Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/07/25 00:00

NUNCA SEGUNDAS PARTES...

Al opinar sobre lo divino y lo humano, Iacocca fracasa en su nuevo libro.

NUNCA SEGUNDAS PARTES...

Talking Straight quiere decir "Hablando francamente" y esas son las intenciones del coautor de este libro, el magnate automovilístico que publica su segundo volumen de memorias bajo ese título, excitado con el éxito del anterior, "Iacocca, una autobiografía", el cual, desde 1984 ha vendido cerca de 7 millones de ejemplares en todo el mundo, o casi todo. En esta nueva salida Iacocca busca responder buena parte de las 70 mil cartas que le llegaron con inquietudes de sus lectores. Convertido en una especie de filósofo y consejero doméstico, con un lenguaje que pretende mezclar la ingenuidad con la sabiduría práctica que le permitió convertirse en salvador de grandes empresas arruinadas, Iacocca no ha convencido mucho a sus críticos en esta segunda operación editorial.
Ese primer volumen de memorias es tomado en algunas escuelas de administración y negocios como modelo de arrojo, ambición, método y decisión y el mejor ejemplo está en cómo Iacocca después de su carrera de 32 años en la Ford saltó al rescate de la Chrysler, la salvó y apareció en esos comerciales de televisión en los cuales con su sonrisa de profesor universitario y maneras simples convencía a los norteamericanos, también simples, de la necesidad de consumir productos Chrysler. El éxito fue tan grande que hasta le propusieron que se,lanzara a la presidencia y en algún momento coqueteó con la idea.
Este segundo libro es cáustico, magnánimo y aleccionador, se lanza contra los que manejan los corrillos oficiales en Washington, los que deciden las transacciones en Wall Street, los que mantienen intereses en todas partes y con sus 63 años bien conservados, el autor (escribió el libro con la ayuda del periodista Sonny Kleinfield) se queja de la forma blanda y hasta irresponsable como muchos norteamericanos eluden su obligación social de participar en la lucha contra el déficit fiscal, los colegios y universidades caros e inoperantes, la explotación de los trabajadores y otros tópicos que más parecen el programa electoral de un candidato. A diferencia de otros dirigentes industriales, Iacocca pide una mayor intervención del gobierno federal y comenta cómo, el nuevo presidente, "deberá encontrar la forma de frenar la polarización de este país porque ya no somos unos Estados "Unidos" sino una agrupación de 50 regiones, cada una haciendo lo que quiere".
A diferencia del primer volumen éste se detiene poco en reconstruir hechos y situaciones personales del autor, dedica pocas páginas a hablar de la prolongada y mortal diabetes de su primera esposa Mary y describe rápidamente su matrimonio de 19 meses con Peggy Johnson, una ex azafata aérea. Soltero en la actualidad, tiene en su madre Antoinette, de 84 años la mejor compañera para sus frecuentes viajes.
Goza describiendo las operaciones comerciales, la posibilidad de haber tomado la General Motors con 40 mil millones de dólares, una empresa que es cuatro veces mayor que la Chrysler pero, después de consultarlo con abogados y banqueros llegó a la conclusión de que comprar Grecia con sus habitantes era más sencillo. Después Iacocca adquiriría American Motors, Lamborghini y parte de Maserati luego de una serie de ofertas y contraofertas de otros interesados. Es ahí hablando de dinero donde asoma el Iacocca paternal que quiere aconsejar a todos y previene sobre el que considera el peor defecto de los empresarios y magnates norteamericanos, su afán de figurar en todas partes, aunque inviertan mal el dinero ajeno y se lanza contra esos ejecutivos que mantienen costosas y sangrientas batallas financieras dejando a sus compañías debilitadas y endeudadas sólo porque quieren aumentar su supuesto poder.
Para que sus admiradores no sigan equivocados con sus verdaderos intereses, Iacocca descarta cualquier aspiración presidencial de su parte y para desanimarlos afirma que una de las fórmulas para reducir el déficit del presupuesto es aumentar los impuestos, plantea reordenar la balanza de pagos con los japoneses, pide un mayor control de las armas de fuego en poder de los ciudadanos, reducir drásticamente los subsidios federales a los granjeros y desde ahora, pensando en su retiro anuncia que se dedicará a enseñar y dictar conferencias, lo que anuncia también un tercer volumen de sus Memorias y consejos paternales.
Las críticas a este segundo libro no han sido muy favorables y muchos lamentan que, seguramente presionado por sus editores, Bantam Books Iacocca haya intentado lo que parece un esfuerzo inútil, repetir el éxito y el impacto del primer volumen. Es que, dicen los críticos, en ese libro había una historia, la del hijo del inmigrante que surge con sus puños, pero ahora ya no hay historia, sólo la sucesión de frases llenas de sentido común pero tontas, que muchos leen con sorna y en ocasiones con lástima, como cuando compara el SIDA con la lepra y afirma que la única razón por la cual no aconseja que los enfermos sean puestos en cuarentena es que son muchos y no cabrían.
¿Cuál fue el motivo para esta segunda salida? No el dinero precisamente, él no lo necesita. Fama, ya la tiene suficientemente. Quizás las ganas de hablar con la gente pero ha escogido el momento menos apropiado y algunos dudan que este libro sea tan impactante como el otro.





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