Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/02/06 00:00

La era de Leonardo DiCaprio

El actor puede llevarse el Óscar que en el pasado ha perdido, y con una carrera comprometida con causas sociales y ambientales redefine a la superestrella moderna.

La era de Leonardo DiCaprio Foto: A.F.P.

Muy pocos actores sobreviven a la maldición del niño actor, del ídolo adolescente y, menos, dejan atrás la etiqueta de ‘cara bonita’. Leonardo DiCaprio superó estos rótulos con creces y con el paso del tiempo se ha consolidado como un actor de primer nivel que escoge proyectos ambiciosos y trabaja con directores como Martin Scorsese, Steven Spielberg, Clint Eastwood y Quentin Tarantino. Mucho ha pasado desde que, como dijo cuando recibió la semana pasada el premio SAG que le otorgaron sus pares, “era un chico de 13 años insistente y algo cansón molestando a sus padres para que lo llevaran a audiciones después de la escuela”. Porque DiCaprio es más que un actor. Pone su dinero y su tiempo al servicio de causas altruistas y, en sus ratos libres, no se echa a dormir. Nada con tiburones, tiene romances con mujeres hermosas y visita a líderes mundiales y espirituales para lograr cambios.

“Dirigir a Leonardo DiCaprio es la mejor experiencia que he tenido”, aseguró el mexicano Alejandro González Iñárritu. No son palabras ligeras para un hombre que viene de ganar el Óscar a mejor dirección en 2015 por Birdman. El mexicano, sin levantar el pie del acelerador, se embarcó en la producción épica, costosa, dolorosa y muy minuciosa de The Revenant (El renacido), y escogió a DiCaprio para liderar su thriller de supervivencia.

Parece que Iñárritu y DiCaprio se hubieran esperado toda la vida. A juzgar por la crítica, una vez más el mexicano dio en el clavo y no sorprende que se desviva por DiCaprio, pues este se entregó de cuerpo y alma al proyecto. En la cinta, recién estrenada en Colombia, DiCaprio enfrenta al frío y a una topografía extrema llena de retos. Es la actuación más exigente de su carrera. Expuesto a tan agresivos elementos, el actor hizo muy bien la tarea. Estudió idiomas nativos, aprendió a disparar un mosquete, y convivió con un especialista en técnicas de sanación de la época, pues la historia se desarrolla a finales del siglo XIX.

La experiencia de filmar en tales condiciones llevó a varios miembros del equipo de producción a renunciar y a tildar de sádico al director, pero Leo le siguió la cuerda de comienzo a fin y la agradeció. Cuando el guion le pedía comer un pedazo de hígado de bisonte y la producción le dio uno falso, se negó. Habló con abogados hasta conseguir el permiso de comerse uno de verdad. El director, preocupado en un comienzo de que su protagonista se enfermara, luego entendió. “Sin ese detalle”, dijo a Variety, “quizás Leo no hubiera capturado la verdad”. La superestrella estaba dispuesta a todo, porque no vive en la prevención.

Di Caprio ya ganó en 2016 dos premios que suelen vaticinar el Óscar: el Globo de Oro y el SAG. Por eso, parece que la quinta será la vencida para el actor de 41 años. Ya perdió tras ser nominado a mejor actor de reparto en 1993, luego a mejor actor en 2005 por The Aviator, en 2007 por Blood Diamond, y en 2014 por The Wolf of Wall Street.

En esta oportunidad sus contendores más fuertes son los británicos Eddie Redmayne, ganador del año pasado, y Michael Fassbender por su interpretación de Steve Jobs. Al respecto de la competencia que enfrenta, su vieja amiga Kate Winslet dice que si bien trabajó al lado de Fassbender en Jobs y verlo ganar sería fantástico, todo apunta a que este es el año de Leo. Pero el pan se ha quemado en la puerta del horno antes y ya miles de memes en internet esperan que su racha sin premios continúe.

Escrito en las estrellas

Leonardo Wilhelm DiCaprio nació en Hollywood en 1974. Sus padres se separaron cuando era niño pero no se alejaron de él. Tanto George, un caricaturista y distribuidor de tiras cómicas, como Irmelin, una secretaria alemana, alentaron su vena artística al verlo actuar desde niño. El showbusiness eventualmente le abrió sus puertas pues mostraba talento y un rostro atractivo. Apareció en series como Growing Pains y Roseanne, éxitos de los noventa, y no demoró en dar el salto al cine. Sorprendió en su primer gran papel en un mano a mano con Robert de Niro en This Boy’s Life. En su segunda producción ratificó su promesa, sorteó un papel aún más difícil en What’s Eating Gilbert Grape y a los 22 años fue nominado a mejor actor de reparto eclipsando a estrellas como Johnny Depp y a Juliette Lewis.

Vendría entonces una etapa experimental en la que explotó su versatilidad y se convirtió en ídolo de jovencitas. En 1996 bajo la dirección de Baz Luhrmann encarnó a un arriesgado Romeo, y siguió con el salto mundial. James Cameron y su éxito mundial Titanic lo elevaron a un podio del cual jamás volvió a bajar.

La prensa lo atacó por The Beach, película de Danny Boyle que pasó con más pena que gloria. En 2001 se embarcó en una etapa muy productiva junto a Martin Scorsese. Protagonizó Gangs of New York, pero Daniel Day Lewis se robó el show. En medio de la era Scorsese trabajó con Steven Spielberg en Catch Me if You Can y luego entregaría varios de sus trabajos más esforzados en cintas como The Aviator, Shutter Island y The Departed.

Hombre, luego actor

Leo habla con quien haya que hablar. Si se trata de líderes mundiales, se para en frente y los aborda en la ONU. Si el caso es más específico y requiere un ‘cara a cara’, se desplaza. Se reunió con el papa Francisco para discutir del medioambiente. Se sentó con el presidente ruso Vladimir Putin para poner fin al exterminio de tigres siberianos. Luego de ese viaje Putin lo llamó “un hombre de verdad” pues a pesar de que en uno de los vuelos vio estallar uno de los motores del avión, no hizo escándalo y acudió a la cita. Curiosamente, Putin, según informaciones recientes, será su próximo papel.

“Ya no es tan bonito”, aseguran muchas mujeres que añoran su etapa de galán adolescente, sobre todo cuando lo ven con una barba más bien rala. Pero suscita todavía emociones femeninas. Quizás su insaciable hambre profesional lo aleja del matrimonio y de los hijos. Tiene romances cortos en su gran mayoría, y entre sus conquistas están rubias despampanantes como Gisele Bündchen y la israelí Bar Refaeli, ambas hoy felizmente casadas. Leo sigue su marcha, y últimamente los rumores hablan de besos apasionados con la estrella del pop Rihanna.

Di Caprio genera tantos titulares por sus romances que la prensa sensacionalista le da un espacio ganado a pulso. Se ha hecho presente en la Asamblea General de la ONU, y Ban Ki-Moon lo nombró Mensajero de la Paz. En el COP21 de París fue una de las voces que expresaron su satisfacción con lo acordado.

Sus contribuciones también se miden en millones de dólares. Esta semana destinó 3,4 millones para los indígenas del Ecuador y hace meses avisó que donaría 15 al esfuerzo por aplacar el calentamiento global. Más que un actor, DiCaprio es un hombre que redefine la fama, un hombre que sus tiempos reclaman. El Óscar sería un buen honor para el hombre que no se contentó jamás con tenerlo todo. Gane o no, seguirá su propio impulso.

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