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| 12/7/1992 12:00:00 AM

NACE UNA ESTRELLA

Por primera vez en la historia de Estados Unidos el vicepresidente está a la altura del primer mandatario.

NACE UNA ESTRELLA, Sección Gente, edición 549, Dec  7 1992 NACE UNA ESTRELLA
LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE Estados Unidos no sólo convirtieron a Bill Clinton en el nuevo inquilino de la Casa Blanca sino que al mismo tiempo hicieron de Albert Gore Jr., el nuevo vicepresidente, un fenómeno político.
Gore nació en 1948 en el seno de una familia patricia del sur. Pasó la mayor parte de su juventud en el apartamento que sus padres ocupaban en el exclusivo hotel Fairfax de Washington, que era de su propiedad. Estudió en el colegio St. Albans y en las universidades de Harvard y Vanderbilt. En cuanto a la política, su aprendizaje comenzó en la cuna, pues su padre fue uno de los senadores más prestigiosos de la época del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt.
Cuando tenía 28 años Gore dejó la sala de redacción del The Tennessean de Nashville, donde era columnista, para lanzarse exitosamente por una curul en la Cámara de Representantes, Ocho años después llegó al Senado y en 1988 intentó infructuosamente obtener la candidatura demócrata a la presidencia. Aunque sus te sis no sonaban mal, Gore resultó ser demasiado rígido y poco comunicador. En pocas palabras, demasiado joven.
Su vida tuvo un momento de dramatismo hace dos años, cuando su cuarto hijo fue atropellado por un carro y permaneció grave varios meses. El hecho le obligó a retirarse temporalmente de la política y se replanteó su vida, al punto que quienes le conocen dicen que hoy es un hombre nuevo. Parte de esa transformación le llevó a convertirse en un destacado ecologista, autor de un libro sobre el tema.
En la política norteamericana era habitual que el candidato a la presidencia nombrara a un hombre radicalmente diferente como su compañero de fórmula para conseguir votos de los diversos sectores. Pero en este caso Clinton no sólo no buscó un hombre con ese perfil, sino que se trata de dos personajes en muchos aspectos cortados con la misma tijera. Ambos son sureños, tienen casi la misma edad, fueron influidos por los años 60 y son liberales.
Sólo se complementan en que Gore es un pulcro hombre de familia al que no se le acusa como a Clinton de un supuesto romance extramarital y en que el primero participó en la guerra de Vietnam, mientras que Clinton evitó ser enlistado.
Al Gore está tan lleno de cualidades que en algunos sectores lo prefieren por encima del propio presidente: buena pinta, elocuencia, prudencia, cálculo y un gran carisma para enfrentarse a las masas. Y es precisamente por esa perfección por lo que algunos han llegado a criticarlo. Como dijo el periodista William Safire hace un par de semanas en su columna del The New York Times: "Al Gore Jr. es un hombre tan perfecto que parece prefabricado, un androide."

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