Sábado, 21 de enero de 2017

| 2016/08/06 00:00

Los demonios detrás de los dioses de las Olimpiadas

Michael Phelps, el más rápido en el agua, acaba de dejar atrás una depresión suicida. Usain Bolt, el más rápido de la pista, también ha superado sus demonios. Los dos quieren proclamarse el mejor de la historia.

Michael Phelps. Foto: A.F.P.

Hay temor al zika, se critica la calidad del agua, y la prohibición a Pokémon Go ha aburrido a más de uno en la Villa Olímpica. Pero los Juegos Olímpicos brasileños serán tan maravillosos como sus figuras, y las dos más brillantes de Río 2016, Michael Phelps, de 31 años, y Usain Bolt, de 29, se han sobrepuesto a episodios turbulentos y prometen robustecer sus leyendas.

Phelps perdió patrocinadores y se ganó el escarnio público cuando en 2009 salió a la luz una foto que lo mostraba fumando marihuana. Además lo detuvieron dos veces conduciendo embriagado. La segunda vez, en 2014, manejaba con el doble del nivel de alcohol permitido. Acurrucado en su cama, sin levantarse en cinco días, el atleta más ganador en la historia olímpica pensó en dejarse morir. Pero está en Brasil y, si nada extraordinario sucede, llevará la bandera de su país en la ceremonia inaugural de sus últimos juegos.

Usain Bolt, el velocista de amplia sonrisa que tras cada triunfo posa con un gesto de marca registrada y ofrece show a las cámaras antes, durante y después de sus carreras, sobrevivió a un accidente automovilístico en 2009. Conducía bajo la lluvia a altas velocidades pues quería llegar a casa a ver fútbol, pero perdió el control de su vehículo, se volcó, y milagrosamente vivió para contarlo. Entonces de 22 años, Bolt alcanzó a pensar que por su propio descuido había matado a la mujer que viajaba con él, pero esta también se salvó. El atleta tomó ese hecho como una orden de Dios de vivir para correr y correr para ganar. Dejó de encender tanto la consola de videojuegos, de prestarle atención al Manchester United y de comer tanto Kentucky Fried Chicken.

Estos dos talentos de cuerpos únicos y dedicación enferma son dioses imperfectos. Por eso el mundo se detendrá cuando salgan a cimentar sus legados. Millones sintonizarán para verlos juntos una última vez y cerrar una era brillante. No hay zika que detenga esa narrativa pues, si ratifican su favoritismo en la pista atlética del Estadio Maracaná y en las piscinas del Centro Olímpico de Deportes Acuáticos, no se podrá hablar de atletas de la misma magnitud hasta los Olímpicos de 2036. Si pierden, los más grandes habrán caído, y siempre existe la posibilidad de que ese hecho marque el primer capítulo de la historia de sus sucesores.

Olvidar demonios

Phelps se reinventó para llegar a Río de Janeiro. Dejó su deseo suicida y con ayuda de sus cercanos reunió el coraje para internarse. Luego de 45 días en el centro de rehabilitación The Meadow, donde recibió consejería y mantuvo charlas con familiares y amigos, la inseguridad y la ansiedad que le producía no ser como el mundo le pedía quedaron atrás. El proceso le sirvió incluso para hacer las paces con Fred Phelps, un padre al que siempre recriminó haberlo abandonado a los 9 años, cuando se divorció de su madre. Su nuevo capítulo también le trajo sensaciones desconocidas: en mayo pasado cargó en sus brazos a su hijo recién nacido y rompió en un llanto que ni las medallas le habían desencadenado. Más viejo, más curtido, más sabio, Phelps también cambió su dieta de comidas rápidas a una mucho menos liberal.

A sus 31 años también le ha bajado al tono con sus compañeros de equipo, con quienes solía ser inclemente. También con su coach Bob Bowman, a quien conoció a los 11 años y se volvió su motor, su dolor y su figura paterna. Bowman vio el potencial de Phelps y nunca dejó de pisar el acelerador. Sacó lo mejor y lo peor del nadador, y así como celebraron muchos triunfos también protagonizaron escandalosas peleas. Recordando esos días, Debbie Phelps, madre de Michael, le confesó al periodista Wayne Drehs de ESPN que “la manera en la que se comportaban era una absoluta vergüenza”.

La mayor parte de su carrera, Phelps probó que los logros profesionales no llenan vacíos emocionales. Sus peores crisis vinieron después de sus más grandes gestas. Después de

Beijing 2008, donde ganó ocho medallas doradas y marcó siete récords mundiales, llegó el episodio de la marihuana. Después de Londres 2012, donde se convirtió en el más ganador de todos los tiempos, vino su peor crisis. Ahora el hijo de Baltimore ilustra que hasta el trauma más profundo tiene revés. Empezó a nadar de niño en unos cursos en los que su madre lo inscribió. Ahora, todo un padre, sueña con la vida después de los juegos junto a su hijo y esposa, y con instruir a nuevas generaciones de nadadores.

Talento maduro, atleta entretenido

Bolt adora ser el centro de atención, y a pesar de que con los años se ha vuelto más maduro y más creyente, no dejará de iluminar el suelo que pisa. En las palabras de Michael Phelps, es un imán positivo para las cámaras y el deporte pues “da la impresión de divertirse con lo que hace, y eso es lo esencial”. Desde la escuela en su Trelawny natal, deslumbró por sus capacidades atléticas. A los 15 años ya medía los 1,95 metros de hoy, una característica que ha sabido usar para su ventaja. Empezó a voltear cabezas desde 2007 en campeonatos juveniles, y en los juegos de Beijing se consagró como el más veloz del planeta.

En las épocas previas a su accidente, Bolt confiaba tanto en sus capacidades que tomaba con ligereza sus entrenamientos y comía cantidades de alitas de pollo. Ahora, si bien confiesa tomarse una cerveza de vez en cuando, es más metódico pues los años no pasan en vano. Según plantea Matthew Futterman en The Wall Street Journal, la magia atlética de Bolt radica en varios factores. Su estatura juega, e influye en la frecuencia y el largo de sus zancadas. Mientras la mayoría de sus oponentes completan los 100 metros en 45 zancadas, Bolt lo logra en 41, y el jamaiquino desacelera a un ritmo menor que el de sus competidores por lo cual se puede asegurar que él no se aleja del resto, sí que el resto se aleja de él. n

La bala de Baltimore

El único nadador de su país en competir en cinco Olimpiadas quiere ser el primero en triunfar después de cumplir 30 años. Tendrá cuatro oportunidades, pues participará en casi la mitad de las carreras que inscribió en Londres 2012.

Final 100 mariposa: viernes 12 de agosto, 8:12 p. m.

Final 200 mariposa: martes 9 de agosto, 8:28 p. m.

Final 200 combinado: jueves 11 de agosto, 9:01 p. m.

Final 4x100 combinado: sábado 13 de agosto, 9:04 p. m.

El Rayo Bolt

Bolt tendrá que lidiar con la presión de la perfección. Competirá en los 100 metros planos, 200 metros planos y en el relevo de 4x100, carreras que ganó en las dos ediciones anteriores. De conquistarlas alcanzaría un ‘triple triplete’ cuando nadie en la historia se acercó siquiera a un ‘doble triplete’.

Final 100 metros: domingo 14 de agosto, 8:25 p. m.

Final 200 metros: jueves 18 de agosto, 8:30 p. m.

Final 4x100 metros: viernes 19 de agosto, 8:35 p. m.

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