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| 5/2/2004 12:00:00 AM

"Mi vida es más aburrida de lo que algunos piensan"

El controvertido Jaime Bayly estuvo en Bogotá presentando 'El huracán lleva tu nombre', su nueva novela. SEMANA habló con él.

SEMANA: ¿Cómo cree que debe empezar una buena entrevista? Jaime Bayly: Debe empezar siempre con una pregunta inesperada. Las mejores entrevistas son las que sorprenden a la víctima de las preguntas. SEMANA: ¿Cuál ha sido su mejor entrevista? J.B.: Yo no he hecho entrevistas buenas; es más, creo que siempre han sido bastante malas. He tenido altibajos, pero el tono en general es mediocre. No soy un buen entrevistador, ni un buen periodista. La gente me acepta sólo por amabilidad y porque los otros son peores. Además siento que soy un escritor. El periodista debe ser objetivo y neutral, en cambio yo soy muy apasionado y me gusta tomar partido. Me encanta meterme en líos. SEMANA: ¿Entonces por qué ha estado tanto tiempo en los medios? J.B.: Es algo accidental, yo no busqué estar en los medios. Ha sido una relación un poco desconfiada y mercenaria. Es también una relación utilitaria: yo hago televisión para pagar las cuentas. SEMANA: ¿Pero la decisión de hacerse escritor sí fue consciente? J.B.: Yo diría que con plena inconsciencia, porque no sabía en lo que me estaba metiendo. Pero mi relación con la escritura es mucho más apasionada y de largo aliento. Si tuviera que escoger uno de los dos mundos, no dudaría en irme por la literatura. Eso sí, de vez en cuando le vendo mi alma a la televisión. SEMANA: ¿Cómo ha logrado hacer compatibles los dos oficios? J.B.: No sé si lo he logrado. Es complicado ser al mismo tiempo un escritor y una estrella de la televisión: inmediatamente se genera una tensión. El escritor tiende a aislarse y a observar, mientras que el hombre público está envuelto en tumultos y lo miran más de lo que él puede mirar. SEMANA: Pero en sus novelas aparece su vida de periodista. J.B.: Sí he usado mi vida profesional, pero sobre todo me he alimentado de los conflictos más persistentes y dolorosos de mi vida para escribir. Uno de esos conflictos es el que he tenido con el mundo del periodismo. Tanto en la vida como redactor de un periódico -que retraté en Los últimos días de la prensa- como en el mundo más frívolo y carnavalesco de la televisión. Creo que un escritor se forja a partir de los conflictos y que a partir de eso se escribe. Una novela es una manera desesperada de afrontar un conflicto. SEMANA: Hay muchas similitudes entre 'No se lo digas a nadie' y 'El huracán lleva tu nombre', ¿qué tanto siente usted que ha cambiado como escritor entre su primera y su última novela? J.B.: No creo que haya similitudes. El huracán lleva tu nombre es la historia de un hombre bisexual que se enamora de una mujer y la deja embarazada. En cambio, No se lo digas a nadie es la historia de un hombre que descubre su propia identidad y su propia sexualidad. Es verdad que ambas rozan temas comunes: la ambigüedad sexual, la intolerancia, la homofobia y la discriminación sexual en la sociedad peruana. Pero yo creo que son novelas muy diferentes en su técnica. Y me atrevo a decir que la última es mucho mejor. Cuando ojeo No se lo digas a nadie siento un poco de vergüenza: es muy impaciente. El huracán lleva tu nombre es mucho menos inepta. SEMANA: ¿Se siente parte de alguna generación literaria? J.B.: A mí me interesa más el mundo de las degeneraciones, tengo una curiosidad natural por ellas. Encuentro el tema de las generaciones bastante más aburrido. Yo no me siento parte de ninguna generación en particular, pero reconozco el talento de autores como Fuguet o Fresán. En cuanto a los colombianos me siento muy cercano, aunque no sea de mi generación, con Fernando Vallejo. Además de admirarlo comparto con él algunas degeneraciones. SEMANA: Sus críticos lo acusan de utilizar su vida escandalosa para vender libros, ¿qué les responde? J.B.: Me parece que es una crítica inexacta. Primero que todo, yo no aspiro a vender libros. Yo quiero contar buenas historias y no me preocupo si venden bien o mal. Ahora, estoy convencido de que los creadores tienen derecho a utilizar su propia vida para trabajar. Esa es su materia prima para encender el fuego de la literatura. Por otro lado, me parece que el adjetivo "escandalosa" está usado con ligereza. Mi vida no es escandalosa, al contrario, es mucho más aburrida de lo que algunos lectores sospechan. Eso sí, algunos de mis personajes sí tienen vidas llamativas y creo que es mejor no mezclarlas. SEMANA: ¿Entonces por qué sus novelas son tan controvertidas? J.B.: Lo que ocurre es que a veces, por decir lo que pienso, se generan algunos escándalos parroquiales. Pero eso es porque algunos se dejan sorprender por cosas que para mí son apenas normales. Decirle a un escritor que no puede utilizar sus propios demonios es una tontería. SEMANA: ¿Qué repercusiones le ha traído decir estas cosas? J.B.: En mi familia, con excepción de mis hijas que todavía no me leen, casi todos desaprueban mis novelas. Pero no queda más remedio que aceptar esta confrontación. Por ahora estoy satisfecho con mi nueva novela y, aunque suene a eslogan publicitario, creo que es mi mejor trabajo hasta el momento.
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