Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/07/30 00:00

Los nuevos ricos están reemplazando a los duques y a los lores

La prensa británica comenta que con el matrimonio de Pippa, la hermana de Kate Middleton, la clase media se está tomando a la más tradicional de las monarquías.

James Matthews y Philippa ‘Pippa’ Middleton se comprometieron la semana pasada y se casarán en 2017. La boda marcará el acercamiento de la realeza con los hijos de una clase media emergente y exitosa. Matthews es un genio financiero que ha logrado hacer una fortuna considerable por medio de su empresa Eden Rock Management. Foto: Getty Images

Hasta la llegada del siglo XX la monarquía británica solo permitía a sus miembros casarse con personas de sangre real, y su vida social se manejaba a ese nivel. En el siglo XX las exigencias bajaron y se aceptaba que los reyes, reinas y princesas se casaran o alternaran con la aristocracia de su país. De ahí que el príncipe Carlos, cuando era considerado el mejor partido de Inglaterra, tuvo que escoger entre la hija del duque de Wellington y Diana Spencer. Su verdadero amor era Camilla Parker-Bowles, pero si bien ella era de buena familia no tenía ni castillos ni ancestros con títulos. Se inclinó por Diana, que al ser Spencer descendía de una de las familias más aristocráticas del Reino Unido, cuyo castillo Althorp ha estado por más de 500 años en la familia y hoy es propiedad de su hermano Charles.

Ante el fracaso del matrimonio de Carlos y Diana las reglas del juego cambiaron. La consorte del futuro rey ya no tenía que ser ni de sangre azul ni virgen. Diana tenía esos dos requisitos, pero la fórmula no funcionó. De ahí que el matrimonio de su hijo William con Kate Middleton, aunque fue objeto de críticas por el origen de ella, fue recibido como un aire fresco que no le caería nada mal a una monarquía anquilosada. Como ella es preciosa y los tabloides se enloquecieron con ella y con su príncipe, la nueva generación real alcanzó un nivel de popularidad comparable al que ha tenido la reina Isabel II.

Kate Middleton es una mujer de armas tomar y ha impuesto su personalidad en la familia real. Ahora, con el anuncio del matrimonio de su hermana Pippa, toda la prensa británica comenta que ya no solo los Windsor, sino también los Middleton constituyen la realeza. Y aunque la imagen de la hermana mayor y futura reina es muy favorable, la de su hermana ha sido interpretada como la de la apoteosis del arribismo ante el salto social que ha dado como cuñada del futuro rey de Inglaterra.

Tanto Pippa como su futuro esposo, James Matthews, son nietos de mineros, la profesión más baja en el estrato social de esa sociedad clasista. El abuelo materno de Middleton y el abuelo paterno de Matthews extrajeron carbón desde jóvenes, pero sus hijos se superaron socialmente y conformaron familias de clase media bastante exitosas. Los Middleton fundaron una empresa formal de catering y piñatas infantiles, y los Matthews compraron el hotel Eden Rock en la isla caribeña de St. Barths y lo convirtieron en un paraíso tropical para clientes acaudalados donde una noche cuesta entre 800 y 4.000 dólares.

Pero el verdadero millonario es el prometido de Pippa, James Matthews. Ha resultado un genio financiero y fundó el fondo de inversión Eden Rock Capital Management, con el mismo nombre del hotel de su padre en el Caribe. Su tarjeta de presentación dice Hedge Fund Manager, y eso en el mundo de los barrios elegantes de Londres, como Belgravia y Mayfair, significa que el portador pertenece a la nueva realeza. Y esta trata de tener tanta parafernalia como la antigua. James tiene una supercasa de 22 millones de dólares en Chelsea, donde en el garaje duermen un Rolls-Royce y un Ferrari. También tiene un jet privado para desplazarse a su castillete en Escocia, rodeado de 4.000 hectáreas. El anillo de compromiso que le dio a Pippa costó 264.000 dólares, cifra que hace palidecer el anillo de zafiro, heredado de Lady Di, que Kate recibió de William.

La comparación entre ambas hermanas se ha vuelto común, aunque siempre Kate es presentada en una luz mucho más favorable que la de Pippa. El diario The Daily Telegraph estableció un paralelo tan superficial como diciente: mientras Kate tiene en su muñeca un discreto reloj Hermes de 4.000 dólares, Pippa tiene uno de los más caros y ostentosos de Cartier, rodeado de diamantes, cuyo valor se acerca a los 30.000 dólares. El artículo, que no es muy amable, termina diciendo que mientras se espera que Kate envejezca con gracia, a Pippa le espera un futuro de bótox y rígida expresión facial.

El hermano de James también ha dado de que hablar. Se volvió famoso en Inglaterra por su vulgaridad en el reality show llamado Made in Chelsea, en el cual se jactó de haberse acostado con más de 1.000 mujeres antes de cumplir 27 años. Fue expulsado del mismo cuando se descubrió que había tomado esteroides, violando una de las reglas del concurso, un hecho que justificó aceptando que quería “verse mejor en el espejo”.

James y Pippa se habían conocido años atrás, en 2012. Él había sido uno de los múltiples pretendientes de la hermana de la futura reina, que invariablemente era uno de los mejores partidos de Inglaterra. Pero para su infortunio, Pippa siempre tenía novio. Antes de 2012 fue George Percy, el heredero del duque de Northumberland y dueño de Alnwick, el segundo castillo habitado más grande de Inglaterra (conocido como la escuela Hogwarts en la serie de Harry Potter). Desde 2013 hizo pareja con Nico Jackson, un corredor de bolsa multimillonario con quien la relación se fue deteriorando pues este se mudó a Suiza para trabajar para un fondo de inversión. Y cuando el romance con Jackson se terminó, después de casi cuatro años, ahí mismo James y Pippa reincidieron. Con él de 40 años, y ella de 32, llegaron a la conclusión de que había llegado el momento.

La realeza representó por siglos el designio divino, por lo cual era natural que estuvieran separados de los meros mortales. Por eso queda en el aire la pregunta de cómo recibirá el pueblo estos cambios. Que la sangre azul se diluya con la llegada de esta nueva riqueza obliga a la Corona a hacer un balance de efectos positivos y riesgos. Para el diario The Times, la realeza podría salir fortalecida al proyectarse como más asequible y humana. Pero considerando las reacciones de los británicos en foros de opinión y redes sociales, que agresivamente tildan a Pippa de escaladora social, la cercanía a una generación de reality a la monarquía puede significar su golpe de gracia.

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