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| 8/20/2011 12:00:00 AM

Nazi de alta costura

Coco Chanel habría sido la más elegante espía del nacionalsocialismo. Un nuevo libro revela las conexiones entre la diseñadora francesa y los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante la ocupación alemana, Coco Chanel vivía en una lujosa habitación del hotel Ritz de París, el prestigioso palacio localizado en la plaza Vendôme, cuya forma octagonal inspiró el diseño de la tapa de sus perfumes. El lugar era frecuentado por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels y el comandante de la fuerza aérea alemana Hermann Göring. En ese entonces, la gente prefería no preguntar por qué la diseñadora francesa tenía el privilegio de estar al lado de los grandes dirigentes del régimen de Hitler. Ahora hay una respuesta.

En efecto, según Sleeping with the Enemy, Coco Chanel's Secret War (Durmiendo con el enemigo, la guerra secreta de Coco Chanel), libro del periodista estadounidense Hal Vaughan publicado la semana pasada, la diseñadora fue espía de los alemanes. Descrita como radicalmente antisemita, habría realizado misiones para los nazis e intentado sacarle provecho a su condición de 'aria'.

Vaughan llegó a esa conclusión después de estudiar más de doscientos documentos que encontró en archivos de Francia, Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos. Mientras que el mundo conocía a Gabrielle Bonheur Chanel con el sobrenombre de Coco, para el servicio de inteligencia nazi se trataba del agente F-7124, también apodado Westminster (en referencia al duque de Westminster, antiguo amante de la costurera).

"Lo más admirable de Coco es que logró hacer todo lo que quiso gracias a sus amigos y amantes. Con los nazis no fue la excepción", dijo Vaughan a SEMANA. Por eso mismo, afirma el autor, la diseñadora mantuvo una relación con el barón Hans Günther von Dincklage, quien se desempeñaba como agente nazi bajo el sobrenombre de Gorrión y fue su fiel compañero en misiones secretas. Coco probablemente lo conoció en 1935 en Londres y, cinco años después, habría comenzado su romance, que duró más de una década.

Según el minucioso relato del libro, Coco y el barón realizaron dos misiones. La primera, en España, en 1941. La diseñadora debía presentar a un agente francés a varias personalidades en Madrid. "Coco tenía tantos amigos y la conocía tanta gente que era la mujer perfecta para servir de conexión entre los servicios secretos alemanes y la sociedad europea", cuenta Vaughan. Su segunda misión, llamada 'Sombrero de costura', se desarrolló en Berlín, en 1944. Consistía en establecer contacto entre altos oficiales del Führer Adolf Hitler y el primer ministro británico, Winston Churchill, para que Alemania pactara la paz por separado con Inglaterra.

A Coco le convenía mantener estrechas relaciones con los nazis para recuperar la marca de perfumes Chanel. Poco después de que la Vermacht ocupó París en 1940, ella había decidido cerrar la casa de modas. Solo permaneció abierta la boutique de perfumes, controlada mayoritariamente por la familia Wertheimer. Cuando esta se exilió en Estados Unidos por la guerra, Coco alertó a los alemanes que sus socios eran judíos. Sin embargo, los Wertheimer pasaron rápidamente el control de la empresa a varios amigos para evitar perder el negocio.

Liberado París, dos hombres de las fuerzas francesas llegaron al hotel Ritz y detuvieron a la diseñadora. Pero, al parecer, solo permaneció arrestada una hora, pues dicen que el mismísimo Churchill intercedió por ella. Sin embargo, debió exiliarse en Suiza durante casi una década para evitar un proceso en su contra. "Lo increíble de todo es que en 1954 regresó a París, y con el financiamiento de los Wertheimer, la misma familia judía con la que se había disputado el control de los perfumes, logró reconstruir la marca. Sin duda alguna, es una mujer extraordinaria", afirmaVaughan.

Un solo dato defiende a la diseñadora, aunque no explica todas sus actuaciones: los nazis le habrían prometido liberar a un sobrino suyo que tenían en un campo de concentración. Y la casa de modas, por su parte, niega los señalamientos del libro, principalmente los de antisemitismo. "No podemos dejar que digan eso -afirma Chanel en un comunicado-. ¿Con esa postura habría tenido íntimos amigos de origen judío o relaciones profesionales con la familia Rothschild, el fotógrafo Irving Penn o el escritor Joseph Kessel?", se pregunta. Y sobre su romance con el barón Hans Günther von Dincklage, la casa admite que "no era la mejor época para vivir una historia de amor con un alemán".

Las nuevas revelaciones no pararían con el libro de Vaughan. La escritora Lisa Chaney publicará, a finales de este año, Coco Chanel: An Intimate Life (Coco Chanel, una vida íntima), en el que sostiene que la diseñadora tuvo relaciones bisexuales, consumía opio y se acostaba con el pintor Salvador Dalí cuando él estaba casado. Para probar sus relaciones amorosas con otras mujeres, la autora se basa en la correspondencia de Coco.
Quizás, como dice la casa Chanel, buena parte de la vida de la diseñadora permanecerá en el misterio. Nazi, bisexual o consumidora de droga, la genio de la costura probablemente no será recordada por eso. Al menos nadie entra a la plaza Vendôme y recuerda que el Ritz fue el escenario de su época oscura. Todos, al contrario, ven la lujosa tienda Chanel que se encuentra al frente del hotel y recuerdan que hace un siglo Coco comenzó a construir el revolucionario imperio de la moda, que hoy sigue siendo sinónimo del más alto prestigio. 
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