Domingo, 22 de enero de 2017

| 1986/12/01 00:00

PALOMA QUE SACA GARRAS

La séptima esposa de Picasso se suicida, y la hija del pintor la acusa de haberlo tenido secuestrado.

PALOMA QUE SACA GARRAS

Hace dos semanas la ultima de las siete mujeres de la vida del pintor Pablo Picasso, Jacqueline Roque, tomó la decisión de suicidarse, en lo que fue interpretado como la más patética manifestación de devoción por su esposo fallecido. Según se dice, después, de la muerte del pintor en 1973, Jacqueline comenzó a sumirse en prolongadas depresiones . Pocos días antes de dispararse un tiro en la sien, había organizado una exposición de ceramicas de Picasso en Vallauris, que constituyó su último adios al pintor. De inmediato la polémica hija de Picasso, Paloma, concedió a la revista Cambio 16 una entrevista en la que acusaba a su ex madrastra de haberle impedido ver a su padre durante sus últimos años de vida. El siguiente es su texto:
Paloma Picasso nació cuando su padre tenía sesenta y siete años. Estaba pintando don Pablo "La paloma de la paz" y alguien vino a decir que Francoise Gilot, su mujer, acababa de parir una niña. Ni por un momento dudó el pintor del nombre que llevaría. Se llamaría Paloma. "Ese nombre es el regalo más hermoso que me hizo mi padre. Tiene una sonoridad fuerte y suena bien en todas las lenguas".
A los nueve años, Paloma ya tenía mano para el dibujo y se dedicaba a copiar los cuadros que veía en su casa. Su padre se lo recriminó: "No copies, esfuérzate por crear, nada debe influir en aquello que surge de tu interior".
Lo que surgió de su interior fue el diseño. Concretamente el diseño de joyas. Trabajó en Roma y empezó a tener éxito en Nueva York, pero el apellido la volvía a poner contra las cuerdas. Por encima de todo continuaba siendo hija de Pablo Picasso.
"Cuando exhibía mis joyas en América la gente pensaba que era mi padre y no yo quien había dibujado los diseños. Sufrí mucho".
Ejerce un hermetismo civilizado, una cortesía distante que alguno puede confundir con altanería. Paloma Picasso tiene la disciplina de los tímidos. Lejos de disimular la dureza de sus rasgos los acentúa con maquillaje frío, hecho de claroscuros, como si quisiera resaltar el glamour de una maitresse. En todo caso, la perversión que irradia su imagen resulta evidente, demasiado perfilada para ser cierta.
Se diría que Paloma Picasso es una mujer afortunada o que, al menos, reúne todos los ingredientes para serlo. Rica, famosa, bella, profesional reconocida y casada con Rafael López. dramaturgo argentino, con el que asegura ser muy feliz. Su infancia fue singular y privilegiada. Se sentaba en las rodillas de Cocteau, de Rubinstein, de Prevert y jugaba a los chinos con Dominguín. "Recuerdo una vez que a Dominguín le había pegado una cornada un toro. Me impresionó tanto que yo me ponía perdida de ketchup y me enrollaba vendas para imitarle".
Tenía cuatro años cuando sus padres se separaron. Francoise Gilot fue la única mujer en la vida del pintor que decidió abandonarle. "Eso dice mucho del carácter independiente de mi madre. Por eso yo, durante mucho tiempo, no entendía lo que predicaban las feministas, porque eran cosas que yo las tenía todo el día delante de mí, con el ejemplo de mi madre. Luego ví que mi vida era una excepción.
Dado el carácter civilizado que rodeó la separación de Picasso y la Gilot, Paloma no lo recuerda como un capítulo amargo. Le dolió mucho más el que su padre le diera con la puerta en las narices cuando, siendo ya adolescente, fue a visitarlo. Fue el final de su vida, cuando Picasso residía en el sur de Francia, con Jacqueline, su última mujer. "Eso pertenece al pasado. Además, las cosas duras de la vida o te destruyen o te hacen más fuerte".
-¿Pero es cierto que no la quiso recibir?
-Oui, sí, pero fue por culpa de mi madrastra...
-¿De Jacqueline, la última mujer de su padre?
-Sí, porque el cuento que circulaba a través de ella, y que llegó a oídos de mi padre, es que yo no quería verlo, que pasaba de él, que no lo visitaba. De eso me enteré a través de otra gente, y de que yo tenía fama de ingrata. Sin embargo, cuando yo lo llamaba o iba a visitarle, me daban excusas, me decían con frecuencia: "El señor no está, el señor ha salido".
-Según usted, ¿qué ocurría en realidad ?
--Pues que en la casa donde vivía mi padre se filtraba todo. Jamás cogía él el teléfono directamente, y por eso ni siquiera se enteraba de mis llamadas. Cuando conseguía verlo se producía una situación difícil. Yo era consciente de las mentiras que le habían contado sobre mi, pero no sabía cómo vencer mi timidez y mi escasa facilidad de palabra. Así que no hablábamos de ese asunto, aunque yo creo que mi padre y yo nos entendiamos con la mirada. Mi madrastra hizo lo que hizo, pero no quiero hablar de eso. A fin de cuentas se trata de su vida.
Tanto le marcó su apellido que tuvo que luchar para poseerlo. Hasta los once años Paloma no se pudo apellidar legalmente Picasso. Hacía años que el pintor vivía con Francoise Gilot, aunque oficialmente seguia casado con Olga, la bailarina rusa, su anterior mujer. La ley española no admitía el divorcio y la francesa prohibía a un hombre casado reconocer a un hijo fuera del matrimonio.
"Mi padre hizo lo posible para cambiar esa situación, pero no fue posible. En mis documentos se podía leer el nombre de Paloma Picasso, de padre desconocido. El apellido estaba tachado en el documento con una raya".
Se inició un proceso que fue favorable a Paloma Picasso. El prestigio y la fama de los personajes que interpusieron el pleito provocó tal estruendo que los jueces franceses revisaron la ley, y la cambiaron. Paloma le volvió a ganar otra partida a la vida. Gracias a ello se convirtió en una de las herederas más ricas del mundo.






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