Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1998/06/08 00:00

MUERTE EN EL VATICANO

El comandante de la Guardia Suiza, quien salvó la vida del Papa hace 17 años, fue asesinado la semana pasada por uno de sus subalternos.

MUERTE EN EL VATICANO

Desde octubre pasado el Vaticano buscaba a la persona indicada para asumir el cargo de comandante de la Guardia Suiza, el ejército más pequeño del mundo, fundado hace cinco siglos por el Papa Julio II y cuya función es proteger al Santo Padre y a la sede de la Iglesia Católica.
Entre las condiciones más importantes que debía reunir el candidato estaban el ser suizo de nacimiento, profesar la fe católica romana y tener sangre noble. Tras ocho meses de búsqueda el lunes pasado hubo humo blanco. El designado fue el coronel Alois Estermann, un suizo de 43 años que, aunque no cumplía con uno de los requisitos _ser un aristócrata_, había dedicado 18 años de su vida a proteger al Sumo Pontífice.
El comandante no pudo disfrutar de ese nombramiento, sin embargo. En la noche del lunes 4 de mayo, pocas horas después de su designación, él y su esposa, la venezolana Gladys Meza, fueron asesinados en su apartamento. El crimen sucedió alrededor de las ocho de la noche cuando el sargento mayor de la guardia Cedric Tornay golpeó en el hogar de los Estermann, disparó cuatro veces contra la pareja y luego se suicidó. En cuanto conoció la noticia, el Papa Juan Pablo II suspendió todas sus actividades y se dedicó a orar.
Desde el turbio reinado de los Borgia, hace 500 años, el Vaticano no presenciaba un crimen de esa magnitud. El último acto violento que se recuerda en ese pequeño país fue el atentado contra el Papa Juan Pablo II en mayo de 1981. Lo curioso es que en esa oportunidad Estermann, entonces capitán de la Guardia, caminaba vestido de civil a pocos pasos del séquito que acompañaba al máximo prelado. Cuando Ali Agca disparó contra Juan Pablo II, Estermann lo abrazó y con su cuerpo lo protegió de las balas asesinas.
Desde entonces, según los conocedores de los intríngulis del Vaticano, Estermann se convirtió en uno de los hombres claves de la Guardia Suiza y con frecuencia era asignado para acompañar al Papa a sus diferentes compromisos. Se estima que viajó con él a más de 30 países y se asegura que gracias a esa cercanía entre los dos nació una gran amistad.
Por eso el doble crimen cayó como un baldado de agua fría. En un comienzo se creyó que se trataba de un lío pasional pero más tarde los hechos fueron apuntando hacia otra dirección. De acuerdo con las investigaciones preliminares Tornay, de 23 años, habría cometido el asesinato en un momento de locura y cegado por los celos ante el anuncio de la designación de Estermann en ese alto cargo.
Truncó así algo que más que una carrera se había convertido en un sueño. En una entrevista que concedió hace un mes Estermann se mostró optimista y manifestó que esperaba con ansiedad el 6 de mayo, día en que se celebraría el juramento anual de la Guardia Suiza. Desgraciadamente esa ceremonia nunca se llevó a cabo. Fue cancelada para oficiar en la Basílica de San Pedro el que sería su propio funeral.

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