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| 6/25/2011 12:00:00 AM

¿Pacto secreto?

Se rumora que se puede estar negociando una fórmula para que Dominique Strauss-Kahn se salve de la cárcel y la camarera termine millonaria. Estos son los detalles.

En la prensa internacional gira la expectativa en torno al juicio contra el exdirector del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn por haber intentado violar a una humilde camarera africana del Hotel Sofitel de Nueva York. El caso tendrá una combinación de sexo y poder que no se ha visto desde el escándalo que protagonizaron Bill Clinton y Monica Lewinsky. Y el hecho de que esté en manos de la justicia ordinaria de Estados Unidos hace pensar que ese mano a mano entre David y Goliat será como para alquilar balcón.

Lamentablemente, puede que ese escenario jamás tenga lugar. Los abogados penalistas más prestigiosos de Estados Unidos consideran que la bomba se está desactivando por debajo de la mesa. Y la razón es muy sencilla: de llegar a un juicio, ambos implicados tienen muchísimo que perder.

En lo que se refiere a Strauss-Kahn, para comenzar, a su multimillonaria esposa, la famosa periodista francesa Anne Sinclair, le tocaría desembolsar una cifra que los expertos calculan en no menos de tres millones de dólares. A esto se suma lo que significaría en su vida quedar con el estigma de ser un depravado sexual, un abusador del poder e, incluso, un criminal.

En lo que tiene que ver con la camarera, los riesgos no son menores. Como en los juicios se saca toda el agua sucia y se inventan todo tipo de cosas, se expone a que la presenten como una mujer de pasado oscuro, mitómana, cazafortunas y hasta ninfómana.

El motivo por el cual eso podría suceder es la naturaleza de los juicios por violación. Generalmente, terminan por limitarse a la palabra del uno contra el otro. Establecer categóricamente si el encuentro sexual fue forzado o consensual es difícil. Y este caso no va a ser la excepción.

Como punto de partida, se da por descontado que tuvo lugar un acto sexual, pues existen evidencias de semen y sangre en la ropa de ella y en los tapetes del hotel. Ya se sabe que la estrategia de los abogados de Strauss-Kahn es que nadie forzó a nadie. Y la de los abogados de la mujer, que a una inofensiva y tímida camarera, que no estaba haciendo nada diferente de cumplir con su deber, la 'atarzanó' un hombre poderosísimo con un pasado de acoso sexual.

 Por lo anterior, para refutar la versión de 'la mansa paloma', los abogados de Strauss-Kahn han destinado medio millón de dólares para contratar un equipo de inteligencia que investigue hasta los más insignificantes detalles del pasado de la mujer para desacreditarla en el juicio. El objetivo es presentarla como una mujer fácil o promiscua, que lo incitó. Para eso, los investigadores de Strauss-Kahn van a buscar a todos los exnovios, jefes, amigos o enemigos que ella haya tenido tanto en Guinea como en Estados Unidos. También van a tratar de tildarla de mentirosa, irresponsable, consumidora de alcohol o drogas y hasta de desequilibrada mental.

Cualquier testimonio o evidencia que puedan escarbar en este sentido será seguramente explotado al máximo. Como dato curioso, en los procesos judiciales de violación se pueden invocar todos los rasgos de la personalidad de los implicados, menos el pasado sexual de la presunta víctima. Por eso, la tradición ha sido que los abogados del acusado les filtren ese material a los medios de comunicación, los cuales le dan una resonancia aún mayor a la que hubiera tenido en una audiencia judicial. De hecho, la defensa del exdirector del FMI emitió un comunicado en el que dice que tiene "información sustancial" que podría "dañar gravemente la credibilidad de ella".

Abrir esa puerta indignante es algo que toda mujer quisiera evitar. Esto significaría que en un eventual juicio, ella tendría que relatar con pelos y señales episodios de sexo oral, semen y otros elementos de mecánica sexual impublicables. Testificar en esos términos sería la experiencia más humillante a la que pueda ser sometido un ser humano.

 Para Strauss-Kahn, la cosa no es menos incómoda. En los juicios por violación, a diferencia de los de homicidio, el acusado tiene la obligación de testificar personalmente, para que el jurado escuche la versión de sus propios labios. Le tocaría entonces inventar una telenovela en la cual él se presentaría como un hombre común y corriente que no pudo resistirse a la tentación de una celada sexual, cuyo único propósito sería sacarle dinero a través de un escándalo.

