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| 7/23/2011 12:00:00 AM

“No hay mal trabajador si le adivinas el trabajo”

Pablo Pineda, el primer europeo con síndrome de Down en obtener un título universitario, está de gira en Colombia para hablar sobre la inclusión laboral de las personas en situación de discapacidad.

SEMANA: Luego de graduarse como licenciado en Psicopedagogía, ¿cómo dio el paso al mundo laboral?
 
PABLO PINEDA: Fue un paso brusco porque pasé de estar en casa estudiando y rascándome la barriga, a una oficina donde tenía que demostrar que era competente. Fue una lucha cuerpo a cuerpo. Tuve la suerte de trabajar primero en el ayuntamiento de Málaga y luego de actuar en ‘Yo, También’ (una película basada en su vida). Esa doble faceta me ha servido para llevar el mensaje de que las personas con síndrome de Down se pueden desempeñar en cualquier campo. Hay gente con distintas capacidades y siempre recuerdo una frase de mi abuelo materno: ‘No hay mal trabajador si le adivinas el trabajo’.
 
SEMANA: Pero en todo caso, el hecho de ser alguien con cierta visibilidad ha jugado a su favor.
 
P.P.: Al contrario, es más complicado porque te ponen todos los palos. Tienes que luchar y hacerte valer. Por ser el primero, no solo he tenido que sacar la cara por mí, sino por todo el colectivo síndrome de Down. Y no ha sido fácil. De hecho, desde el colegio me pusieron impedimentos.
 
SEMANA: ¿Usted era el único alumno con ese trastorno genético?
 
P.P.: Sí. Toda la vida mis papás lucharon para que estudiara en un colegio normal. Los médicos les decían que iba a ser muy difícil que yo aprendiera, pero mi mamá siempre fue muy rebelde y, cada vez que ellos salían con ese cuento, les respondía: ‘Ustedes ocúpense de las gripas de mi hijo, que yo me ocupo de su educación’.
 
SEMANA: ¿En qué momento tomó conciencia de que era síndrome de Down?
 
P.P.: Cuando tenía 7 u 8 años, un profesor de la Universidad de Málaga llamado Miguel García me preguntó si yo sabía que era síndrome de Down. Yo no tenía ni idea, pero le dije que sí. Entonces le pregunté: ‘Don Miguel, ¿soy tonto?’. Él me dijo que no y empezó a explicarme qué era eso. Luego volví a preguntarle: ‘¿Puedo seguir estudiando?’. ‘Por supuesto’, me respondió. Y con eso me bastó. A mí me daba igual el tema de los genes y los cromosomas. Lo único que me importaba era poder seguir yendo al colegio.
 
SEMANA: ¿Cuál es el objetivo de sus charlas?
 
P.P.: Quiero cambiar la mentalidad de los empresarios y hacerles entender que las personas como yo también podemos trabajar. Desde que estoy vinculado como asesor a la Fundación Adecco, hace año y medio, he logrado que el tema les quede dando vueltas en la cabeza.

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