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| 3/18/2006 12:00:00 AM

Mujeriego genial

Una nueva película sobre Giacomo Casanova sigue la leyenda que lo muestra como un seductor libertino. Pero en realidad fue también un portento de la ciencia, la literatura y la filosofía.

Alos 73 años, un disminuido y solitario Giacomo Casanova, después de haber sido expulsado de casi todos los países de Europa por sus estafas y escándalos, buscó refugio como bibliotecario del conde de Walstein en Dux, Bohemia, en la actual República Checa. Pocos hubieran pensado que el amante más famoso de la historia terminaría solo, nostálgico y dedicado a la escritura de sus memorias y de sus teorías matemáticas. Pero quienes se han preocupado por conocer a este personaje más allá del mito, entenderán que además de un hedonista empedernido, su genio lo llevaba a entender el mundo, la ciencia, la música y la literatura, además de las mujeres. Que él terminara sus días rodeado de libros no es en absoluto contradictorio.

A pesar de esto, la imagen que ha perpetuado Hollywood es la del hombre libertino de muchos amores, que lograba despertar el deseo con sólo una mirada pícara desde cualquier parte del salón. Y esta es la que también se ve reflejada en la reciente película Casanova, dirigida por Lasse Hallström y protagonizada por Heath Ledger y Sienna Miller. Además, muestra una faceta mucho más romántica de la historia al introducir el personaje ficticio de una escritora feminista, interpretada por Miller, que logra conquistar el amor del joven y escurridizo veneciano.

Aunque sus conquistas se volvieron temas de conversación en toda la sociedad europea, donde era un personaje reconocido, venía de un hogar plebeyo. Nació en 1725 de la unión entre dos actores, Gaetano Casanova y Maria Farussi. Fue considerado un niño enfermo y poco capaz hasta sus 8 años. Luego, su intelecto se iluminó de manera excepcional, lo que le brindó la posibilidad de estudiar y obtener a los 17 años un titulo en derecho. Y aunque en un principio pensó seguir la carrera eclesiástica, y fue al seminario y alcanzó a tomar sus primeros votos, su rebelde personalidad se interpuso y lo llevó a ser expulsado del clero. Luego se encaminó por una carrera militar, que tampoco lo entusiasmó. Su natural encanto le permitió poco a poco ir escalando posiciones, ayudado por varios nobles que lo mantuvieron a su servicio y bajo su protección. Su incursión en las altas esferas ayudó a que se hiciera amigo de personajes como Wolfgang Amadeus Mozart, la emperatriz Catalina la Grande, Madame Pompadour, el rey Luis XV y Voltaire.

Hizo estudios sobre el calendario gregoriano, escribió El Icosameron (la primera novela de ciencia ficción de la literatura universal), se desempeñó como filósofo, espía, inventor y tahúr. Además, fue el primer hombre que logró escapar de la prisión de los Piombi en Venecia. Amasó fortunas que luego despilfarró en banalidades y engañó a sus amigos para costearse una vida llena de placeres y comodidades. Aun así muchos consideran que su gran aporte a la humanidad, más que sus historias de héroe erótico, fue su faceta académica e increíble disciplina, que desafortunadamente han sido desdeñadas por su fama de vividor.

A pesar de declararse convencidamente cristiano y de querer seguir las enseñanzas de la Iglesia, este hombre rompió con los vetos morales que promulga esta religión. Utilizaba métodos anticonceptivos con sus amantes, entre ellos una canica de oro de 60 gramos que introducía en ellas y en otras ocasiones un primitivo condón hecho de intestino animal. De todas maneras logró, supuestamente, embarazar a su propia hija Leónida, fruto de un romance con Donna Lucrecia de Nápoles. Él ya sabía que era su hija, porque años antes de dejarla en estado interesante había mostrado intenciones de casarse con ella, a lo que la madre se opuso revelando el parentesco entre los dos. Además, tuvo romances con una monja y una travestí que se hacía pasar por un soprano castrato.

Pero aun así el mundo sigue fascinado con él a causa de su mítica capacidad de seducción. Algunos hablan de cientos, otros de miles de mujeres que compartieron la cama con él. Muchos se preguntan qué truco hacía a este hombre tan atractivo al sexo opuesto. No pocos pensaron que dado su historial como miembro de la logia de los Francmasones, conocedor de la Cábala y alquimista -razones por las cuales siempre fue perseguido por la Santa Inquisición, encarcelado y desterrado de muchos países europeos-, el irresistible hombre se valiera de técnicas mágicas para conquistar a sus amantes.

Pero su proceder era aún más simple. "Cómo él mismo respondía, no había más técnica que mostrar interés por la belleza y la bondad de las mujeres. Casanova era, además, una persona emocional que no trataba de esconder sus sentimientos", dijo a SEMANA Anthony Badalamenti, PhD en siquiatría y sicoanálisis, que se ha dedicado a estudiar la figura histórica de Casanova.

"Mi ocupación principal fue siempre cultivar el goce de mis sentidos; nunca tuve otra más importante. Como consideraba que había nacido para el bello sexo, lo he amado y me he hecho amar por él cuanto he podido", escribió Casanova en La historia de mi vida. Muchos creen que buscó afecto en brazos femeninos a causa de la falta de atención durante su niñez por parte de su madre, quien viajaba mucho como actriz que era. Pero la verdad es que él siempre las idealizó y las veneró. Su arma de seducción era su capacidad de conversar, de preocupase por sus vidas, por lo que pensaban y, ante todo, de amarlas sinceramente. Y ellas lo amaron a él también. Al punto que durante sus últimos años de vida, cuando caído en desgracia se dedicó a los libros, le dieron la mano, nunca con rencor, sino con el bello recuerdo de haber sido adoradas por aquel hombre excepcional, aunque sólo fuera por unos cuantos días.
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