Ante su fama internacional de incontinencia sexual, esa versión podría despertar bastante escepticismo. Ya han aparecido algunas mujeres que han contado haber vivido con él experiencias parecidas a las de la empleada del Sofitel. Una de ellas es la periodista francesa Tristane Banon, quien aseguró que durante una entrevista el forcejeo fue tan grande que le rompió el brasier. El juicio también tendría importantes implicaciones económicas. Si se llega hasta allá, el costo para la esposa de Strauss-Kahn no sería en ningún caso inferior a los tres millones de dólares. La camarera, por su parte, acabó en una situación que nunca esperó. Ella se ganaba el salario mínimo, pero ahora ha sido abordada por Kenneth Thompson, un conocido abogado especializado en defender clientes sin recursos, conseguirles indemnizaciones sustanciales y quedarse con una tajada enorme de estas. Este objetivo, sin embargo, se enfrenta con la hipótesis de que Anne Sinclair, quien es la dueña de la fortuna de la pareja, podría divorciarse solo para no concederle ni un céntimo a la camarera.

En consecuencia, las opciones para esta mujer son dos: 1) no ganar ni un centavo por el truco del divorcio; 2) ganar una indemnización muy jugosa, cuya mayor parte sería para su abogado. Esto no suena mal, sin embargo, dada la atención internacional que ha tenido el caso, este se ha convertido en un hito en materia de la defensa de la dignidad de la mujer frente al acoso sexual y el poder. Que el escándalo termine en que la mujer se enriqueció, la bajaría del pedestal en el que hoy se encuentra.

 Es por eso que el penalista más famoso de Estados Unidos, Alan Dershowitz, el mismo que consiguió la exoneración de O. J. Simpson, apuesta a que no va a haber juicio. Él considera que existe una fórmula en que tanto Strauss-Kahn como la camarera pueden tener un mejor final. No solo se evitarían el circo sensacionalista de los detalles sexuales, sino que él no tendría que ir a la cárcel y ella obtendría una alta suma de dinero sin la vergüenza del juicio.

La fórmula sería un arreglo por debajo de la mesa en el cual los abogados del exdirector del FMI le harían llegar una oferta secreta a la camarera o a su familia, de un millón de dólares o una cifra de esa naturaleza. A cambio de esto, ella se comprometería a no testificar. En esa circunstancia, el juicio tendría que suspenderse porque la versión de la acusadora es la única prueba que hay.

 El problema de este final feliz es que es ilegal. Dershowitz asegura, sin embargo, que ese tipo de acuerdos se hace con frecuencia y no es fácil detectarlos. Se trataría de una transacción privada a través de abogados o familiares de la que no se tendría que enterar nadie diferente de los participantes. El penalista agrega que se debería hacer en otro país, como Francia o Guinea, donde ninguno de ellos sería sujeto de la justicia norteamericana.

Las ventajas para Strauss-Kahn son obvias. Como se ahorraría buena parte de los honorarios de sus abogados por no ir a juicio, podría destinar esa misma suma a comprar el silencio de su acusadora. Esto le evitaría la posibilidad de una condena de 15 o 20 años de cárcel en un país extranjero, que es hasta donde podrían llegar las cosas si se decide convertir el caso en ejemplarizante.

Para la camarera hay ventajas comparables. Pasaría de paupérrima a millonaria, sin tener que revivir ante el mundo entero la película pornográfica de la cual fue protagonista. Tampoco quedaría como una cazafortunas, pues el arreglo sería secreto. Ella justificaría su decisión de no hablar, con el argumento irrefutable de que su identidad no ha sido aún revelada, pero que ese anonimato lo perdería con el juicio por lo cual su vida cambiaría para siempre. Como dice Dershowitz: "Muchos podrán pedir que se haga justicia, pero al final todos sabemos que lo que importa es la plata. Y para la víctima, es mejor encontrarse con uno o dos millones de dólares en su cuenta bancaria que tomar el riesgo y probablemente perderlo todo". Por eso, para el abogado, el pacto secreto es un gana-gana.
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