Lunes, 1 de septiembre de 2014

OPOSITOR REFLEXIVO

| 1987/08/31 00:00

OPOSITOR REFLEXIVO

Medalla de oro a Rodrigo Marín en el primer año de oposición.

No se puede hacer un análisis del primer año de gobierno de Virgilio Barco sin realizar el correspondiente análisis del primer año de verdadera oposición parlamentaria en un cuarto de siglo.
No ha sido fácil crear oposición en un sistema acostumbrado al consenso. Paradójicamente, mientras la misión política de Alberto Lleras fue la de enseñar a los partidos a reconciliarse, la de Virgilio Barco parece ser la de enseñarles a pelear. Y lo está logrando. Comienza a verse un grado de animadversión e inclusive de beligerancia entre liberales y conservadores, que no se sentía en el pasado reciente.
La opinión general es que los dos lados están "chamboneando" y que, desafiando la cronología lógica, en Colombia se está conformando primero una oposición que un partido de gobierno. Los conservadores, en forma más o menos monolítica, están contra Barco, aunque no saben exactamente contra qué de Barco. El Presidente les cae mal y no piensan perdonarle una. Tradicionalmente, la oposición, que goza del derecho de critica sin la responsabilidad de gobierno, canaliza una fácil popularidad.
En el país, sin embargo, la oposición conservadora no ha logrado despertar hasta el momento mayor simpatía. Su poco éxito se le atribuye, en parte, a la no muy carismática personalidad del ex presidente Pastrana, quien en calidad de jefe del social-conservatismo ha logrado crear una mística de oposición dentro de su facción parlamentaria, pero no fuera del Congreso. Para el grueso del país, el jefe de la oposición hoy es una figura solemne y medio antipática. Más grave aún es que no ha logrado despojarse de la imagen de que lo que más le preocupa es la falta de tajada burocrática. La formación de Pastrana es de acomodamiento frentenacionalista y con ese pasado es difícil volverse de la noche a la mañana un Laureano.
Por eso la medalla de oro de la oposición, que normalmente debería corresponderle al general en jefe de la misma, no se la gana el ex presidente. La oposición reflexiva, slogan acuñado por él, la han asumido más algunos coroneles que el comandante en jefe: Hugo Escobar, Rodrigo Lloreda, Alvaro Leyva y Rodrigo Marín, entre otros. Pero de todos, existe un consenso. El de que la medalla de oro de la oposición se la ganó este año Rodrigo Marín.

ESCALON POR ESCALON
La opinión generalizada sobre Marín Bernal es que es un "tipo serio". Y si el calificativo se lo ganó en franca lid en los debates del Congreso, hoy esa opinión ha trascendido el recinto parlamentario, para convertirse en comentario habitual de los lugares donde se teje la política: los cocteles. Pero detrás de ese "tipo serio" que es Rodrigo Marín en su labor parlamentaria, se encuentra un hombre de lavar y planchar en su trato cotidiano.
Con buenas dosis de humor, se define a sí mismo como un "especialista en ideas generales". Pero la economía ha sido una de las claves de su carrera política. Saber exhibir la cifra apropiada en el momento adecuado lo ha convertido prácticamente en el "de mostrar" en la oposición conservadora. Para todos los efectos prácticos es el ministro de Hacienda en la sombra.
Rodrigo Marín admite tan naturalmente como aceptar que uno se lava los dientes, que quiere ser presidente. Pero aunque su candidatura todavía parece estar biche, la verdad es que ahora tiene un terreno mejor abonado, cuando su partido está en la oposición, que hace ocho años cuando se inauguró como ministro de Trabajo en el gobierno de Turbay, o que hace cuatro cuando lo hizo en el gobierna de Belisario como ministro de Desarrollo.
Al igual que todo aspirante a la Presidencia que se respete, y a la edad en la que los otros muchachos gallinacean, Rodrigo Marín sacaba hojitas subversivas en mimeógrafo y conspiraba contra la dictadura de Rojas. Tampoco se escapó de los carcelazos de rigor de la militancia oposicionista de los años cincuenta: una vez por participar en una revuelta estudiantil, y la segunda, por asistir a la manifestación en la que Alberto Lleras exponía por primera vez el Acuerdo de Benidorm.
De ahí para adelante fue ascendiendo peldaños en su carrera política, no exenta de curiosidades: fue elegido diputado sin tener la edad. Fue designado contralor de Bogotá, siendo de Manizales. Llegó al Senado en el 68, luego de dos derrotas consecutivas, y gracias a una disidencia en la que se enfrentó a todos los sectores de su partido.
Inspirado siempre por su espíritu contradictor, resolvió devolverse en 1974 a Manizales, contrariando el consejo de sus amigos que opinaban que no debía cambiar la talla nacional por la local. "Tengo que ir a Manizales para volver de ministro", les dijo Marín. Y fue cierto. Cuatro años más tarde se enteró por la radio de que Julio César Turbay lo había nombrado ministro de Trabajo. Esta gestión terminó dos años después, cuando recibió un homenaje organizado por las centrales obreras del país y los gremios económicos. Un titular de El Tiempo que reseñaba el evento, puso por primera vez sobre el tapete la posibilidad de que algún día Marín llegara a ser presidente: "Hoy lanzan candidatura de Marín Bernal".

