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| 1/7/2017 12:00:00 AM

El escándalo del siglo pasado

La muerte de Debbie Reynolds un día después de su hija Carrie Fisher revive el triángulo de amor que conmocionó al mundo en los años cincuentas. Esta es la historia.

Medio siglo antes del escándalo de Angelina Jolie, Brad Pitt y Jennifer Aniston, el triángulo amoroso más famoso del mundo fue el de Debbie Reynolds, Eddie Fisher y Elizabeth Taylor. Los tres eran íntimos, y los tres eran famosos. Debbie era la niña idealizada del sueño americano: virginal, pura y sonriente. Eddie era el cantante del momento, no tan famoso como Frank Sinatra, pero definitivamente en las grandes ligas. Y Elizabeth era la diosa del sexo, la fuente de fantasías para millones alrededor del mundo.

A diferencia de Jennifer y Angelina, y muy a pesar de sus estilos contrarios de vida, Debbie Reynolds y Elizabeth Taylor fueron las mejores amigas por años. Por eso, cuando Taylor le robó el marido a Reynolds escandalosamente a finales de 1958, Reynolds, la niña buena de Texas, la girl scout como la llamaban algunos, tuvo que lidiar con una traición por partida doble a la cual se sumó la atención y humillación mediática.

Radiografía de una traición

En 1949 Reynolds llegó a los estudios de la Metro Goldwy Mayer. Debutante, impresionable, la texana de 17 años se vio compartiendo espacios con la británica Elizabeth Taylor, quien ya en esos momentos era una estrella. “Íbamos mucho a la escuela cuando ella no estaba rodando. Yo recién empezaba y no nos parecíamos en nada, pero nos la llevábamos bien y yo estaba maravillada de compartir con ella”, según contó a la revista People en 2016.

Era joven y virgen (“como mi madre, como mi abuela”) y Eddie Fisher, más experimentado, supo deslumbrarla en tres citas antes de proponerle el gran paso con un diamante gigante. Se casaron en 1955 y dos años después, cuando Liz Taylor y el galardonado productor de cine Mike Todd siguieron el mismo camino, sus amigos sirvieron de dama de honor y padrino. Ellas eran amigas y ellos dos muy cercanos, por lo cual, inevitablemente, las parejas se volvieron inseparables. Compartieron en galas sociales así como en viajes a destinos paradisiacos dignos de estrellas de la era dorada del celuloide.

Se divirtieron y se reprodujeron. Reynolds y Fisher tuvieron dos hijos, Carrie y Todd, mientras que Taylor y Todd tuvieron a Liza. Pero el destino pronto cambió radicalmente sus vidas. Solo un año después de casarse Todd murió cuando su Lockheed privado cayó en Nuevo México, y Elizabeth Taylor cayó en una fuerte depresión. El rodaje de Un gato sobre el tejado caliente sufrió varios retrasos pues la actriz se resguardó en su casa en Hollywood bajo los efectos de sedantes.

Su amiga Debbie, consciente del impacto, le recomendó a su marido, Eddie, estar a su lado en ese momento difícil. La inocencia y los buenos sentimientos le costaron, pues esa recomendación marcó el fin de su matrimonio. Fisher consoló a Taylor, pero como su hija Carrie diría décadas después en su espectáculo Wishful Drinking: “Corrió a estar a su lado, y gradualmente se movió al frente. La consoló con flores y, luego de un tiempo, con su pene”.

Los rumores y las repetidas visitas de Fisher a Taylor alimentaron las sospechas de Debbie. Por eso, una noche en la que sabía que Elizabeth estaba hospedada en el Plaza Hotel de Nueva York, llamó a su cuarto haciéndose pasar por la secretaria de Dean Martin. Su esposo contestó el teléfono y atrás escuchó la voz de Taylor que preguntó: “¿Quién llama, querido?”.

“Hazte a un lado, Eddie, quiero hablar con Elizabeth”, le dijo Debbie indignada. Más tarde confesaría al diario The New York Post que en ese momento pensó en quitarse la vida y que alcanzó a tomar pastillas, pero entró en razón. Después de días complicados, de confrontar a su marido cuando este le pidió el divorcio y le confesó amor por su amiga, Reynolds pensó en sus hijos. Ellos serían su razón de ser, por más de que su exigente carrera también le hiciera difícil pasar mucho tiempo con ellos.

Debbie rompió lazos con su exmarido y su ex mejor amiga, pero siempre culpó más a Fisher de lo sucedido. Se confesó consciente de que tanto las mujeres como los hombres consideraban irresistible a
Taylor y concluyó: “Obviamente fue él quien escogió abandonarme, ella no lo obligó. Era simplemente hermosa y él la deseaba como amante. En la vida real yo nunca fui una mujer muy sexual. Fui amiga de Elizabeth Taylor, Ava Gardner, y ellas ansiaban y buscaban sexo, hablaban de ello. A mí no me interesaba cazar maridos”, aseguró al diario The Express en 2015. La casa disquera de Fisher consideró su comportamiento reprochable y le canceló el contrato en 1960.

‘A hierro muere’

El escándalo duró solo cuatro años pues lo eclipsó otro más grande. Durante la filmación de Cleopatra, Elizabeth Taylor se enamoró perdidamente de Richard Burton, que hacía el papel de Marco Antonio.
Fisher, como se lo había advertido Debbie Reynolds cuando este le pidió el divorcio, quedó en el olvido. La pareja Taylor-Burton se convirtió en la más famosa del mundo durante los siguientes 20 años y Fisher quedó relegado a ser objeto de chistes. Se casó otras tres veces en su vida, pero su relevancia se diluyó con el paso del tiempo.

Aunque, por fortuna, la historia tuvo un final feliz para las dos amigas separadas por una traición. Reynolds y Taylor se reconciliaron y terminaron siendo íntimas amigas hasta el final de sus días. Sucedió poco después de que Taylor dejó a Fisher, cuando coincidieron en un crucero. Taylor escribió una nota de contrición a la que Reynolds respondió: “Dejemos eso atrás”. Cuando Taylor murió en 2011 de 79 años, en su testamento le dejó a su amiga Debbie una caja llena de joyas con zafiros que amaba con su vida y que su familia codiciaba. Reynolds, por su parte, habló en el funeral, e incluso recordó con cariño y gracia el episodio que casi las separa. A pesar de protagonizar el escándalo del siglo, la amistad fue más fuerte. 

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