Martes, 23 de septiembre de 2014

| 2013/03/23 08:00

Mucho gusto, me llamo Batman

Milan Piqué no es el único nombre popularizado en Colombia de un momento a otro por un famoso. Estas son las historias de algunos colombianos que comparten el nombre de figuras célebres.

Mucho gusto, me llamo Batman Foto: Carlos Julio Martínez / Semana

Siempre que alguna figura pública salta a los titulares, muchas familias encuentran inspiración para bautizar a sus hijos. Colombia no es una excepción. Cuando se supo que el cardenal Jorge Mario Bergoglio había sido elegido como el nuevo papa, en tan solo una semana 29 familias se apresuraron a registrar a sus bebés con el nombre de Francisco. Lo mismo ocurrió con Milan, el primogénito de Shakira y el futbolista Gerard Piqué. La pareja ni siquiera había ido a la notaría, cuando en Soledad, Atlántico, ya había un bebé llamado Milan Piquet Suárez.

Los nombres bíblicos, que solían poner las madres a sus hijos hace muchos años, han sido reemplazados por los de los famosos, reinventados en cada ocasión, hasta hacerlos irreconocibles en algunos casos. Se trata de un resultado del avance de las comunicaciones con películas de cine, series de televisión y marcas extranjeras. Para las personas agraciadas con esos apelativos hacer trámites puede llegar a ser una pesadilla, pero al menos los que tienen homónimos célebres encuentran algunas ventajas. SEMANA habló con algunas de las versiones criollas de presidentes, superhéroes, compositores, filósofos y científicos sobre cómo ha sido llevar a cuestas la fama de otros.

Superhéroes por decisión  

Roberto Camargo nunca quiso encasillar a sus hijos y por eso les permitió a Pink Floyd Flash y Batman escoger sus propios nombres. 

Pocos villanos le dan tantos problemas a Batman como el Pingüino. Por eso, no deja de ser paradójico que el bogotano Batman Camargo, de 21 años, sea el fundador de una asociación protectora de animales. Su nombre y cargo le han valido toda clase de comentarios: “Para molestarme mis colegas siempre me preguntan: ‘¿Y cómo va la lucha contra el Pingüino?’”. Su hermano, Pink Floyd Flash, de 24 años, es víctima de lo mismo. Cuando llama a casa de sus amigos, en lugar de un simple “no está”, su interlocutor agrega: “Salió con Led Zeppelin”. 

Sus nombres no son el producto de una gran afición de sus padres a las tiras cómicas o a la música, sino de un hombre que optó por educar a sus hijos sin restricciones. Por eso cuando Pink Floyd Flash tenía 4 años y Batman 8, ellos mismos decidieron que se iban a llamar así. El primero lo escogió después de ver la película The Wall y el segundo, porque era su héroe favorito.  

Ambos tienen el nombre Roberto al final en honor a su papá y porque, según el menor, “a veces uno necesita llamar a un banco o pedir una cita médica y es mejor ahorrar tiempo”. El Batman, en cambio, le ha generado problemas. Cuando lo registraron, el notario pensó que era un chiste y no firmó el documento. Así que años después, al sacar la libreta militar, se enteró de que su registro civil no existía y le tocó empezar el proceso de nuevo.

Los hermanos son autodidactas y hoy tienen con su padre una pequeña empresa de cerámica y una productora de chocolates. “Nuestro problema es que somos conocidos no por lo que hacemos, sino porque nos comparan con los personajes”, asegura Pink Floyd. Pero fuera de las bromas ocasionales o de que muchos prefieren referirse a ellos como “señor Camargo”, llamarse igual a un superhéroe y una banda de rock les ha abierto muchas más puertas de las que se le abren a un Pedro o a un Juan. Incluso más que a un Roberto, pues como insiste Pink Floyd: “Todo lo que somos se lo debemos a mi papá. Él es el verdadero autor de nuestra fama”.

