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| 1/11/2014 8:00:00 AM

¿El esquí es un lujo mortal?

El accidente de Michael Schumacher ha conmocionado al mundo. Sin embargo, no es la primera vez que una desgracia en este deporte y pasatiempo de élite se vuelve noticia. Varias celebridades han sido sus víctimas.  

A las once de la mañana del 29 de diciembre, Michael Schumacher descendía en un par de esquís alquilados las pendientes de los Alpes junto a su hijo Mick y varios amigos. Se hallaba de vacaciones en las blancas lomas de Méribel, una exclusiva estación de esquí en el sudeste de Francia. El clima apenas rozaba los cero grados centígrados y el cielo estaba despejado. El expiloto de Fórmula 1, un fanático del deporte, esquiaba por fuera de las pistas, una costumbre entre los más experimentados. Unos minutos después, como si se tratara de un cruel chiste del destino, el hombre que por 19 años manejó a más de 300 kilómetros por hora sin sufrir una lesión seria, se tropezó con una piedra, voló por un segundo y se chocó de cabeza contra una piedra. Su casco quedó partido en tres y desde entonces se encuentra en coma inducido.

Aunque iba a menos de 20 kilómetros por hora –según lo confirmó la grabación de la cámara que llevaba en el casco–,  aquellos familiarizados con ese deporte conocen sus peligros. Desde que se convirtió en una actividad recreacional a comienzos del siglo XX, el esquí ha causado miles de accidentes y muertes. Sin ir muy lejos, una semana después del incidente de Schumacher, la canciller alemana, Angela Merkel, se fracturó la pelvis mientras practicaba esquí de fondo en Suiza, una variante menos peligrosa del deporte. Si bien su lesión no fue grave, la dirigente tuvo que cancelar sus compromisos de enero y ahora se encuentra en muletas. Dos días después, y a pocos kilómetros, a Madonna casi le ocurre lo mismo. Sus casos, aunque preocupantes, palidecen en comparación con los de otras celebridades. 

El más reciente de todos ocurrió en febrero de 2012. El príncipe Juan Friso, hermano menor del actual rey de los Países Bajos, esquiaba con un grupo de amigos en Austria. A pesar de las advertencias de los locales, decidió tomar un camino peligroso y terminó sepultado bajo una avalancha. Cuando el equipo de rescate, que tardó veinte minutos en encontrarlo, lo trasladó al hospital más cercano, Friso tuvo que ser operado de inmediato. Después de la cirugía los médicos, al igual que con Schumacher, lo indujeron a un estado de coma para disminuir la inflamación de su cerebro. Todos creían que su adormecimiento tardaría unos pocos días, pero la lesión terminó siendo más grave de lo esperado. Un año y medio después, Friso, de 44 años, murió por falta de oxígeno en su cerebro.

Otra personalidad que murió mientras esquiaba fue Michael Kennedy, el sexto hijo del senador y candidato presidencial Robert Kennedy. El sobrino de JFK, quien tuvo una vida plagada por el alcohol, se encontraba de vacaciones con varios miembros de su familia en la exclusiva estación de esquí de Aspen, Colorado. En la tarde del 31 de diciembre de 1997, mientras jugaba fútbol americano en esquís, se estrelló contra un árbol y nunca se levantó. Según los testigos, el estadounidense no llevaba ningún tipo de protección.

Una semana después de la muerte de Kennedy, y de la misma forma, falleció el exesposo de Cher, Sonny Bono. El cantante y político, quien saltó a la fama por su música en la década de los sesenta, se encontraba de vacaciones con su familia en California. Bono, un esquiador con más de 20 años de experiencia, decidió bajar la pendiente por delante de varios miembros de su familia. Mientras descendía, se metió en un bosque espeso fuera de los límites y entonces su confianza lo traicionó: en una curva perdió el control y se estrelló contra un árbol. Su familia lo esperó durante horas al final de la pista pero Bono nunca apareció. Cinco horas más tarde un equipo de rescate encontró su cuerpo en la montaña.

“En los últimos años la cantidad de accidentes ha disminuido notablemente gracias al uso del casco, al mantenimiento constante de las pistas y a mejores esquís. Pero, como en el caso de Schumacher, todavía se ven muchos accidentes por fuera de las pistas. Esto se debe a que esos terrenos no se han modificado para facilitar el esquí y todavía tienen muchas rocas y árboles”, le explicó a SEMANA el instructor estadounidense Kevin Foote. Según los médicos que examinaron al expiloto de Ferrari, el casco le salvó la vida a pesar de que ni siquiera iba rápido. Y ahí se encuentra el peligro del esquí: un golpe relativamente suave se puede convertir en algo muy serio.

Eso fue lo que le pasó a la esposa del actor Liam Neeson, Natasha Richardson. Durante unas vacaciones en Canadá hace tres años, la actriz británica decidió tomar una clase de esquí junto a varios niños. Richardson, que nunca había esquiado en su vida, se tropezó y se golpeó la cabeza. Su instructor la revisó y al ver que no tenía ninguna lesión visible, continuó con la lección. Una hora después se empezó a sentir mal y el profesor decidió trasladarla a un centro médico. Richardson entró en coma por culpa de un hematoma. Poco después falleció.

Aunque la noticia conmocionó al mundo del entretenimiento, no evitó que el esquí siguiera siendo un deporte preferido por las celebridades. “A pesar de la cantidad de muertes de famosos durante los últimos años, el número de personas que esquía no ha disminuido. A decir verdad gracias a los Juegos Olímpicos de Invierno y a los esfuerzos de marcas como Red Bull y Mountain Dew, ese deporte se ha popularizado aún más”, revela Foote.

Uno de los grandes promotores del esquí fue Alfonso de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz y nieto del difunto rey Alfonso XIII de España. El noble, que llegó a ser presidente de la Federación Española de Esquí, protagonizó en la década de los ochenta uno de los accidentes de esquí más macabros de la historia. Borbón, de 52 años, se encontraba disfrutando unas vacaciones de invierno en Aspen, el mismo lugar donde moriría Michael Kennedy. Después de inspeccionar unas pistas para el mundial femenino junto al campeón austriaco Toni Sailer, el duque y su amigo decidieron bajar la montaña. Mientras descendían, su compañero, que iba más adelante, se detuvo para inspeccionar un cable de acero que se encontraba demasiado bajo. Justo cuando le iba a avisar a los encargados del peligro, el duque lo pasó velozmente y el cable lo decapitó.

“Es importante tener en cuenta que los accidentes graves como el de Schumacher y otras celebridades no ocurren todos los días. Pero lo preocupante es que hoy cada vez más gente patina por fuera de las pistas, gracias a que los esquís ahora son más fáciles de manejar”, dijo a esta revista el periodista Alf Anderson, especialista en deportes extremos. Desde que Schumacher se accidentó hace dos semanas, cientos de aficionados preocupados se han dirigido a Grenoble, donde está hospitalizado, para apoyarlo. Y aunque la ansiedad aumenta cada día, quizás el único que estaría tranquilo sería el mismo piloto teutón, quien en su última entrevista con la revista Der Spiegel afirmó: “Si algún día me pasa algo, es porque así es el destino, algo predeterminado”.
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