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| 12/24/1990 12:00:00 AM

"Papá Jaime"

Un paisa que le roba tiempo a las grandes petroleras para ayudar a los gamines: Premio Mundial de la Paz.

Tito, un niño de 12 años con un labio leporino que le impedía hablar, se encontraba todos los días en las horas de la noche con su "gallada" de amigos. Juntos destapaban una alcantarilla cerca de una gran avenida, bajaban y en la oscuridad comenzaban a caminar por un piso liso y húmedo, esquivando aguas negras, excrementos y ratas de un caño. Después de recorrer 400 ó 600 metros, en una planada, se acostaban sobre periódicos y se cubrían con una manta hasta el otro día, cuando el ruido de los carros los sacaba de su sueño.
Una noche, como muchas otras, bajó hasta ese sitio un hombre de 34 años, con bigote y pelo crespo color castaño, llevando en su mano izquierda una potente linterna y sobre el pecho un botiquín de primeros auxilios. Era "Papá Jaime", quien llegaba con comida, medicinas y tiempo para oírles las últimas historias.
Tito lo impresionó y al otro dia volvió por él. Había conseguido quien le practicara una cirugía. Hoy, ocho meses después, Tito puede hablar, aunque un poco trabado, y vive en una casa con 47 amigos más que tienen entre uno y 23 años, estudia en una escuela en las horas de la mañana y en la tarde juega fútbol y trabaja haciendo pan.
Pero el caso de Tito no es el único. También está Hernando, un muchacho que a los 11 años se voló de su casa, comenzó a vivir en la calle, adquirió el vicio de chupar pegante y ahora tiene 18 años y trabaja eficientemente con una empresa petrolera en los Llanos Orientales, ganando 110 mil pesos mensuales. Y Ana Hanna, una niña mongólica a quien sus padres obligaban a cargar sobre su espalda baldes de agua caliente y que hoy, a los 11 años, es una niña alegre y recibe una educación especial.
Todos ellos han recibido el apoyo de Jaime Jaramillo Echeverry, un manizaleño cuya labor en pro de los gamines de Colombia acaba de ser reconocida por la Cámara Junior Internacional con el Premio Mundial de la Paz. Un premio que también han ganado en su momento John F. Kennedy, Henry Kissinger, Orson Wells y Benigno Aquino.
Máster en prospección y exploración geofísica -en Austria-, y especialista en geoquímica y minerología -en Alemania-, Jaramillo se ha propuesto rescatar al menor de la calle, para evitar que se convierta en delincuente común, en dogradicto o expendedor de droga, o en madre prostituta.
Son ya muchos los niños epilépticos, con enfermedades cardíacas, con gangrena o sordomudos -como Lyda Marlen y Jorge-, que desde hace 17 años reciben ayuda de Jaramillo Echeverry, a través de la Fundación Niños de los Andes. En sus tres sedes (una en Bogotá, otra en Manizales y otra en Tauramena, en los Llanos Orientales) les ayuda no solo médica y sicológicamente, sino que les da estudio y trabajo. Muchos son los que ya saben hacer y vender pan, artesanías, telares y tarjetas y muchos también son los que él ha vinculado a empresas petroleras que han creído en la rehabilitación de los muchachos de la calle.
El interés de Jaramillo por proporcionar cariño, comprensión y alojamiento a los gamines, lo heredó de su papá, Jaime Jaramillo Arango, un comerciante e industrial manizaleño a quien todos conocen como un hombre generoso, y de su mamá, Clementina Echeverry, quien siempre ha trabajado para distintas obras sociales.
Jaramillo ha recibido siempre el apoyo de su esposa, Patricia González, y de sus hijos Esteban, de 11 años, y Alexandra, de ocho. Y también el de sus hermanos, Alberto, administrador de empresas y Fernando, odontólogo, que trabajan gratis para los niños en su ciudad natal. Con voluntarios como ellos, con sus propios recursos económicos y con ayudas externas, es como ha podido ayudar a los niños desamparados.
El cree, sin embargo, que el premio le corresponde a todos los que han muerto por la paz y asegura que "el verdadero premio lo tendré el día en que la fundación tenga una sede apropiada y cuando los niños no se mueran debajo de las calles".
Y mientras ese sueño se hace realidad, el joven manizaleño asegura que continuará robándole tiempo a su empresa "Andes Oil Service", y a las consultorías que presta a varias multinacionales petroleras, como la Exxon, para visitar las alcantarillas mínimo dos veces a la semana. A ellas siempre llega en su Volkswagen Golf, color rojo, alrededor de las dos de la mañana, con su traje de buzo, y no le importa arrastrarse o gatear, y casi hasta nadar por aguas negras, para encontrarse con "Tomates", "Leche Huevo", "Medio polvo", "La Gata" o "El Mocho", niños que con esos apodos aparecen recurrentemente en revistas como "Telegraph Weekend Magazine", "Stern", "Sunday Express" y "Fígaro Magazine". O en informes especiales de televisión, como el que presentará a comienzos del año entrante la BBC de Londres, bajo el título "The visit".
Solo queda esperar que los medios internacionales miren también alguna vez la otra cara de la moneda, y destaquen obras como la de la Fundación Niños de los Andes, reconocida en buena hora por la Cámara Junior Internacional. Porque, además de vivir en las alcantarillas, los gamines son "niños, como cualquier niño, indefensos y siempre dispuestos a regalar su mejor sonrisa a quien los ayude" , como los define el propio Jaime Jaramillo.-
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