Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/02/28 00:00

Niña coraje

Un libro escrito por una víctima del pederasta belga Marc Dutroux, 'el monstruo de Bélgica', causa conmoción en Europa.

El testimonio de Sabine Dardenne fue decisivo a la hora de condenar a Marc Dutroux. Su libro es además un éxito de ventas.

"Yo tenía 12 años, cogí mi bici y me fui al colegio". Así comenzó la pesadilla de Sabine cuando una mañana de 1996, a pocas calles de su casa en Turnai, una pequeña ciudad de Bélgica, fue raptada por Marc Dutroux (de 47 años), que para entonces ya había secuestrado y violado a una decena de niñas y había asesinado al menos a seis de ellas.

Con un valor increíble para su edad, Sabine Dardenne soportó 80 días de abusos sexuales y humillaciones, pero se salvó de milagro de la muerte y el año pasado fue la testigo clave en el 'proceso del siglo' en Bélgica contra Dutroux y sus cómplices, condenados a largas penas de cárcel tras un juicio que estremeció a toda Europa.

Durante aquellos 80 días "en el infierno", Bélgica entera se movilizó para encontrar a Sabine, quien se convirtió en el símbolo de las niñas desaparecidas. Sus compañeros de colegio y sus vecinos la buscaron sin descanso, las autoridades dragaron el río, helicópteros sobrevolaron la región, la familia distribuyó carteles con su foto en toda la nación y en los países vecinos, y la policía realizó numerosas batidas en poblados y ciudades sin éxito alguno.

Pero Sabine ignoraba todo aquello, sometida a los abusos y manipulaciones de Dutroux, quien le hizo creer que él era su "salvador". Dutroux repitió esta misma mentira a todas las niñas que cayeron en sus garras. Al principio les decía que él sólo era el subalterno de un jefe mafioso dedicado al secuestro y que las liberaría en cuanto los padres de las niñas pagaran el rescate. Días después les aseguraba que sus padres no habían podido o no habían querido pagar, que tenía orden de matarlas, pero que las iba a ocultar para salvarles la vida. Entonces las encerraba en una celda de seis metros cuadrados, sin ventilación ni luz natural, oculta en el sótano de su casa, y sólo las sacaba de allí para someterlas a vejaciones sexuales. Antes de Sabine, por esa misma celda habían pasado dos niñas de 8 años, Julie Lejeune y Melissa Russo, y las jóvenes An Marchal (de 17 años) y Eefje Lambrecks (de 19 años), que terminaron muertas. Así que el destino de Sabine parecía la muerte.

El escalofriante y conmovedor libro de Sabine, que ahora tiene 22 años, narra los abusos, los miedos y las dudas desde la perspectiva de una niña de 12 años que busca sobrevivir a toda costa. "La sombra de la muerte se apoderó de mí en ese zulo (caleta) siniestro y ya no me abandonó. Tenía miedo todo el tiempo, aun cuando estaba sola. La muerte me perseguía". Con su lenguaje infantil bautizó "el cuarto del calvario" a la habitación donde Dutroux la llevaba para violarla cada noche, le llamaba "ademanes" a sus exigencias sexuales y se preguntaba una y otra vez: "Si él es mi salvador, ¿por qué me maltrata?".

Desde su cautiverio Sabine redactó varias cartas a su familia en las que describe en detalle los horrores que padecía y pide que hayan todo lo posible por liberarla de aquel encierro, pues Dutroux la había convencido de que estaba allí porque su familia no había podido pagar el rescate. "Primero: 'Quiero'´ volver a casa porque me gustaría volver a verlos. Segundo: me gustaría volver a casa porque este no es mi sitio, mi sitio está con ustedes, junto a mi familia y mis amigos, y también ¡porque no aguanto más este cuchitril! Y tercero: (Dutroux) me hace demasiado daño...". Estas cartas fueron decisivas en el juicio para condenar a cadena perpetua a Dutroux, quien manipuló a la niña hasta el final. Sobre la primera carta le dijo: "Mira, tus padres han recibido tu carta, un amigo mío se la dio a tu madre. Ella ha dicho que tienes que comer bien, que no te bañabas muy bien, y también que tenía que gustarte el sexo (...) Ahora vas a empezar una nueva vida, vas a ser 'mi mujer".

