le dieron vuelo a sus ínfulas de conquistador. Entre los numerosos amoríos que el actor confiesa en su biografía, cuenta que a comienzos de los años 60 vivió un romance con Ingrid Bergman, que luego se extendió también a su hija Pía Lindstrom. El amorío de Quinn con la Bergman se inició cuando ambos filmaban La visita. "Nos conocíamos desde hacía años pero caímos presa de amor en el set". Ingrid ya se había divorciado de Roberto Rossellini pero acababa de casarse con el productor Lars Schmidt. El actor confiesa que en 1964 la relación se convirtió en un insólito triángulo amoroso, al ingresar a él la hija mayor de la actriz, Pía, quien entonces tenía 20 años. "Fue amor a primera vista", dice el actor la joven quiso dar un paseo en su nuevo Maseraíi y el día se convirtió en una jornada memorable. "Entonces -cuenta Quinn- comenzó una bien complicada relación, marcada por una extraña competencia entre madre e hija. En la cama, Pia me preguntaba constantemente acerca de su madre '¿ Ella hace esto o aquello?". Años más tarde Quinn se encontró de nuevo a Ingrid en el set de A Walk in the Spring Rain, y la actriz revivió indignada la rivalidad pero volvió a sucumbir ante sus dotes de seductor.
Para esa época Quinn aún no hahía obtenido el divorcio de Katherine y llevaba varios años de relación con Yolanda, con quien tenía un hijo y esperaba el segundo. A Yolanda Adolori la había conocido en 1960 en Roma durante el rodaje de Barrabás, producción en la que ella era la encargada del vestuario. "Empezó vistiéndome y terminó desnudándome", anota Quinn. En 1965 se casaron en Roma, cuando ella esperaba su tercer hijo. Los hijos parecen ser el ancla de Quinn. Así como ha reconocido a los cuatro nacidos por fuera del matrimonio, también ha abandonado a sus mujeres por otra ya embarazada. A Katherine DeMille la dejó cuando Yolanda esperaba a su segundo hijo y ahora a Yolanda la abandonó por Kathy Benvin apenas nació Antonia. Y es a ellos a quienes dedica su libro, porque como dice el actor: "Decidi contar toda la verdad antes de que a mis hijos les diera por hacerlo".
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