Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1992/12/21 00:00

Padre y papá

Un sacerdote colombiano confiesa ante las cámaras de televisión que está enamorado y que tiene un hijo.

Padre y papá

MI NOMBRE es Angel José Muñoz Martín. Soy sacerdote católico y confieso que tengo un hijo. Con estas palabras, pronunciadas por un párroco colombiano, comenzó este lunes la nueva serie del programa de televisión "Tomas y Temas", que dirige Germán Castro Caycedo.
El entrevistado, un teólogo de 44 años, especializado en Roma y encargado de una cátedra en el Seminario Mayor de su diócesis, hizo hace varios lustros sus votos de castidad. Esa promesa de "jamás conocer mujer alguna", que hacen todos los novicios. El ha roto su promesa. Ahora ha decidido exponer su caso ante la opinión pública, poniendo sobre el tapete una vez más el controvertido tema del celibato sacerdotal. "Sé que hice una promesa, pero debajo de esta sotana hay un corazón que siente lo mismo que cualquier ser humano y que se enamoró... Quiero clecir la verdad. La verdad de la historia desde hace tres años, que es la edad que tiene mi hijo...", responde el sacerdote al explicar su presencia en el estudio de televisión.
Hace unas semanas, Germán Castro Caycedo se enteró de la historia del padre Muñoz y decidió confirmarla. Para su sorpresa, el escritor y periodista se encontró con un hombre que no sólo no negó su situación sino que aceptó relatarla ante las cámaras. Agobiado por su secreto, el padre Muñoz confesó a Castro que incluso estaba pensando confesarse ante sus feligreses durante el sermón de la misa dominical. "Ante todo busco una coherencia conmigo mismo... Busco manifestar eso que he tenido que ocultar...Han sido tres años de angustia por no poder integrar esa verdad a la verdad del Evangelio " , En la serie de programas, el párroco cuenta cómo se enamoró de la mujer que hoy es la madre de su hijo, cómo trató infructuosamente de olvidarla y narra también los conflictos internos y el dilema que le ha generado el hecho de ser padre de la Iglesia y padre de un hijo. Mientras la cámara lo toma en su parroquia, oficiando misa, administrando el sacramento del matrimonio a una pareja y hablando en la homilía sobre el tema del "matrimonio y los hijos", el padre Muñoz va relatando su historia.
Antes de la entrevista, los reporteros del programa de RTI indagaron también la opinión entre los feligreses que saben la historia secreta de su párroco y encontraron que la gente que lo conoce no solamente no lo censura sino que parece comprenderlo y muchos aseguran que ahora creen más en él porque lo consideran "más humano". Las respuestas de la gente también hacen parte de esta serie de programas. Pero lógicamente una cosa es lo que piensan los feligreses que conocen al sacerdote y otra lo que piensan las autoridades de la Iglesia y sus compañeros de diócesis.
Su condición de sacerdote y de padre de un hijo lo ha colocado ante la encrucijada de renunciar a una de las dos condiciones. El padre Muñoz, sin embargo, se rebela a tener que escoger entre su misión pastoral y la paternidad. "Han intentado que yo entre en ese dilema. Yo me he dado tiempo para eso, para ver si ba apesar más el minis terio sacerdotal o el afecto por mi hijo: para saber si una cosa iba a excluir a la otra. Pero yo personalmente no he asumido ese dilema. Para presentar esa imagen de persona célibe, aceptan que responda por la crianza del niño, pero en cuanto a que me conozca como su padre, eso no se permite. Y yo no puedo borrar a mi hijo de mi mente ni de mi corazón".
UNA HISTORIA DE AMOR
En la extensa entrevista con Germán Castro Caycedo, el padre Angel Muñoz relata paso a paso su historia de amor. Los ingredientes, como de novela, seguramente serán tema de un nuevo libro del escritor. Estos son algunos apartes: "Me ordené a fnales de 1980. Luego, en la parroquia a donde fui a colaborar como coadjutor, conocí a muchas personas, grupos apostólicos, matrimonios comprometidos, catequistas... Allí la conocí. Fueron dos años durante los cuales tuve una buena amistad con ella, con su familia... y nada más. Pero guardaba en el corazón un sentimiento profundo que trataba de ahogar cada vez con más fuerza... Ese sentimiento no empañaba para nada el ejercicio de mi ministerio sacerdotal. Yo lo consideraba como algo normal y trataba de entregarme a mi trabajo haciendo caso omiso de eso, pero siempre afioraba dentro de mí.
Ella, por su parte, me veía como el sacerdote, como el amigo de la familia. No hubo ninguna manifestación de sentimientos mutuos en los dos años que yo estuve en aquella parroquia... Ella confiesa ahora que me veía como un ídolo inalcanzable, pues yo era una persona consagrada y por tanto nunca se imaginó que estuviera interesado en ella. En ese momento yo ya había salido de aquella parroquia y era profesor del seminario mayor de mi diócesis. Sentía mucho temor y angustia. Abiertamente se veía una amistad normal, pero los dos sabíamos que había mucho más que eso.
Cuando se lo confesé, su reacción fue de sorpresa, de cuestionamiento. Pero desde ese momento se le corríó el velo que cubría al sacerdote y descubrió al ser humano y también su corazón fue correspondiendo a este sentimiento... Hubo entonces un deseo, tanto en ella como en mí, de huir de esa realidad.
Unos meses después ella se fue a un convento en Centroamérica. Lo acepté con el dolor de mi alma, creyendo que esa era una manera de olvidar.
Pero alcabo de dos meses ella regresó. Era 1985. Entonces a mí se me abrió otra ruta: un viaje a Roma a estudiar teología fundamental. Y me fui...Fueron dos años. Cuando partí me dije: Si estos dos años permiten que haya un alejamiento afectivo y que ella organice su vida, acepto.
Al regresar, aquello que pensé que iba a desaparecer estaba ahí, más arraigado, más intenso... Muchas veces pensé que sería mejor no regresar porque lo presentía. Sentía miedo de lo que eso significaba, tarde o temprano se iba a saber y entonces yo tendría que enfrentar a los sacerdotes, a los feligreses, a nuestras familias, a las amistades, a la jerarquía... La verdad es que esa amistad se hizo más intensa, ese amor maduró y, como se dice siempre en estos casos, sucedió lo que tenía que suceder. Un día ella me dijo , "estoy embarazada". Lo primero que se me cruzó por la mente fue ,la vida es un don de Dios, cualquiera que sea la circunstancia. Si esto lo ha permitido El, yo estoy aquí para ser lo que soy: papá".
Aunque el padre Muñoz es consciente de la polémica que despertará su confesión, que no sólo toca uno de los temas más delicados y discutidos del ministerio de la Iglesia institución que ha mantenido esta disciplina durante cuatro siglos sino que puede escandalizar a los fieles católicos, ha decidido poner al descubierto su "pecado".
"Intimamente sentía un gran amor por el ministerio sacerdotal y, desde luego, experimentaba un gran amor por la madre de mi hijo y porsupuesto por mi propio hijo. Pero frente a la disciplina de la Iglesia, tenía el conflicto de si podía seguir en el ministerio sacerdotal Y aún hoy ese es el conflicto... Por eso, también sentía que debía comenzar a prepararme para que se supiera esta verdad".



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