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| 6/27/1988 12:00:00 AM

MI BELLO GENIO

Un estudio francés afirma que las esposas de los grandes hombres se convierten en sus víctimas.

La mayoría de los grandes hombres a través de la historia han sido solteros: Platón, Rabelais, Villon, Pascal, Beethoven, Baudelaire, Van Gogh, Stendhai, Nerval, Poe, Boticelli, Delacroix, Maupassant y Flaubert, entre otros, nunca se casaron aunque algunos tuvieron varios hijos y amantes, y en ese mismo grupo de famosos solteros pero con tendencias homosexuales, algunos como Leonardo Da Vinci, Miguel Angel, Rimbaud, Ravel, Proust, Loti, Pierre Louys y Cocteau expresaron públicamente su horror ante la proximidad doméstica de una mujer.
Sin embargo, otros famosos que eran normales y se casaron, convirtieron a sus mujeres en auténticas víctimas de su genio, haciéndolas padecer toda clase de situaciones violentas, inmortalizándolas pero a un precio demasiado costoso. Una sicóloga y periodista francesa, Francoise Xenakis, partiendo de las vidas conyugales de Adele Hugo, Jenny Marx, Jantipa, Marta Freud y Alma Mahler ha reconstruído con humor ese laberinto conyugal, sexual y doméstico de cinco genios para quienes estar casados era una necesidad biológica y sólo la fuerte personalidad de estas mujeres impidió que fueran aniquiladas y borradas por la fama y la obra dejadas por sus maridos.
Maridos para quienes el hambre de los hijos y la frustración de la esposa no significaban nada ante los descubrimientos o realizaciones que mantenían en marcha. Este estudio de Xenakis sirve para entender mejor ese entorno miserable y doméstico en que se mueven los genios, cómo el apetito sexual de un escritor acaba con la paciencia de una mujer o cómo las perversiones de un filósofo desmoralizan del todo a una esposa. Sigmund Freud, mientras hacia el amor con Marta, le susurraba al oído nombres de postres, la mantenía atravesada en la cama con la cabeza colgando hacia abajo, y ella apelaba a sus fantasías de infancia, cuando a los siete años fue seducida abruptamente por el director de la escuela. Cuando Freud la buscaba, ella retrocedía en el tiempo y con esos recuerdos se sentía capaz de complacer a un marido que nunca usaba el teléfono, apelaba a la cocaína todos los días para mantenerse alerta y se sobresaltaba cuando entraba a una casa donde hubiera más riquezas y comodidades que en la suya. Fuerte y vigorosa ayudaba al marido en sus consultas siquiátricas y muchas veces con palabras simples le sirvió para comprender mejor algunos de los laberintos mentales de las mujeres.
Las relaciones de Jantipa con su esposo Sócrates fueron más complicadas porque mientras él discutía temas filosóficos en la calle o el ágora, ella tenía que buscar la comida para la casa, vivían de las limosnas dejadas por alumnos y amigos y como siempre le encaraba su torpeza para las cosas prácticas, ha pasado a la historia como ejemplo de la esposa regañona y maldiciente, inconforme con todo. La situación se hizo tan crítica que ella tuvo que salir con su hijo, a la calle, a vender pulpos y calamares secos que la gente le compraba más por piedad que por necesidad. Cuando el filósofo fue condenado y ajusticiado ella perdió la razón.
El caso de Adele Foucher y su marido el escritor Víctor Hugo, es una mezcla de sado-masoquismo, ternura, complicidad e histeria. Se siente cohibida ante los apremios sexuales del novelista quien, en la noche de bodas, la poseerá nueve veces y será capaz de aceptarle todas sus infidelidades, mantener correspondencia con las amantes y preocuparse por el bienestar del marido porque sabía que era uno de los hombres más grandes del mundo, desterrado y perseguido por sus ideas, envidiado por la fuerza de sus escritos y perseguido por las mujeres encantadas con el priapismo legendario del novelista, priapismo que a ella no le causa gracia alguna. La correspondencia dejada por Adele (su hija también llamada Adele enloquece y es la heroína de una extraña película de Francois Truffaut, con Isabelle Adjani), muestra el carácter de una mujer que supo acompañar a un egoísta y descreído hasta el último momento, cuando es capaz de pedirle a la amante del marido que lo cuide porque ella misma esta muriéndose.
Los seguidores de las doctrinas políticas de Karl Marx se asombran todavía con el retrato que del revolucionario ha quedado a través de su mujer, la baronesa Jenny von Westphalen. Glotón, egoísta, exiliado en Londres, casado con una mujer que no era de su clase, no alcanzó a conocer las cartas que ella escribía todos los días como única forma de soportar la estrechez en que vivían, mientras las dos hijas contemplaban al padre que devoraba la mayor parte de los alimentos y escribía los artículos que la mujer pasaría después en limpio. Acosados como animales, perseguidos, desalojados, ayudados por Engels, soportándolo todo mientras prepara durante 22 años su obra máxima, "El Capital", pocos ejemplos de devoción y sumisión como el de Jenny quien moriría exhausta de pelear contra todos por defender al marido y los hijos.
El mundo del compositor Gustav Mahler se comprende mejor a través de su mujer, Alma Schindler, 23 años menor, conocedora profunda de la obra del marido, comprensiva de todas sus infidelidades, con unas inmensas ganas de vivir y una inteligencia que en ocasiones sobrepasaba al marido. Su Diario, publicado en castellano por Tusquets, es una de las obras más femeninas, lúcidas y anticipadas a su época, donde analiza las relaciones con el marido, la Música y sobre todo, donde las páginas dedicadas a la agonía y muerte de Mahler son patéticas, tremendistas.
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