Martes, 23 de septiembre de 2014

| 1995/07/17 00:00

OBRAS SON AMORES

Ahora que se ha ido, todos recuerdan que Genoveva Carrasco de Samper fue la salvadora del centro histórico de Bogotá.

OBRAS SON AMORES

LA CAPITAL DE LA REPUBLICA TIENE UNA deuda incancelable con Genoveva Carrasco de Samper: fue ella quien en 1980 se empeñó con terquedad imbatible en recuperar la zona histórica del centro de Bogotá, entonces olvidada, despreciada y sometida al más salvaje vandalismo. Su inquietud fue acogida por Hernando Durán Dussán, en ese momento alcalde de Bogotá, y así se creó la Corporación La Candelaria en 1981.
Genoveva fue gerente de la Corporación por espacio de nueve años y ese trabajo se convirtió en la pasión de su vida. Conocedora a fondo del tema de la recuperación de centros históricos, pudo trazar para la entidad una política coherente y ambiciosa, pues no limitó sus propósitos a la conservación y restauración, sino que se dio a la tarea de revitalizar la vida urbana de la zona.
Así, en el lapso de 10 años, La Candelaria tuvo una transformación asombrosa en materia de rescate de inmuebles, mejora de servicios públicos y adecuación del espacio público: fueron eliminadas las redes aéreas de los teléfonos y la energía, remozadas las instalaciones del acueducto y reconstruidos los andenes. Se adelantaron programas pioneros de dignificación de vivienda en los inquilinatos, fueron construidos cuatro parques, remodeladas plazas y plazoletas y adecuados espacios para actividades deportivas.
En forma paralela, con el apoyo de la Corporación nació una intensa actividad cultural y artística. Así, fueron remodelados y adecuados la casa donde murió José Asunción Silva, hoy Casa de Poesía, y el Camerín del Carmen y fueron restauradas diversas sedes culturales. Fueron también de iniciativa y gestión de Genovena las restauraciones de importantes construcciones coloniales, como el Museo de Desarrollo Urbano, la Casa de los Comuneros, la Casa de la Independencia y la Casa Capitular de la Catedral, para mencionar solo las principales.
Todo ello está a la vista: "Poco a poco las casas empezaron a ser reconstruidas con amor y respeto; las calles de la vieja Candelaria se volvieron a llenar de artistas, de poetas, de fotógrafos, de vendedores de antiguedades, de encuadernadores de libros, de artesanos, de grupos de teatro, de museos, de centros culturales, en pocas palabras, de vida vívida". Con las palabras anteriores habló alguna vez el ex presidente Belisario Betancur de las realizaciones de Genoveva de Samper al frente de la Corporación. Hoy, al desaparecer ella, bien vale la pena recordarla como un homenaje a su invaluable aporte para la resurrección de ese entrañable barrio bogotano. Genoveva de Samper se ha ido, pero deja una herencia hecha con sus sueños, su inteligencia y su honestidad y la ciudad tiene con ella una deuda incancelable.

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