AMOR SIN FRONTERAS
Cuando Rodrigo Marín dice que a su esposa se la ganó en una rifa, no es un chiste. Durante el Reinado Internacional del Café en 1959, a las candidatas de los distintos países les asignaron por rifa un chaperón entre los muchachos "in" de la época. A pesar de que Marín se había negado -no sólo porque consideraba indigno el papel, sino porque el plan exigía más dinero del que normalmente tiene un universitario recién graduado- le tocó en suerte la hermosa representante de Costa Rica, Ana Cecilia Quiroz. A pesar de que se enamoraron perdidamente, ella se devolvió a Costa Rica, donde se casó y tuvo tres hijos, mientras él, en Colombia, le consagraba su pasión a la política. Quince años más tarde una llamada telefónica de Ana Cecilia reinició el romance. Ella había enviudado, él seguía soltero, y resolvieron casarse, al tiempo que Rodrigo adoptaba formalmente a los tres hijos de ella.

CUENTAS CLARAS
Su fama de "tipo serio" de la oposición comenzó a consolidarse el 26 de mayo del año 86, cuando en unas declaraciones radiales afirmó que el Partido Conservador debía aceptar la derrota y colocarse en la oposición. 48 horas más tarde el ex presidente Misael Pastrana acuñaria oficialmente el término de "oposición reflexiva".
En opinión de Marín, el conservatismo tiene que hacer "un ejercicio crítico contra el gobierno, con alto contenido de responsabilidad y seriedad, sin reclamos burocráticos y sin apelaciones al sectarismo", como la única fórmula para recuperar algún día el poder. Y aplicando esta consigna ha ido ganando terreno su status de opositor reflexivo.
Hasta el momento, las afirmaciones que ha hecho contra el manejo económico del gobierno no han sido refutadas. De ahí que cuando Marín anuncia debate económico son muchos sus enemigos políticos que se acomodan nerviosamente en sus curules.
Las principales tesis que ha lanzado desde la oposición atacan directamente lo que él considera el triunfalismo económico del gobierno. Sostiene que las cifras positivas que ha exhibido el Presidente son consecuencia de acciones ejecutadas bajo el gobierno de BB, como el plan de ajuste, la contratación del jumbo y la minibonanza cafetera.
También sostiene que el propósito de erradicar la pobreza absoluta es plausible pero no posible, porque no hay físicamente recursos para su financiamiento. El gobierno no tiene alternativas distintas que abrir más el hueco de la deuda o poner a funcionar la maquinita de emisión, ambas inflacionarias, que van en contravía con los proyectos sociales del gobierno.
Sobre la contratación del jumbo afirma que el gobierno ha aceptado una monitoría disfrazada, pues se duplican los informes que el país tiene que rendirle al FMI, se elimina su confidencialidad, y se someten los desembolsos de los créditos a los buenos resultados que presente el gobierno, lo que constituye una clara monitoría.
A pesar de que el ejercicio de la oposición le ha servido a Rodrigo Marín para adquirir un perfil propio, hay quienes sostienen, con un sentido práctico, que como en este país se necesita plata para hacer política, Marín no llegará fácilmente a ser huésped de la Casa de Nariño.
Por lo pronto, esa es una preocupación que Marín no tiene. Sonriendo, recuerda una frase de su mujer: "Rodrigo es un proletario con amigos oligarcas".

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×