Hermanos con historia


Beethoven, Darwin, Sócrates, Galileo, Lincoln, Benhur y Tirza son los hijos de una familia de Líbano, Tolima, cuyo padre quiso rendirle homenaje a personajes históricos.


Guillermo Torres / Semana


A los hijos de don Jesús Herrera y doña Dioselina Valencia sus nombres les han traído más ventajas que problemas. Primero, porque es imposible que los confundan y segundo, porque hacen menos filas que los demás. “Cuando tenemos que hacer vueltas en una entidad donde ya ha estado alguno de nosotros, nos relacionan enseguida y nos facilitan todo más pronto”, asegura Sócrates, director del Centro de Investigación Científica Caucaseco de Cali. 


Claro que no faltan los chistes flojos. Por ejemplo cuando Beethoven (escrito en la cédula Betoven por un error en el registro civil) se presenta, hay quienes todavía le preguntan: “¿Como el perro de la película?”. Tampoco olvidan la vez en que un limosnero llegó a su casa del Líbano, Tolima, y su papá, Jesús, llamó al clan completo para que le ayudara: “Galileo, Benhur, Tirza, Darwin, Lincoln, Sócrates, Beethoven, vengan a la puerta”. Entonces, el mendigo le respondió asustado: “Ay señor, si quiere no me dé nada, pero por favor no me eche los perros”. 


Jesús y Dioselina no escogieron los nombres de sus hijos al azar. Criados en una región librepensadora, desde que nació el primero acordaron que los bautizarían en honor a personajes célebres perseguidos por sus ideas. Eso sí, tuvieron que luchar contra los caprichos del cura, pues en esa época este se otorgaba el derecho de ponerle al niño nombres del santoral si no estaba de acuerdo con el que había escogido la familia. Por eso, Tirza tiene antepuesto el María y sus hermanos, el José, aunque algunos se lo quitaron cuando sacaron la cédula. 


Dicen que nunca han pensado en cambiarse el nombre ni tampoco pretendieron seguirles los pasos a los genios. “Querer ser como ellos sería ridículo –explica Beethoven, economista destacado y profesor emérito de la Universidad Nacional–. Elegimos nuestras carreras libremente y hoy la gente nos recuerda por lo que hacemos, no por cómo nos llamamos”. No deja de ser una curiosidad que todos los hermanos sean intelectuales destacados en el país.


De presidente a carcelero 


Cincuenta años después de su muerte, John F. Kennedy sigue vivo. Ya no gobierna Estados Unidos, pues dirige la cárcel de Villahermosa en Cali.


James Arias


Dicen que cuando una vida termina, otra comienza. Eso es especialmente cierto en el caso del trigésimo quinto presidente de Estados Unidos y su homónimo colombiano, pues el 22 de noviembre de 1963, mientras el político moría en Dallas, en Cali nacía un chiquillo a quien bautizaron John Fitzgerald Kennedy Pinzón Vélez. 

No fue fácil crecer como la única persona en el país con el nombre completo de uno de los dirigentes más célebres del mundo. “Me costó mucho trabajo aprender a escribirlo. Siempre me comía la z”, reconoce el abogado. Por supuesto, casi nadie le cree cuando se presenta y muchas veces le responden: “Mucho gusto, Ronald Reagan”. Incluso, una vez un profesor lo obligó a llevar el registro civil porque pensaba que el niño se estaba burlando de él. Pero nada de eso lo ha hecho pensar en cambiarse el nombre.

Además, también es una forma de honrar a su padre, fiel admirador del presidente norteamericano. “Cuando marqué mis primeras tarjetas de abogado, solo puse John Pinzón Vélez porque el nombre era muy largo. El enojo de mi padre fue tal que me tocó cambiarlas y poner John F. Kennedy Pinzón”. Tal vez la única desventaja que ha tenido es que no ha podido conseguir la visa para Estados Unidos. Si bien su nombre no debería tener relevancia en el trámite, su papá está convencido de que se la niegan porque “el cónsul debe ser del partido de la oposición a Kennedy”.

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