Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/4/2009 12:00:00 AM

"Mi papá me violó 3.000 veces"

Tras el juicio a Josef Fritzl y su condena a cadena perpetua, se revelan los detalles secretos del aterrador relato que su hija, encerrada y violada durante 24 años, dio al jurado.

A Elisabeth no se le quebró la voz. Se mantuvo firme mientras narraba el infierno que vivió por casi un cuarto de siglo, encerrada sin ver la luz del día. Grabó su testimonio en abril del año pasado en una clínica siquiátrica, tres meses después de ser liberada de su padre, Josef Fritzl, conocido en el mundo como 'el monstruo de Amstetten', Austria. Durante el juicio, que tuvo lugar hace pocas semanas, la Corte decidió llamar a cuatro jurados extra por si los principales tenían dificultades para soportar ese relato. El video duró 11 horas y fue presentado a puerta cerrada durante el proceso contra Fritzl, pero recientemente varios medios austríacos han empezado a filtrar detalles de los horrores que ella contó.

"Un día, no sé por qué, mi padre me eligió para él... Mi alma estaba en pedazos", explicó Elisabeth. Así fue desde que tenía 11 años, cuando Fritzl empezó a acariciarla. Si la pequeña lo rechazaba, satisfacía sus instintos masturbándose frente a ella. Además solía dejarle revistas pornográficas bajo su almohada y la obligaba a tocarse. A veces inventaba paseos 'padre e hija' para tener la excusa de quedarse a solas.

Elisabeth cuenta que a los 17 años huyó de su casa, pero cuando la Policía la obligó a regresar, entendió que había cometido un grave error. Su padre le soltó entonces el discurso que le repetiría durante casi todos los 8.642 días en que la tuvo prisionera: que su deber era salvarla de una vida descarriada de drogas, hombres y alcohol. "Yo era simplemente una adolescente normal, apasionada y con sueños", cuenta. Pero se esfumaron un año más tarde, el 29 de agosto de 1984, cuando Fritzl le pidió que lo acompañara al cuarto de herramientas del sótano para instalar una puerta. Allí la golpeó y la durmió con éter. Cuando volvió en sí se encontró con un grillete en la cintura, encadenada a cuatro columnas, en una bodega de 18 metros cuadrados. En esas condiciones habría permanecido entre cinco o nueve meses, con un balde al lado para hacer sus necesidades. Ella no tenía mayor noción del tiempo porque no contaba con un reloj, ni ventanas para ver el sol. En su testimonio habría asegurado de manera descarnada que pensaba que si después su padre la soltó, fue para violarla con más facilidad. Desmintió que el lugar fuera una especie de apartamento cómodo como llegó a decirse: a veces se infestaba de ratas y aguas negras, no tenía calentador, ni ducha en un principio, ni un sistema de ventilación adecuado por lo cual era difícil respirar. El verano era la época más insoportable, pues se convertía en un horno: "Grité y lloré muchas veces per o nadie me oyó", contó. Es que su calabozo quedaba escondido tras ocho puertas con sistemas eléctricos de seguridad instalados por su padre.

Al segundo día empezó a violarla y en los primeros meses lo hacía varias veces diariamente. Fritzl ni siquiera le dirigía la palabra, sólo llegaba a lo suyo y se iba. Luego los ataques se redujeron a dos veces por semana y el hombre le mostraba películas porno para que ella las imitara. También le llevaba objetos sexuales que le causaron heridas que nunca fueron tratadas. A veces Elisabeth se entretenía al escribir un diario improvisado en pedazos de papel en el que narraba como una proeza haber podido matar una rata.

Quedó embarazada por primera vez a mediados de 1986, pero perdió al bebé a las 10 semanas. Dos años después nació su hija Kerstin y el papá sólo le dio unas tijeras viejas, una manta esterilizada y un libro sobre el parto. Luego vendrían Stefan en 1990, Lisa en 1992 y Monika en 1994. Como el espacio se estaba quedando pequeño Fritzl construyó dos habitaciones más. Aun así cuando Lisa tenía 9 meses su padre-abuelo se la llevó a su casa y se la entregó a su esposa engañada, que pensaba que Elisabeth se había ido para unirse a una secta, y que les había dejado a la bebé en la puerta, con una carta para que la cuidaran. Lo mismo pasó con Monika.

En febrero de 1996 Elisabeth vivió el momento más duro. Apenas empezaba a sospechar que esperaba gemelos "por el excesivo movimiento que sentía dentro", cuando dio a luz a Michael y Alexander. A las pocas horas se dio cuenta de que el primero respiraba con mucha dificultad y pidió a su padre que lo llevara a un médico. Pero él simplemente le dijo: "Lo que ha de ser será". El pequeño murió a las 66 horas de nacido y Elisabeth relató que aún recordaba su mirada como suplicándole ayuda. Sin remordimiento, Fritzl le dijo que se desharía del cuerpo en una caldera. Luego esparció las cenizas en el jardín.

Alexander también fue criado en la casa de arriba, pero Felix, quien nació en 2002, no corrió con la misma suerte. Fritzl se consideraba generoso, pues le había dado a su familia subterránea un árbol de Navidad y libros escolares, y en esa oportunidad apareció con una lavadora como regalo para Elisabeth por su nuevo bebé.

Los niños aprendieron a hablar, aunque según su madre tenían un lenguaje paralelo propio con gruñidos. Con sarcasmo confesó que se rió cuando se vieron por primera vez a un espejo. Y es que su único contacto con la realidad era un viejo televisor.

Aunque ella varias veces pensó quitarse la vida siempre se acordaba de sus hijos, especialmente de Kerstin, pues le obsesionaba evitar que tuviera el mismo destino. Además cuando ella no cooperaba, les cortaba la electricidad y no les daba suficiente comida, que por lo demás casi siempre era rancia. A veces Fritzl se iba de viaje sin avisar y Elisabeth, cuando se daba cuenta de que estaba demorando más de lo normal, tenía que racionar los pocos alimentos que les quedaban. Por si fuera poco el hombre no tenía reparo en violarla frente a los niños... simplemente apagaba la luz. Pero lo peor era cuando amenazaba con matarlos con gas si trataban de huir, pues les mostraba un dispositivo que supuestamente se activaría si intentaban forzar la puerta. Si le hacían algo a él, decía, nadie los podría encontrar.

"Me robó la vida", concluyó Elisabeth, quien calcula haber sido violada 3.000 veces. Su pelo se llenó de canas prematuramente y perdió varios de sus dientes. Ahora en libertad espera recuperar el tiempo perdido junto a sus seis hijos, quienes apenas se están adaptando a su nueva situación. Al punto que el más pequeño todavía pregunta dónde está su papá.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.