El pedófilo obligó a Sabine, como a sus demás víctimas, a comer viejas latas de conserva y leche caducada, mientras él se alimentaba con carne y verduras frescas. Cuando las niñas sangraban o se enfermaban por sus abusos sexuales, él les daba medicamentos caducados y reprimía sus protestas a fuerza de manipulación. "No me pegó, nunca lo hizo. No necesitaba más que levantar la mano, con su mirada violenta y su cara de ira. Ello bastaba para hacerme callar o para que me resignara a hacer lo que él quería. Tenía un poder mucho peor que el de los golpes, el poder de meterme el miedo a la muerte", asegura Sabine en su libro.

Un día, harta de tanto encierro y soledad, Sabine le pidió a Dutroux en un reclamo infantil que quería una amiga, "para tener con quien hablar".Pocas semanas después él raptó a Laetitia Delhez (de 14 años), la sometió a abusos sexuales durante varios días y luego la encerró con Sabine. Ella aún se siente culpable de que su exigencia haya significado el secuestro y la violación de otra persona.

Pero al contrario de los raptos anteriores, esta vez hubo testigos del secuestro de Laetitia, y la camioneta desvencijada y ruidosa de Dutroux condujo a la policía a capturarlo en seis días. Acosado por los interrogatorios, accedió a llevar a las autoridades a su casa y a mostrarles la caleta donde mantenía ocultas a las niñas. El hombre las tenía tan manipuladas que Sabine y Laetitia, al verse liberadas, lo besaron y le dieron las gracias, en un acto por el cual ambas se han arrepentido y han llorado de rabia durante todos estos años.

A partir de ahí el caso Dutroux saltó a los medios de comunicación, que le llamaron "el monstruo de Bélgica" y "el peor pederasta de Europa". Con él cayeron su ex mujer, Michelle Martin (con quien Dutroux tiene tres hijos), y dos cómplices más. La mujer de Dutroux no sólo lo sabía y aceptaba todo, sino que grabó en video varias violaciones, y casi dejó morir de hambre en aquel sótano a las niñas Julie y Melissa, en una temporada de 1995 en que Dutroux fue detenido por la policía. Tras ser liberado, él cavó un agujero en el jardín de su casa y sepultó agonizantes a las dos pequeñas.

Dutroux perpetró todos estos crímenes estando en libertad condicional, luego de cumplir sólo siete de los 13 años a los que había sido condenado por el secuestro y violación de seis niñas. Sabine Dardenne justifica así su libro: "Soy una de las pocas supervivientes que han tenido la suerte de salvarse de este tipo de asesinos. Necesitaba contar mi historia. Si he tenido el valor para reconstruir este calvario es sobre todo para que ningún juez vuelva a liberar a un pedófilo en mitad de su pena por 'buena conducta' y sin ningún tipo de precaución".

En 1998, Dutroux logró fugarse de las autoridades y, aunque su escapatoria sólo duró unas pocas horas, este hecho causó un escándalo tan grande en Bélgica que forzó la renuncia del director general de la policía belga y de los ministros de Interior y de Justicia.

Sabine siempre se ha negado a recibir tratamiento sicológico tras su terrible experiencia, "pero ha logrado sobreponerse al trauma porque es una persona excepcional, con una tozudez, una gran valentía para superar las adversidades y una alegría de vivir que salta a la vista cuando la conoces", dijo a SEMANA Yolanda Alba, representante de la editorial Martínez Roca, que publicó el libro en España. La historia de Sabine Dardenne es el diario ejemplar de una sobreviviente.

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