Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/04/25 00:00

PARECE QUE FUE AYER...

Hace 50 años se casaron un joven apuesto y algo aventurero y una tímida niña de sociedad, considerada una de las beldades de la época. Se llamaban Enrique Santos y Clemencia Calderón.

PARECE QUE FUE AYER...

EN 1944 CASAR BIEN A ENRIQUE SANTOS Castillo no parecía una cosa fácil. El popular y apuesto hijo de 'Calibán' y sobrino del ex presidente Eduardo Santos tenía, además de una envidiable cabellera, una reputación de donjuán. Durante su juventud se había enamorado en Europa de una falangista, quien lo había hecho convertir en un militante del franquismo durante la Guerra Civil Española. Se entusiasmó tanto con la causa que llegó a comunicarle a su tío Eduardo Santos, propietario del periódico El Tiempo, que había decidido enrolarse en la famosa brigada falangista llamada los Requetés de Nuestra Señora de Monserrate, para aportar su grano de arena en la lucha contra el comunismo. El tío Eduardo, simpatizante de los republicanos y enemigo acérrimo del fascismo, se escandalizó. Logró disuadir a su sobrino, pero desde ese día se cree que ese episodio le costó a Enrique Santos Castillo buena parte de su herencia como accionista de El Tiempo.
De regreso en Bogotá se enamoró de una cupletista francesa. Por esa época llegaban a la ciudad espectáculos internacionales de variedades, y una vedette, cuyo nombre nadie recuerda, lo enloqueció. El decidió fugarse con ella a Europa para casarse. Los dos enamorados se fueron a Buenaventura con el fin de abordar un barco que los iba a llevar al Viejo Continente. El único que sabía el secreto era su gran amigo de aquellos momentos, Douglas Botero Boshell. Y en un acto de responsabilidad histórica, decidió sapear a su compañero de juerga. Tan pronto se enteró 'Calibán', llamó a las autoridades de Buenaventura y les pidió que arrestaran a su hijo y que lo mantuvieran en la cárcel hasta cuando se fuera el buque. Dicho y hecho. Mientras la cupletista lloraba en el transatlántico, el joven aventurero era puesto en libertad cuando ya nada podía hacer.
Pero si era difícil casar bien a Enrique Santos, no había nada más fácil que casar bien a Clemencia Calderón Nieto, uno de los mejores partidos de la época. La enorme fortuna de los Calderón había desaparecido, pero don Jorge Calderón tenía tres hijas consideradas las beldades de la Bogotá de entonces: María Teresa, Clemencia y Helena. Estas últimas dos se casaron con los dos hermanos Santos Castillo, en uno de los dobles cruces de sangre más exitosos que se han visto.
El periódico El Tiempo del 22 de marzo de 1944, al lado de otras noticias, como el anuncio del matrimonio de José Lloreda Camacho e Isabel Londoño y el del bautizo de Rosario, hija de Fernando Mazuera y Helena Aya, describió a la novia en los siguientes términos: "Alada, esbelta, luminosa, Clemencia Calderón es una de aquellas felices criaturas que parecen constituir una como síntesis ideal del mundo. Su sonrisa radiosa, llena de mariposas invisibles y de jardines instantáneos, va diciendo que la vida es bella y pura. Su clara silueta, su fina cabeza coronada de nocturnos cabellos, sus oscuros ojos de música detenida, el ademán de sus manos, todo en ella está pautado por un secreto mandamiento de ritmo y poesía. Clemencia parece integrada por los más dulces elementos: el sol, el agua, el viento, la luz. Parece estar llegando siempre del brumoso país de la música, del escondido reino de los cantos. Y nos recuerda aquellas finas y melodiosas muchachas que en 'la primavera' de Botiselli avanzan por la florada pradera renacentista trayendo la nueva alegría entre los pliegues de su traje y entre el vuelo dorado de sus cabellos".
Aunque los anteriores términos pueden sonar un poco rebuscados para las generaciones actuales -y no es imposible que el texto lo haya escrito el suegro de Clemencia, 'Calibán'-, lo increíble es que todos los contemporáneos de la pareja tenían opiniones de ese calibre sobre la novia y todos los sobrevivientes de esa generación los comparten hasta la fecha. Además de ello, hay que tener en cuenta que esta prosa reflejaba la felicidad del suegro, quien estaba quizá más entusiasmado con el matrimonio que el mismo novio, pues casar a Enrique con Clemencia era ponerle punto final a los permanentes dolores de cabeza que producían las andanzas de éste.
Esa feliz unión ha producido cuatro hijos y nietos que hoy constituyen una de las principales dinastías periodísticas -y ahora políticas- del país. Toda esta tribu se trasladó la semana pasada a Tunja para celebrar las bodas de oro del matrimonio. Se seleccionó a Tunja, porque parte verdaderamente importante del noviazgo transcurrió allá. En la capital de Boyacá había nacido Enrique, y Clemencia pasaba vacaciones en la finca de su familia, en lo que hoy es la casa de San Rafael. El martes pasado, en la capilla de la casona de El Salitre, Enrique Santos Castillo y Clemencia Calderón Nieto conmemoraron sus 50 años de felicidad repitiendo en forma integral la ceremonia religiosa de su matrimonio. Cuando, al final de la misa, el novio, de 75 años, le reafirmó el voto matrimonial a la novia, todos los presentes lloraron.
El miércoles hubo una celebración de amigos íntimos en la casa de su hijo Juan Manuel, actual Designado y ministro de Comercio Exterior. El concepto de "amigos íntimos " es difícil de aplicar a una pareja que ha sido durante medio siglo una de las más populares de la sociedad bogotana. Sin embargo, se congregó esa noche un pequeño grupo de allegados, que incluía familiares cercanos y veteranos como el cómplice sapo Douglas Botero. A la medianoche llegaron dos invitados sorpresa: Carlos Vives y Egidio Cuadrado. En esa ocasión no hubo lágrimas. Sólo abrazos, vallenatos y carcajadas. Y el comentario unánime de los asistentes fue que la facha de los novios era más de pareja de bodas de plata que de bodas de oro.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.